Mimarse mucho

Vivimos atropelladamente. Yo, desde luego, vivo a galope entre las obligaciones, el trabajo, las cosas que quiero hacer porque sí, y las que me gustaría. El tiempo está acotado, y mira que de vez en cuando lo estiramos como una goma hasta llegar al límite, lo ponemos a prueba, lo llenamos hasta los topes, y muchas veces de cosas inservibles, incluso de algunas que nos menguan, que desearíamos mandar de una patada a la luna y olvidar por completo, pero insistimos, no tenemos otra, nos angustiamos, pataleamos y seguimos, como si no tuviéramos opción, como si fuera obligatorio tener un peso pesado con el que sacar los dientes, las uñas o lo que haga falta. Una razón para la queja, para el lamento, para lloriquear por las esquinas suplicando el día en el que todo cambie.

chica pidiendo taxi

Vivimos sin tiempo, mirando a todas horas el reloj, siendo esclavos del segundero. Andamos con prisa, incluso cuando no la tenemos. Corremos para coger el tren, corremos para llegar en hora, corremos para marcharnos, para llegar, corremos incluso por gusto, para liberarnos, para huir, para sentirnos libres de algo, liberar endorfinas, liberar tensiones, liberar ese mal de amores y todo lo que signifique dejar ir, depurarse, sentirse vacío para volver a llenar.

A veces siento que me supera, que no soy esa “súper woman” que debería ser. Que también me canso y necesito parar. Que no puedo estar a todas horas con la mecha puesta, preparada para el ataque, con la mochila a la espalda para llegar a todo, haciendo números y cuentas que no cuadran, queriendo llegar a la clase de pilates cuando tengo un montón de trabajo por hacer, montones de hojas apiladas en el escritorio, lavadoras esperando y  farfullando mi nombre. Y yo queriendo estar aquí y allí. Queriendo multiplicarme por dos, tres o cinco.

Pero ya vale. Hay que decir basta. Poner un paréntesis a nuestra vida de vez en cuando. Un oasis en pleno desierto. Un hasta aquí. Que sí, que está muy bien eso de vivir a todo tren, sin horas del calendario, con la agenda apretada y llena, buscando la media hora libre entre tal y cual.  Con tachones por medio y cuadrículas en power points.

Que está bien eso de ser exigente, de querer hacer ver que somos de hierro, que podemos con lo que nos echen. Y lo creo, de verás que lo creo. Pienso que uno siempre puede más. Que siempre estaremos por encima de los límites que creamos tener, de los que nos digan y los que alcancemos. Pero haz un pause si no quieres morir en el intento. Resérvate un pequeño espacio para ti. Aléjate del mundanal ruido, del estrés que conlleva la puesta a punto. Porque merecemos estar mimados. Cerrar los ojos y viajar lejos. Porque la realidad está sobrevalorada. Y yo la contemplo mejor a centímetros del suelo.

chica telefono y bañera

Que no se trata de viajes ni de una casa en mitad de la nada. Son momentos de auténtico bienestar. Tener la capacidad de guardar unos minutos para no pensar en nada. Relajar los músculos. Mimarse, mimarse mucho. Una música lenta en el salón. Un libro para evadirse, para vivir la vida de otros, bien lejos de aquí. Sin problemas, sin esperas. Un baño caliente, velas aromáticas y silencio.

El otro día me comentaba una amiga lo frustrada que se sentía. Había comenzado las clases de yoga y se veía incapaz de involucrarse en toda su plenitud sin volar a cualquier otro lugar del mundo. Cuando todo parecía estar en silencio, su mente se disparaba, repasaba una y otra vez la lista de la compra, las cosas que debía hacer luego e incluso al día siguiente. No conseguía huir del envoltorio de su vida. Ni incluso en momentos como aquél.

Y la entiendo a la perfección. Estamos haciendo algo y al mismo tiempo pensando en lo que haremos después. Sin poder separar momentos. Haría falta un buen parapeto en la vida. Bien alto, que impida observar luegos.

Me desencanta esta situación, porque la vivo a diario. Somos un cúmulo de listados, de cosas pendientes por hacer. Somos incapaces de abstraernos por completo y olvidar, aunque dure escasos minutos. Aunque al finalizar la canción, la música pare y debamos continuar hilvanando nuestro maremoto de sensaciones, responsabilidades o quehaceres varios.

Tengo que concienciarme. Obligarme de alguna forma a cumplir con mi propósito. Una obligación más que añadir a la lista. Pero al menos sana, mucho más que otras. Sana para el cuerpo, la mente, para mí.

