Ella

niña ballet tutu

Salgo decidida al escenario, sin ápice de indecisión, valiente, segura. El telón se abre, una expectación absoluta, silencio sepulcral e incalculables ojos escrutándome con la mirada, deseosos, impacientes. Un foco me ciega la vista por segundos. Voy intentando adaptarme a la luz, buscando entre las hileras de asientos. Y, por fin la encuentro, siempre lo hago. Ella.

La gente desaparece, la luz atenúa el ambiente, encuentra la óptica idónea. Para mí no queda nadie en la sala, ni ruidos, ni murmullos, ni sombras. A pesar de encontrarse la sala llena hasta los topes, mi única y exclusiva fijación la encuentro unos asientos más atrás. Con cámara en mano, emocionada, orgullosa, intentando captar y congelar el momento. Atesorar el recuerdo. Me saluda con la mano y me quedo tranquila. Ya puedo comenzar.

Siempre fue así. El pasar de los años no cambió nada, y es que hay cosas que es mejor dejar como están.

Siempre la quise impresionar, mi único y ferviente deseo era que ella me viera, que disfrutara de mí, que se sintiera feliz. Uno siempre intenta brillar con su propia luz, rebrotar entre lo común y sentir aprobación por parte de aquellos a los que uno quiere.

Adoraba el momento de bajar a toda prisa por el escenario y lanzarme a sus brazos, qué me dijera lo maravilloso que había sido y lo asombrada que estaba.

madre y bebe

Más adelante, una se da cuenta de las cosas. Siempre deseosos por agradar, por sentir reconocimiento. Y hay personas a las que no hace falta impresionar. Ya lo están, hagas lo que hagas, desde el primer minuto de vida.

Ella me quiso aún cuando no me conocía, cuando me sentía. Me quiere cada día más por lo que soy, incluso cuando yo no lo hago. Me conoce como nadie lo hace, cada cicatriz, cada mancha, cada lunar, cada huella que quedó y no se fue, cada abrazo que sentí, las taras que recosí a conciencia y todas las imperfecciones que se intentan ocultar.

Besó mis rodillas magulladas, mis ojos lagrimosos. Me infundió valor, y lealtad, a las personas que nos aman, a los que siempre están. Rezó por  mí, imploró por todo aquello que yo deseaba. Lo sigue haciendo, cada día sé que lo hace.

Me siento agradecida, bendecida, por todo lo que ella me da. Por su cariño infinito, por su saber estar. Es mi referente. Mi heroína. Mi punto de apoyo, el pilar que sostiene mi vida. Siempre pendiente de los demás, de satisfacer necesidades ajenas. De mirar por el otro, sin esperar. No sé de donde encuentra la fuerza, el tiempo que exprime hasta la última gota. La lucha y las ganas incansables, siempre a punto, lista, preparada.

madre e hija rulos

Todo lo que soy se lo debo a ella, y más aún, todo lo que no soy. Casi que por eso le debo más. Porque un niño puede llegar donde quiera, pero necesita apoyo, motivación, y eso jamás me faltó. También ella tuvo una buena maestra. Terminamos inconscientemente repitiendo exactamente aquello que vemos, incluso lo que prometimos no imitar. Somos un “copia y pega” de lo que hemos vivido.

No sé si algún día podré transmitir también yo algo del legado que involuntariamente me dejan. Pero también es verdad, y soy consciente, de que soy el resultado de retales del pasado. Mi historia y mis antepasados me definen. No provengo únicamente de mis exclusivas vivencias o desarrollo personal. Soy todo lo que otros fueron. Aquello que legaron, que pasó de padres a hijos, y hoy me llega a mí. Los valores, las costumbres, un hilo invisible e imperceptible que nos une, acumulan una esencia imperecedera e indestructible que sobrevive generación tras generación.

Soy parte de mi historia familiar, del gorgoteo del río que fluye sin más. Todo pasa, nada queda.

Hoy, necesito casi de forma imperiosa, hacerle un guiño al pasado. Honrar de alguna forma a los que ya no están, a los que intervinieron en mi crecimiento, a todos aquellos que, de alguna forma, me han hecho ser lo que soy.

Y, por supuesto, a ella, que cada día me recuerda que la felicidad depende de cosas tan sencillas como la familia. Gracias por contribuir a todo cuanto tengo, soy y seré.

madre e hija maquillandose

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Por mí fue.

cafe y cristal lluvia

Di un último sorbo al incandescente café, miré a través del cristal moteado por la lluvia, ávido de nostalgia, de sueños, de algún que otro remordimiento.

Y lo sentí, esa punzada de terror, la misma que resquebrajó en mil pedazos el alma que entonces quedaba, esa solitaria, triste y desamparada mirada. Me vi a misma reflejada en el muro vidrioso que me separaba de la implícita e intermitente realidad. Yo misma, con algún aprendizaje de más, quizá con alguna lágrima de menos, e indudablemente con mil historias sin finiquitar pululando por el alrededor. Y me quise más, y te sentí menos.

Y me mordí el labio tan fuertemente que sangró y ni me di cuenta. Kilos de analgésicos naturales debería de llevar, algo a lo que llaman ensoñación, pesadumbre, desazón, o similares. Todo lo que hizo ni inmutarme, ni sentir dolor, ni picor, ni ápice de aflicción. Tuve que ser consciente a golpe de servilleta en un intento de eliminar los últimos sinsabores de aquél amargo café, que ni siquiera me gusta, que maldigo, que eludo a la mínima intención de obsequio.

Y es que en todos los corazones se aguardan fuegos sin apagar, lágrimas no derrochadas, pautas que no se siguieron y quedaron guardadas, kilómetros de pesadumbres mal gestionadas, momentos implícitos de amargura existente.

familia sofa

Que no todo son fiestas, sonrisas permanentes, días bien avenidos en los que se aplauden ensoñaciones. Que no todo tenía que ser descorchar champán y brindar a la mínima oportunidad.

Tú lo tienes, yo lo tengo, y aquél que grita a lo lejos de felicidad lo tiene. Eso es así, aunque mañana posiblemente lo niegue, aunque me vuelva tarumba cantando a grito pelado algún “hit” del momento, aunque tengas que venir a rescatarme  del epicentro de la misma satisfacción.

Pero se reconstruye, se aprende a vivir con ello, se camufla, se oculta, se tergiversa. Amanecen sonrisas  cada día, a pesar de la posible y nefasta noche pasada, de las maldiciones que se crearon en caldeadas mentes, fruto de la turbación. Mañana será otro día, las circunstancias cambiarán y tú lo harás con ellas.  Posiblemente millones de frustraciones no desaparezcan, pero encontraran su amparo, su razón y su por qué. Y algo de sentido hallarás, una razón, una lamentación, un aprendizaje.

hermanos pequeños

Necesitas ser consciente de lo que perdiste, de lo que deseaste y no fue, del porqué del error, del nudo que te ata el pecho sin contemplación.

Deberás y tendrás que ser capaz de mirarte en el reflejo del espejo, en aquello que intentas ocultar. Desnudo frente a ti mismo, sin velos, sin capas, sin mentiras. Con las manos de frente, sin amarrar excusas. Te juro que las aguas calmarán.

Y saqué el carmín de mi bolso, aquel que consigue dibujarme una sonrisa en los labios en los peores momentos, el que saca a relucir la fuerza cuando no quedan ganas.

Y fueron dos palabras las que caligrafié en aquel moteado cristal: Por mí.

Y por mí fue.

mujer lluvia cuadro

Quizá

hamaca en bosque

Tumbada en la hamaca, en una de esas que cuelgas del tronco de un árbol, mientras observaba la grandiosidad e inmensidad del cielo, pensé en todas aquellas decisiones que desacertada o afortunadamente me han empujado al lugar exacto en el que me encuentro.

Las ramas, con sus consecuentes ramificaciones me impiden observar la bóveda en toda su plenitud, se interponen las unas con las otras, creando un paisaje hermoso, como cincelado a conciencia. Y, a pesar de no ver ese espacio en su totalidad, se que está, que planea entre nosotros, y de forma sigilosa y constante mantiene un raciocinio imperceptible para aquellos  incapaces de ver.

Quise imaginar cómo sería mi vida sin aquellas decisiones transcendentales que algún tomé. Y me di cuenta que no fue el tiempo el que cambio las cosas, sino mi propia determinación de hacerlo.

Quizá, sin la fuerza que saqué de no sé donde, aún me encontraría sumida en aquella relación tormentosa que mermaba poco a poco mis facultades, mis aptitudes de desarrollo y la personalidad que a día de hoy agradezco conservar y poder seguir fomentando.

pelo chica playa

Quizá, si hubiera decidido estudiar algo distinto, no habría encontrado la cantidad de inconvenientes y obstáculos con los que me encontré. No habría sentido esa frustración y ese desencanto que sufrí en mi primer contacto laboral, recién salida de la carrera, con todas esas ganas que tenía por demostrar competitividad y fuerza. Pero la fuerza me comía por dentro a cada paso que daba y me hacía chiquitita al comprobar que, muchas veces, lo que uno había imaginado podía no asemejarse en absoluto a aquello que es, o encuentra.

Quizá, sin ese desencanto no habría seguido buscando, intentando encontrar todo aquello que había imaginado, probando, desechando. Y no me di cuenta, que más allá de un trabajo idóneo, en el que me sintiera a gusto y realizada, huía desesperada por encontrarme a mí misma, mi lugar, mi razón y mi por qué.

Quizá sin esa cadena de sucesos no se habría emprendido nada.