Además de todo ese repertorio de excusas que nos ponemos e imponemos cada día, debemos sensibilizarnos en la exigencia de mimarnos tanto como se pueda. Que al final todo es simple decorado, nada lo suficientemente importante, ya habrá tiempo para ocuparse de ello. Pero esto no. Es ahora. En este momento. Son los minutos antes de dormir. El rato después de comer con una buena infusión caliente o el refresco al salir del trabajo. Es darse cuenta que después de todo, nada es tan imprescindible como uno mismo.

mujer espejo

“Tres palabras pueden cambiar para siempre: empiezo por mi”.

 

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Sin cruzar palabra

Es tenebroso, oscuro, frío y  húmedo. Es de noche, no sé bien qué hora, pero sé que tardará mucho en amanecer, de hecho lo veo lejano, no sé tampoco si ocurrirá.

Todas las personas de mi vida están ahí, a mi lado, aunque sé que marcharán. Los trenes comienzan a llegar, la estación está concurrida hasta los topes, y yo demasiado insegura para avanzar. Quiero sujetarlos a todos y gritar, no quiero que marchen a ningún lugar, menos sin mí. Quiero tenerlos cerca, protegerles de alguna forma. Hacerles sentir seguros aunque me muera de miedo. Y no cruzamos palabras. Cada uno se dirige a su tren, como cegados por su luz, sin contar con el otro, sin unirse, dejándose arrastrar por su destino. Y no puedo detenerles. Me paralizo. Me angustia la situación. No volverles a ver. No saber dónde irán o qué será de ellos. En el último momento la elijo a ella, corro a su tren sin mirar atrás. La busco entre los vagones, entre la gente. La localizo y mis nervios comienzan a menguar. Estoy tranquila, la miro y sonrió. Iré con ella donde haga falta.

coleta alta

Doy un par de vueltas más en la cama y despierto. No aterrorizada, pero con sabor agridulce.

Ha sido un sueño. No más que eso. No ha habido despedidas y sé que ellos están conmigo. Puedo llamarles y contestarán al instante. Pero pienso en su significado. En todas las veces que tenemos que decir adiós. A las personas que nos quieren, que queremos. Las que pasan por nuestra vida sin más. Las que se quedan por un tiempo. Las que nos acompañan hasta el final. Pero tarde o pronto llega, voluntaria o involuntariamente. La despedida es el fin o el comienzo de días nuevos, de retos nuevos. Hay que decir adiós. Más de lo que nos gustaría. Sin previo aviso. Sin anuncio de su llegada. Se presenta de pronto y se supone que hemos de estar preparados. En el fondo sabemos que llegará, pero nunca lo estamos. Posponemos el momento para el futuro, no queremos pensarlo, ni sentir ese peso colgando del corazón, del alma atrapada cuando quiere marchar. Pero no hay salida, ni lógica, ni opción de cambio. Es como es y punto. Y se acepta y se sigue adelante o te consume.

Pienso en mi elección. En cómo me he dirigido por impulso a su tren. Al que la llevaba a ella. Y sé que volvería a hacerlo mil veces más. No es cuestión de preferencias, a todos los quiero igual. Tal vez ella sea más vulnerable, más necesitada de apoyo. La imagino sola e insegura y me ahogo. Tengo que protegerla, es un instinto natural. Lo hago cada día, aunque no lo sepa. Ha sido siempre mi cometido particular. Mi misión por encima de todo. Aunque siempre no podré hacerlo. No puedo evitar que caiga, que llore o le rompan el corazón. Tendrá que vivirlo para hacerse fuerte. Para consolidar su esencia. Pero necesito estar ahí. Necesito que me haga participe, ser testigo de sus fracasos y hazañas. De todo lo que conseguirá.

Me acuerdo cuando éramos pequeñas. Se aferraba a mi mano con fuerza. Quería bailar como yo, correr como yo, vestir como yo. Y yo sólo quería enfundarla en los mejores trajes y que el rosa de su vida brillara tan fuerte para no dejarla ir.

niñas trenzas

Me lo repetía una y otra vez, con lo malo yo podré, que me venga a mí, lo que le tenga que pasar que me venga a mí.

¡Qué sabios los sueños! ¡O qué paradójicos! Siempre tan imprevisibles. Reabriendo heridas. Mostrando anhelos, arrojándonos al mismo dolor para renacer o para darnos cuenta. Queriendo volar cuando las cadenas nos atan, cuando los deseos se confunden o se olvidan. Cuando perdemos el camino o lo encontramos. Cuando la indecisión llama a la puerta y las opciones se volatilizan. Cuando en el amor también hay dolor. Cuando el miedo parece olvidarlo todo.

Somos seres sociales, necesitamos de otros para crecer, para apoyarnos, para encontrar razón en las cosas. Pero esa misma necesidad de conexión, de unificar lazos, también va seguida y no es contrapuesta a la imperiosa obligación de hurgar en un mismo. De separase del resto para coger aire, impulso, para navegar en nuestra propia dirección bajo nuestras mismas directrices.