Las ramificaciones eran la constancia de ese abanico de posibilidades. Tienes un camino, yo tengo un camino, lo sigues o no, pero tú decides.  En esa decisión siempre hay más de lo que uno cree, porque al llevarla a cabo también se rechaza algo, se da la espalda a otra vía paralela, quizá antagónica, distinta.

amigas bicis

Y pensé en lo paradójico del tema. En todas esas opciones que diariamente se presentan ante nosotros. En esos caminos que escogemos, en lo que dejamos atrás. Y contemplé esas ramas, unas con más recorrido, más cortas, más largas, más bifurcadas. Y parecía que las más extensas eran las que más habían errado o las que más habían cambiado de camino, eso les había hecho más intrincadas, más arduas, pero más bellas. Son más ostentosas, aparatosas e increíblemente sabías.

Y quise parecerme a ellas, porque uno crece con sus errores, con sus necesarios desaciertos, pero también con esas ocasiones que se presentan y quieres agarrar fuertemente para no dejarlas ir, para saborearlas en toda su plenitud.

Es más que probable que sin esa continúa toma de decisiones tú no estarías aquí. Y quizá seas uno de mis mayores aciertos. Uno mismo debe sentirse libre para amar, y la tarea comienza por dejar atrás las cadenas que aprisionan el alma.

Hoy, solo sé, que alguna parte de mi ser, conspiró fervientemente para asegurarse que cada (des)acierto me llevará a ti.

Respiro profundamente y sonrío, dejándome cautivar por aquello que acabo de descubrir, por los entresijos que la propia naturaleza traba a su antojo con sus propios fines.

Y, posiblemente, lo que más me satisfaga en este preciso instante, sea ser incapaz de imaginarme en otro lugar.

Contigo, con esto, con todo lo nuestro.

noah y allie

Subsistencia

amigas columpios

Somos más fuertes de lo que pensamos. Eso me dijo una amiga hace tiempo, y cada vez soy más consciente de la razón que tenía. No sabemos la capacidad de aguante que tenemos hasta que nos vemos metidos de lleno en alguna circunstancia que hace encender el botón de alarma, y reaccionamos, como si estuviéramos preparados para ello, automáticamente, nos protegemos, sacamos la coraza que nos envuelve y de alguna forma conseguimos soportar el chaparrón.

Aunque nos sintamos débiles, aunque pensemos que se nos queda grande, aunque nos arrebaten aquello que nos hace sostener en pie. Salimos a flote. Subsistimos, porque al final las garras las sacamos precisamente para eso, para subsistir. No hay más.

El golpe más duro que puedas imaginar, el dolor que consigue aprisionar el alma, el que rompe en mil pedazos la razón de toda existencia, aquel que te hace enmudecer, enloquecer, el que amamanta la desesperanza. Ella lo vivió, muchos lo vivimos en aquel desolador y triste Diciembre.

De pronto, sin más, sucede, se apaga la llama, el mundo ensordece, se calma el fluyo de la vida, y todo parece desfallecer. Los pilares que nos sostenían se convierten en simples escombros, y nos encontramos perdidos, desorientados, sentimos desfallecer.

Al final parece que todo sea un juego, y nosotros simples peones de la partida. Y caemos, aunque nos sintamos invencibles. Aunque creamos firmemente en la perpetuidad de nuestra esencia. Y nos equivocamos, como casi siempre.

amigas torre eifel

Y dicen que todo tiene un motivo, aunque a veces nos cueste comprenderlo. Y te aseguro que esta vez no lo entendí. Porque era injusto, porque fue tremendamente desesperante saber que no estaba en tus manos, ni en las de nadie. Tal vez fue azar, tal vez simplemente tenía que pasar.

Y allí la abracé. Y solo sentí responsabilidad. Toda la que tenía por delante para seguir luchando a pie de guerra en el tablero. Porque no quedaba otra que mantenerse erguida, que aceptar, asumir lo acontecido, y continuar.

Porque después de la pérdida, queda la reconstrucción, la que uno mismo se hace por necesidad. La que se espera y la que se necesita. Y fue fuerte, y lo sigue siendo, porque al final no es más que una carrera de fondo, la mancha está hecha, la huella se queda, y el camino es largo.

Y al final sonrió, y me sorprendió. Porque esa sonrisa tuvo más valor que otras, porque costó infinitamente más dibujarla. Porque transmitía fuerza, mucha fuerza, la que nunca imaginó que tendría. Y no dije nada, porque hay momentos en los que el silencio resulta ser la respuesta más confortable. Porque simplemente la presencia lo dice todo.

Un apretón de manos, una mirada de apoyo, el brazo alrededor del cuerpo, una caricia, gestos que lo dicen todo y no dicen nada. Gestos que transmiten más que millones de palabras vacías. Porque se quedan por siempre. Permanecen para siempre.

niña piano

Creo que ambas la vimos entre nosotras. Riendo como siempre. Asombrada por lo que la vida junta y arrebata.