Cada cual tiene su tren. Con sus paradas obligatorias para crecer, para estirar los pies, para inspirar aire puro, para dejarse conocer. No estamos ligados a él por contrato. Son decisiones, es ser libre para subir y bajar tanto como queramos. Sin limitación. Sin condiciones. Poder fusionarnos en otro. Exprimir hasta la última gota de sabiduría prestada. Nada nos corresponde, todo es un complemento para el decorado, para la obra de nuestra vida. Se nos fía y lo tendremos que devolver. No en las mismas condiciones. Ojalá que esté muy usado, manchado y roto. Ojalá tengamos que recoserlo millones de veces con telas nuevas, un patchwork que añadir a la historia. Pasar derrapando dejando una buena humareda. Porque para encontrar hay que buscar e inevitablemente equivocarse, no una ni dos, sino infinidad de veces.

Me seguiré equivocando tanto como pasos dé. Al final, uno se da cuenta que el error es lo de menos, son las ganas de seguir estando ahí, al pie de guerra, esperando ser atacado para defenderse, caerse para levantarse, tender la mano y esperar auxilio. Es un conjunto de personas en una lucha interior. Todos esperan ganar su propia batalla. Pero carecería de sentido no tener con quién celebrar la victoria.

happy friday

Te tiendo la mano, ¿Me la tiendes tú?

Uno y dos a la vez

Me gusta la diferencia que marcas. Que tu personalidad irradie de manera sobrenatural. Me gusta cómo me miras, y todo lo que transmiten tus ojos. Me gusta tu sencillez, tu calma, la manera en la que explicas las cosas. Me gusta que suspires, que vueles lejos y me dejes hacerlo contigo.

audrey beso

Mi punto débil. Mi sueño hecho realidad. Mi helado de chocolate. Mi té caliente. El libro en mi mesita de noche. Mis últimas palabras antes de dormir. El beso de “buenos días”. El quédate conmigo. Las lágrimas salpicadas en el cristal. Mis oraciones más sinceras. Las trenzas que fueron sueños. El grito de felicidad. Ese “contigo y con nadie más”. El “para siempre”. El anillo de mi dedo anular. Los viajes a todas partes. Las promesas que se cumplirán.

Somos uno y dos a la vez. Somos lo que siempre quise ser. Y yo esperando que llegaras.  Y te luciste. Menuda entrada triunfal. Asaltaste el campamento para echar raíces. Para conquistar lo que otros no pudieron. Y lo entendí. Llega sin ser llamado y cuando ha de ser.

Me gusta lo diferente que somos. Tú tan paraíso y yo tan volcán. Que contrarrestemos las carencias que faltan por separado. Que complementemos lo que no hemos sido.

A veces te lo niego, pero presiento que dentro de tu caos existe un estudio predeterminado de orden inapreciable para otros, incluso para mí. Dentro de todo ese embrollo de ideas hay otras que contribuyeron a lo que son, que determinaron lo que serían. Solo que están a la espera de ser descubiertas. Y eso ya será otro cantar. Pero prometo buscarlas contigo.

Me gusta como hablas de mí. Que se te llene la boca de solo pensarme. Que me hagas sentir tan especial como siempre, como nunca tal vez, porque cada día es nuevo, irremplazable al anterior. Y siempre ha ido a más. Superándote a cada paso. No dejándote vencer, ni acomodar. Hoy es el mejor día para sentirlo, para demostrarlo, para hacerlo valer.

Me gusta la seguridad que tienes en nosotros. Porque no es dañina, no es de las que creen que todo está hecho. Es dedicación, constancia y tranquilidad. Saber que estaremos apoyándonos incondicionalmente, tener por seguro que jamás te soltaré de la mano, que tú tampoco lo harás conmigo.

Me gusta tu imposibilidad de enfadarte conmigo. Que con una mirada baste para un par de risas. Que prevalezca siempre el amor al orgullo. Que lo dejes de lado por mí, que no exista conmigo. Me gusta que contemos las horas para vernos. Que la primera respuesta sea siempre beso. Que los mensajes inesperados en jornadas laborales complicadas hagan olvidarlo todo.

 Me gusta que se me contagie tu risa. Que intente hacerme la dura y me desarmes por completo al instante. Dejar a un lado los muros e incluirte en mí. En mi futuro, en mi presente, en mis sueños, en mi batiburrillo de ideas que no sé si cumpliré. En mi alocada cabeza y mis deseos inalcanzables.

pareja agua

Me gusta ser yo contigo, con lo bueno y lo malo, que no exista limitación, que no coartes mis ansias por llegar, que me impulses a correr más lejos. Me gusta que seas participe de cada movimiento, que no esperes ni desesperes. Que simplemente estés ahí. Preocupándote por si caigo, esperando verme grande. Tu felicidad es la mía, mis alegrías se duplican contigo.

Es complicado encontrar a alguien con el que anudarte los zapatos, caminar a la par, esperar cuando el otro no puede más, animarle a continuar, tener las palabras adecuadas para momentos imposibles. No desvanecer, ni querer rendirse. Saber que la aventura es doble si se comparte. No fallar, sobre todo eso, porque cuando alguien pone toda la carne en el asador por ti espera no quemarse, no tener que salir escocido, angustiado y decepcionado.

Has sido mi cómplice, mi compañero, mi psicólogo en momentos duros. Has sabido comprender mis pausas, mis silencios. Decidiste arriesgarlo todo. Venda en mano e impulsos de corazón. Quise conocer y me acompañaste. Quise volver y retrocediste conmigo. Ahora sólo quiero donde sea pero contigo. Porque ni es el lugar, ni el decorado, ni las pausas, ni la música, somos tú y yo. Y eso es más que suficiente, lo es todo. Porque al final uno se da cuenta que nada es realmente importante. Que vivimos a costa de superficialidades. Que no profundizamos, nos quedamos en lo simple, en lo anodino, en la base de todo, sin indagar, sin pillarnos los dedos, sin bucear en las profundidades. Y nos perdemos bellezas indescriptibles.

Las personas son la esencia de todo. Lo que nos hace sostener en pie. Ni viajes, ni el trabajo de nuestros sueños, ni zapatos caros, ni cenas en restaurantes de ensueño. Es con quién se vive todo eso. Es saber que cualquier día podrás rajar todo ese decorado y sentirte libre.

amigas vintage

Es saber que no estarás solo. Que no lo estás. Que puedes reír con tu madre en el coche por cualquier tontería. Que puedes besar al amor de tus sueños en cualquier momento. Que puedes correr a auxiliar a tu hermano o romperte el lomo por una amiga.

No hace falta Bali ni la luna. Simplemente son un par de codazos cómplices en un bar cutre con personas que lo significan todo.

Cuando se comprende algo así, lo demás parece tan chiquitito que deja de tener sentido al instante.

“A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante” Oscar Wilde.

¿Cara o Cruz?

– Los ojalá son para personas que viven en el pasado.

– ¿Y tú? ¿Nunca lo piensas?- Pregunté temerosa de que zanjara la conversación en cualquier momento.

– Jamás. Bueno, quizá en algún momento de mi vida lo haya hecho- Contestó mientras daba vuelvas a la moneda que tenía en sus manos-. Quizá lo esté haciendo ahora mismo.

jackie kennedy

Yo no dejaba de observarle. En sí siempre fue un misterio, de cabeza a los pies. Cabezón donde los haya y curioso a más no poder. ¿Peculiar? Sí, puede ser. Y decidido. Demasiado atrevido quizá para mí. Demasiado libre también.

Pidió una copa más y me miró, apoyado en la barra de aquél pub tan cutre. Con olor a juerga, a alcohol, a palabras que no se escuchan y miradas perdidas.

-¿Tú qué? ¿Vives así? ¿Con pocas agallas para lanzarte? ¿Con duda o miedo?- Dijo sin apartar la vista de mí.

-No- contesté repentinamente- Sí. Bueno, a veces, ya sabes, todos en cualquier momento de nuestra vida cabeceamos, insistimos en lo imposible y dejamos atrás oportunidades por miedo. Yo también soy así. Puedes incluirme en tu lista de casos perdidos.

-Nunca te incluiría ahí.

Miró la moneda por última vez y la lanzó en el aire. A pesar de la velocidad que cogió y la suciedad del suelo la localicé al instante.

-¿Cara o cruz?- Preguntó sin tiempo a que me recompusiera de aquella situación tan imprevisible.

– Cara- Repliqué sin más preámbulo.

Me asustaba. Definitivamente lo hacía. Al mismo tiempo que creaba en mí un sensación de excitación difícil de explicar. Unas ganas tremendas de más. De que no callara, de que no se fuera, de que él mismo decidiera quedarse. Enseñarme, hablarme, provocarme.

pareja icónica

-Tienes que prometerlo, ¡Promételo!- Insistió.

-¿Pero el qué?

-Tú hazlo y calla, ¡Arriésgate por una vez en tu vida! Sin cuerda, al vacío. Sin saber dónde terminarás o qué será de ti.

– ¿Y si no me gusta lo que encuentro?- Pregunté agobiada. La situación comenzaba a superarme. Odio estar entre la espada y la pared. Siempre lo he odiado.

Bajé la mirada y no vi nada. Sólo mis zapatillas desatadas y toda esa paparruchada que estaba soltando en busca de una excusa. Perfecta para huir. Para no atarme, como mis zapatillas. Libre como él. Como las dudas y el miedo. Esclava también de todo eso. Ingenua de mí.

-Lo prometo- murmuré casi para mí.

Él sonrió. Un mechón de su pelo rizado caía sobre su frente. Barba descuidada de un par de días y mirada profunda, como sus palabras, que sin él saberlo cambiarían algo para mí.

-Ya lo has hecho, te has comprometido a algo. Y las palabras son importantes. Sobre todo las que uno se dice a sí mismo. Esas son las más peligrosas, porque sin darnos cuenta se tatúan en el alma y nos impiden o nos hacen trepar tan alto para alcanzar las estrellas. No importa qué pasará o qué consecuencia tendrá. Importa este momento. La promesa que te has hecho, que me has hecho. Importa tu decisión a arriesgar, a no quedarte con los brazos cruzados y dejarlo pasar. Era este momento, pero no por mí, ni por un empujón que cualquiera pueda darnos, sino por ti, exclusivamente por ti.

No podía apartar la mirada de él, y mis oídos no querían escuchar nada que no fuera su voz. Las personas así enamoran, no conquistan para un rato, no aparecen y se marchan. De alguna forma se quedan para siempre. Aunque se marche lejos. Aunque no volvamos a saber del otro.

pareja barra de pub

-Y ahora, ¿qué?- Insistí con ganas de más. Siempre de más. Ya no podía retroceder, ya no podía huir ni lo quería. Era mirar al frente, la moneda, los sueños, las ganas dormidas, temerosas, impacientes…

-Compruébalo- Me retó-. Ves y compruébalo, corre.

Y no me lo pensé. Me abrí paso entre la gente ajena a todo. A nuestro mundo. Y la vi. Cara. Había sido cara. La cogí y la apreté entre mis huesudos dedos. Tenía que saber que pasaría. Y me dirigí a él. Tenía que verla. Existía un 50% de posibilidad y me había escogido. Mi elección.

Y él ya no estaba. Se había marchado sin más. Una servilleta de papel envuelta.

“No importaba para qué. Pero ahora es tu excusa. Hazlo”

Y tenía razón. En el momento en que decides lanzar la moneda, apostarlo todo a un número, a una cara o a lo que sea, algo en ti ya ha decidido qué, cuándo y porqué.

Ahora

¿Conoces esa sensación amarga de sentir que tu cuerpo te traiciona? Sí, como lo lees. A veces el cuerpo de uno mismo puede llegar a rivalizar con lo que el corazón siente o lo que desea. Puede jugarte una mala pasada y llevar a cabo un plan bien distinto del que esperabas para ti.

chica cafe

Y sentí que me falló. Y por minutos me vi vencida, agotada, extasiada y sin fuerza. Porque también se acaban las ganas de luchar. No, eso nunca. Pero el miedo puede inundar tu mente y dejarte paralizada. Sin comprender. Sin entender. Jamás había vivido esa sensación de caer al vacío, de nublarse la vista y perder el rumbo. De dejar de ver, de sentir, de perder los cinco sentidos. Y sólo el corazón bombea, y la sangre se mueve por las venas. Creo que lo hace porque vivo.

Estoy recibiendo una lección de vida, y a estas alturas ya no sé si agradecerlo o echarme a llorar. Pero las lágrimas no solucionarán nada, nunca lo hacen. Al contrario, entristecen a uno, consiguen bloquearte y ser incapaz de ver más allá. Ya lo decía Phil Bosmans, si lloras por no haber visto el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Y no sólo eso, sino todo tu mundo de posibilidades. Porque las tenemos, aunque nuestra visión nos limite, aunque las circunstancias también lo hagan. Aunque el mundo entero parezca estar en contra, y tú remando sólo en la dirección equivocada. Y parece que no avanzas. Los brazos comienzan a resentirse, el agua y la fuerza de ella comienza a crecer y tú a debilitarte. Y crees no poder más, y olvidas el motivo que te llevó allí. Comienzas a perder la fe. Quizá no sea el momento, quizá el temporal necesite estar más favorable y quizá eso no dependa de ti.

Pero también se aprende, la vida en sí es eso, aprendizaje constante, de lo peor se saca algo, no puedo decir que lo mejor porque no siempre es así, pero algo sí,  ya sea en forma de experiencia o revestido con otro tipo de conocimiento.

desperezarse

Estoy aprendiendo a aceptar las cosas como son y no como me gustaría que fueran. Y es duro de asimilar. Porque tienes que dejar a un lado tus sentimientos, tu coraza, tus ilusiones y presentarte desnudo. Sin filtros. Sin condiciones. Sin haber estado sometido a ningún tipo de prejuicio. Sin tener la conciencia viciada. Es ser capaz de recibir lo que la vida te trae con los brazos abiertos y la mente predispuesta. Es vaciar el peso de tu mochila y relajar los músculos. Sentirte libre para volar.  Aprender que la vida puede enviarte lo que necesitas con una envoltura que no esperas y no por ello será malo. Todo tendrá su razón de ser. Todo brillará de alguna forma. Quizá simplemente baste con cambiar de óptica. O de momento. O de camino. Hay distintas rutas que llevan al mismo sitio, algunas más complicadas, otras más sencillas. Pero tienes los utensilios necesarios para el desafío. Quizá sea hora de sacar la artillería pesada. Colgarse el machete al cuello, tener la tranquilidad y la seguridad de saber que podrás con todo.

“ A veces necesitamos dejar de analizar el pasado, dejar de planear el futuro, dejar de intentar definir como nos sentimos, dejar de definir exactamente qué es lo que queremos y solo dejar que pase lo que tenga que pasar” Carrie Bradshaw

No se puede condicionar la felicidad a algo concreto, a una fecha exacta. No puedes pensar que determinado acto o momento te salvará.  No puedes esperar que lo que tienes en mente ocurra para comenzar a ser feliz. Es una actitud peligrosa y dañina, porque constantemente te limita a estar sometido a algo o alguien. No haces más que poner tu felicidad en algo que no depende de ti, en algo que no puedes controlar. Y te lo pierdes. A cada paso algo termina para siempre. El momento se extingue. No hay otro. No habrá otro igual. Y tú pensando en tus planes, en lo que hacer en el momento X.  Y es ahora. Ahora es cuando debes sacar la lencería cara que guardas en el cajón de los momentos especiales. Ahora es cuando debes arriesgarte por aquello que sueñas. No esperes al momento perfecto porque no existe. Lo creas tú. Siempre habrán trabas. Siempre alguien estará dispuesto a hacerte la zancadilla. Si no llueve, lloverá. Si no truena,  lo hará. Si no es una excusa será otra. Las mejores toallas se utilizan hoy. El labial con el que te sientes sexy te espera en el neceser al que apenas le has echado mano. La felicidad es una actitud. La perfección está sobrevalorada. Los instantes, la dedicación, la magia que evoca cualquier nimiedad es lo verdaderamente importante. El aquí, ahora. La decisión. La fuerza de poder con todo, incluso con un vendaval.

marilyn playa

“La vida no es sino un río de cosas que pasan y se pierden. Veo una cosa por un instante, y ya pasó; y otras y otras pasarán… Pronto me llegará la orden: -Te has embarcado; has navegado; has llegado; desembarca.” Marco Aurelio.

Vale ya de buscar razones, encuentra tus propias respuestas. Asume el reto. Cambia de camino, y déjate sorprender por él.

Si te cambian las cartas, cambia de jugada. El verano llega. El sol comienza a calentar. El tiempo libre se multiplica. La risa es más fuerte. Lo bueno sabe mejor. La playa comienza a asomarse desde el horizonte de tu ventana. Las flores brillan con fuerza. Los viajes están para embarcarse en ellos. Puedes retroceder o lanzarte al vacío. Puedes cambiar de táctica y correr lejos o esperar.

Yo te espero al otro lado del charco. ¿Saltas conmigo?

hope

Mándalo al carajo

Siempre hacemos lo que esperan de nosotros. Es algo casi natural, actuamos así por inercia, llevados por esa necesidad de estar a la altura, de no fallar. Y quizá eso mismo también nos aporta seguridad. Tener un adjetivo que nos defina; atrevido, listo, valiente. Una vez los demás ya tienen esa imagen nuestra, lo demás viene rodado. Solamente tienes que actuar como tal. Seguir siendo lo que hasta ahora has sido. Vivir de acuerdo a la imagen que has creado y proyectas. Vivir siendo el estereotipo o la figura que otros o tú mismo has decidido para ti.

audrey paisaje

El otro día me sorprendía hablando con un amigo, me comentaba algo así como: Soy cómico, los demás esperan de mí que siempre tenga un chiste en la boca. Que esté dispuesto a hacer reír en cualquier momento. No importa el día que tenga. Mi función es que eso pase inadvertido para otros. Correr un tupido velo a la realidad y tener la palabra adecuada en el momento adecuado, y por supuesto debe ser graciosa.

Eso me produjo una ansiedad terrible. Dios mío, debe ser duro SER durante 24 horas un personaje creado en base a lo que somos durante un determinado instante. Pero no, debe extenderse en el tiempo. Serlo en todo momento. Porque una palabra inapropiada en un momento concreto puede suponer un antes y un después para alguien que espera que actúes de forma distinta. Puede cambiarlo todo. Pasar a ser de repente la persona distante o borde que no casa con la graciosa, simpática y animada que muestras subido a un escenario no es bueno. Nada bueno para la carrera que se lleva a la espalda durante tanto tiempo.

Y no me parece justo. Porque ante todo somos personas, con nuestras diferencias, con nuestros más y nuestros menos. Con esa capacidad y necesidad de poder expresarnos libremente de acuerdo a cómo nos sentimos, a lo que vivimos, incluso a nuestra determinación de actuar tal y como nos apetezca porque en ese momento es lo que sentimos hacer. Te apetece estar así sin motivo, porque te has levantado como lo hayas hecho,  pues hazlo. Ser uno mismo depende de eso, ser fieles a lo que somos. No nos definimos por lo que hacemos, ya que hacemos mil cosas a la vez, vivimos mil vidas en una, crecemos, nos equivocamos, nos cabreamos y lloramos. Podemos ser tanto como pretendamos. No estamos condicionados a nada ni nadie, aunque de entrada parezca que estamos ligados a tanto, por prejuicios, poca empatía con el otro, por la necesidad de entender y ponerse en la postura de los demás.

Esto no es nada nuevo, es una maleta pesada con la que cargamos desde tiempos inmemoriales, un lastre con el que hemos tenido que lidiar cuando ni siquiera entendíamos ni teníamos conciencia de lo que significaba TENER QUE SER por  miedo A.

chica careta conejo

Cuando a un niño pequeño sus padres le dicen lo responsable que es termina por definirse a sí mismo de esa manera. Así pues, lo mismo ocurre cuando se les dice lo desastres, lo rebeldes o lo torpes que son. Se forman en base a lo que oyen de sí mismos y asumen el rol con naturalidad, pudiendo excusarse a la mínima ocasión con que hacen tal cosa porque efectivamente son tal otra.

Cuando vamos creciendo buscamos definirnos por lo que sentimos que podemos ser. Pero podemos ser lo que queramos cuando queramos y cómo lo queramos.

Necesitamos liberarnos de esa carga emocional que supone estar siempre preparados para corresponder a otros de la forma en la que esperan. Porque ante todo somos nosotros, lo demás es secundario. Tiene que importarnos tres rábanos dejar a otro con la boca abierta por no sucumbir a esa nefasta e irrisoria necesidad de agrado, satisfacción o aceptación.

Si te levantas con ganas de comerte el mundo hazlo, que no te condicione el hecho de que hasta ahora te ha tocado asumir el papel de tímido o inseguro. Una palabra no te define. Una actitud aislada tampoco. Somos la suma de cantidades ingestas de vida, de días, de decisiones, de fallos, de determinación de querer ser lo que uno quiera.

Es eso y no hay más, las ganas, la fidelidad y el compromiso de poder aspirar a más lo implica todo. De tener la libertad de SER como nos nace ser. Hoy es un día, mañana será otro. Y pasado podremos borrarlo todo, calzarnos nuestros mejores zapatos y correr a ser todo lo que sintamos que debemos ser.

brigitte guitarra

Es algo así como levantarse de la cama y de acuerdo a cómo nos sentimos ponernos una ropa u otra. Jugamos con las prendas, pasando de colores neutros a más alegres, dependiendo de nuestro estado de ánimo, de las ganas con las que nos enfrentamos a la realidad.

Que nada te limite. Sé la persona que te defina, que nadie lo haga, ni siquiera te condiciones por lo que siempre has pensado de ti. Comienza y rehaz los cimientos, y cuando creas tenerlo todo claro: mándalo al carajo.

Uno para el otro

“Eran un millón de pequeños detalles, y al sumarlos todos se veía que estábamos hechos el uno para el otro. Y yo lo supe, lo supe la primera vez que la toqué. Fue como llegar a casa, solo que a una casa que nunca había visto. Y fue al darle la mano para ayudarla a bajar de un auto… y lo supe. Fue como… magia” Algo para recordar.

Cuesta darse cuenta. A veces está justo delante y no hacemos más que buscar. Sacar los prismáticos para poder ver a lo lejos. Y es mucho más sencillo, mucho menos complicado, más natural si cabe. Porque no hay que esforzarse en escudriñar e indagar en cada rincón. Está justo al lado. Siempre lo ha estado. Soportando lo peor y lo mejor. Dejándose los hombros de tanta cabeza apoyada. Sin pañuelos de tanto que nos prestó. Consiguiendo salir airoso de desesperantes lunes y celebrando la llegada de los viernes invitando a cubos y tapas. Soportando el chaparrón de nuestras decepciones. De cada lágrima derrochada. Y nuestras noches de juerga. Nos conoce tanto que hasta nos asusta. Porque no puedes fingir un enfado, ni evitar reírte de mentirijillas piadosas. No puedes hacerte la dura o la fuerte con él. Te vienes abajo cuando sientes que las piernas se balancean y el labio comienza a temblarte. Y te conoce como ninguno, corre enseguida a sujetarte, a impedir que te caigas, a exponerte las razones para tus mil sonrisas.

monica bellucci

Hasta ahora ha pasado inadvertido. Ha sido como un hermano, el prototipo de hombre a poner como ejemplo. Pero era AMIGO. E imaginariamente existía una barrera de separación para delimitar la figura que se representa. Amistad sin más. O quizá con mucho más.

Y  sentiste un escalofrío cuando te sujeto del brazo suplicando que te quedaras. Le miraste a los ojos y te sentiste tú, en toda tu plenitud, desnuda, desarmada, sin ganas de huir. Porque estás en casa, estás segura y no te hace falta interpretar ningún papel. Basta con un moño desecho, un pijama viejo y la cara lavada,  sin signos de maquillaje o color. Basta con una mirada furtiva en mitad de una conversación entre amigos para entenderse, para sonreír por lo mismo, para entender el por qué, el qué se esconde detrás.

Porque sabe cómo te gusta el café, ha estado presente en cada una de tus decisiones, incluso en aquellas que te resultaron tan difíciles de tomar. Te apoyó en tus ideas más absurdas, en tus locuras más disparatadas, porque creyó en ti, aún lo hace, jamás ha dejado de hacerlo. Conoce cada una de tus sonrisas; la de compromiso, que se dibuja con una leve ascensión de los vértices del labio, dejando a los ojos cabalgar a sus anchas, siendo los delatores del acto; la de felicidad, que parece gritar al mismo tiempo, la que invita a los hoyuelos a asentarse con fuerza; la de tristeza enmascarada, que llora por dentro, que sufre también; la más triste de todas, la de decepción, la que odia verte. La que consigue que renazca en él la rabia. La fuerza por borrártela tan pronto como sea posible. La que pincha hasta hacer sangre y escuece como ninguna.

El amor es tan ciego que a veces él mismo se disfraza con otros atuendos, intenta engañarte, eludirte, y lo hace tan bien que lo consigue. Te distrae por completo. A veces, estás tan obcecada intentando encontrarle que te lo pierdes, te impides abrir los ojos lo suficiente como para darte cuenta. Esperas que sea como siempre has imaginado. Pero el amor es como es. No se busca, te encuentra. Quizá, solo quizá, solamente era cuestión de mirar a un lado. Y quizá, incluso era mejor de lo que habías imaginado.

Conoce a tu familia, es tu familia, fue uno más desde el principio. Tu madre te lo repetía y  tú lo negabas. Son años, muchos años ya. Muchos momentos juntos. Muchos veranos tirados al sol. Yendo a comprar raquetas de playa, hinchando colchonetas mientras moríais de risa con las caras que poníais. Te cedió el honor de saltar primero, de comer primero, de llegar primero.

Y siempre fue primero.

carrie

Tus novios estaban llenos de defectos para él. Sus novias no le veían como tú lo hacías. Tan increíble que faltarían vidas para entenderlo, para comprender esa exclusividad y distinción que marca. Quizá haya sido eso. El amor disfrazado de mejor amigo. Y tú evitando creer en él cuando lo tenías delante.

Reconforta saber que puedes cantar a pleno pulmón en el coche con él, miraros de soslayo y entender ese momento de complicidad como nadie otro haría. Conocer tus mil defectos y amarte por ellos, elegir quedarse en lo peor y en lo mejor. Que sea la primera persona en venirte a la mente cuando tienes una noticia grata que contar, y saber que se alegrará como tú, que daréis saltitos juntos a riesgo de parecer ridículos y que no le importará serlo por ti.

Que entre millones de personas sólo notará tu ausencia, vigilará impaciente el teléfono esperando que des señales de vida. Y sonreirá como si fuera la última sonrisa de su vida al verte. Tu llegada a la fiesta resultará impresionante, como en esas películas ñoñas románticas en las que parece que el mundo se paraliza, que el murmullo de la gente mengua y exclusivamente se la ve a ella, como tocada por la luz, con un vestido ALUCINANTE, con una naturalidad aplastante. Y titubeará. No encontrará palabras y tú no necesitarás decir nada. Lo sabrá, en ese momento lo sabrá.

Y no es el vestido, ni la  música, ni siquiera lo más o menos guapa que estés. Es ese feeling, ese no se qué que no se puede explicar, es eso que surge sin más cuando es la persona adecuada, cuando saltan chispas. Es esa seguridad desbordante de saber que no te equivocas.  Es esa electricidad, conexión o dilo como quieras, que se siente o no se siente.

paul newman

Es bonito saber y tener la certeza de que él siempre te mirará así. Como si fueras sorpresa, como si fueras amante, como si fueras amiga.

“No concordaban mucho, de hecho, casi nunca concordaban. Siempre se peleaban. Y se retaban uno al otro cada día. Pero a pesar de sus diferencias, tenían algo importante en común. Estaban locos el uno por el otro”. El diario de Noah