Mañana, ¿Quién sabe?

Que alguien a quien quieres te falle está en la lista “top” de las cosas que más duelen. Puede que la sitúe entre las tres primeras de la lista. Porque seamos sinceros, una caída duele mucho, desprenderse por los escalones como si únicamente fueras un saco de huesos te machaca enterito, pero… ¡Ay la decepción! Esa sensación de caer al vacío más profundo. De nublarse la vista y no encontrar palabras con las que lamentarse, las que describan exactamente cómo te sientes o qué esperas a partir de entonces. Porque el alma estalla sin compasión. Y los miles de cristalitos esparcidos por el suelo son tan diminutos que resultan imposibles de recomponer. Y ni siquiera sabes si deseas hacerlo.

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Es complicado vendarse los ojos y saltar sin cuerda por alguien. Pero lo hacemos. Siempre existe esa persona por la que navegaríamos sin rumbo. Por la que nos perderíamos sin saber qué será de nosotros. Por la que ni siquiera buscaríamos razones. El corazón basta, el impulso, el deseo de creer en la perfección de dos cuerpos, de dos almas que se encuentran para cabalgar al unísono, nos resulta suficiente.

Pero, ¿Qué ocurre cuando la persona por la que habrías sido capaz de hacer trizas tu mundo te decepciona? Que no queda nada. Ni ilusión, ni fe, ni ganas de que las hayan.

Soy una persona reservada. No me entrego a la primera de cambio, no desnudo mi corazón a diestro y siniestro. Soy precavida, bastante observadora y con una sensibilidad que ralla en el absurdo. No me gusta hablar por hablar, ni opinar por opinar. Intento ser lo más sensata posible y fiel a la persona que se oculta entre la imagen tan distinta que represento, de mujer fuerte, con un carácter imposible de domar. Con principios y creencias férreas. Con independencia y resolución.

Sin embargo, pocos saben que camino a tientas entre la gente, de puntillas, como un halo entre la muchedumbre floreciendo únicamente cuando creo que debo hacerlo. Cuando alguien se gana mi confianza hasta el punto de quedarme sin nada. Sin máscara, sin sombras, sin miedos.

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Por esa misma razón, la confianza es la base fundamental con la que construyo las relaciones que me rodean. Tiendo la mano aún sabiendo que podrás soltármela pero esperando que no lo hagas. Que decidas no hacerlo. Porque soy mucho más vulnerable de lo que crees. Y también me vengo abajo. También caigo  y necesito que me ayudes a levantar. Soy de carne y hueso, la sangre fluye por mis venas y mi corazón llora. Y no espero que seas el héroe del cuento. Ni que lleves la gabardina repleta de galardones. Te necesito a ti. Tan real como yo intento ser contigo. Transparente. Sin envoltorio. Sin parafernalia barata.

No quiero una decoración vintage, ni flores que endulcen el ambiente, no necesito velas que iluminen las sombras. No quiero regalos que enmascaren la verdad. No quiero sentir este dolor porque masacra todo lo que creía que éramos. Y duele mucho.

Necesito que seas capaz de mirarme cada día a los ojos con honestidad, sin medias tintas, con la cabeza erguida y la verdad por montera. No necesito florituras. Ni que intentes calmar mi sed. Me basto y me sobro para abastecerme. No quiero que suavices las palabras que quieres soltar por tu boca. Las dices y punto. Sin intermediarios ni intermitentes. Todo de una. No necesito que construyas castillos, ni puentes en los que cobijar tus ausencias. Sé que eres parco en palabras. Por eso te pido acción-ReAcción. Porque nunca he creído en lo que se dice hoy, y mañana se olvida. Es un “cada día”, no tener que dar nada por hecho. Porque igual que se hace se deshace. Y las personas tenemos límite. A veces, da la sensación de que jamás rallaremos en él, que la paciencia es infinita y el amor todo lo puede. Pero no es así. Un buen día te levantas y explotas. Y todo lo que has ido aguantando a lo largo del tiempo rebrota en ti y dices BASTA. La espuma comienza a salirse del tiesto y ni a dos manos consigues mantenerla a flote, se desmorona, se desploma al igual que tu mundo. Y de pronto eres otra, con diferentes metas, con distintos objetivos, con antagónicas prioridades. Y todo cambia. Y la pena es que no hay vuelta atrás. Que marcharé sin mirar por el retrovisor. Sin percatarme siquiera del equipaje y todo cuanto se queda en tierra firme. Apretaré el acelerador tan fuerte, que se formará una buena humareda. Para dejar constancia de “Yo estuve aquí y te quise”. Para que segundos después siga recordándote todo lo que marchó. Sueños, vida, lucha, esperanza y AMOR.

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Por eso te digo, que no sea necesario perder para valorar. Hoy estoy aquí, mañana… ¿Quién sabe?

“Siempre supo lo que tenía, pero jamás pensó que lo perdería”.

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Pero

El “pero” es la palabra más puta que conozco. “Te quiero, pero…”; “Podría ser, pero…”; “No es grave, pero…”. ¿Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es.

Ernesto Sacheri. El secreto de sus ojos.

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El “pero” siempre cambió algo. Destrozó miles de momentos que volaron para no volver. Siempre hubo algo en la palabra que me produjo rechazó. Se utiliza para enmarcar o suavizar una realidad, y eso es lo que me enfada, lo que me produce pavor y hastío. Cuando alguien quiere decir algo prefiero que lo diga sin más, sin rodeos, sin camuflar el verdadero fin del mensaje.

Estamos demasiado preparados y concienciados a ser políticamente correctos. A decir aquello que el otro necesita escuchar, y es cierto que la empatía es completamente necesaria para las relaciones humanas, pero dependiendo del contexto y, del momento. No sé vosotros, pero yo agradezco infinitamente cuando alguien me mira a los ojos y con toda la sinceridad que es capaz de sentir me dice lo que piensa o siente, así, sin florituras.

No hablo de ser terco, ni maleducado, hablo de no tener que justificar cada sentimiento.  De soltarlo libre y voluntariamente, sin peros, sin porqués. A veces esa justificación encuentra amparo en la culpabilidad, en la necesidad de excusarse, de explicarse, de intentar hacer ver al otro aquello que uno ve o siente.

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<<Te quiero>> Sin más, sin explicación, sin coletilla. Y, es obvio, y queda ya implícito que habrán millones de razones tras esas palabras. Pero yo, con toda mi determinación, con mi autenticidad, con la honradez y la vulnerabilidad que ese “te quiero” produce, lo pongo en tus manos. Y, posiblemente, ese sea el sentimiento más puro y sincero que existe, aquel en el que la explicación queda fuera de lugar.

El “pero” deja posibilidad en el aire. Y, a veces, la conclusión es tan necesaria como respirar. Esa maldita palabra deja inconcluso un hecho, una situación, un afecto, un pesar.  Nos deja inacabados inclusive a nosotros mismos. Y siempre resulta necesario avanzar, cerrar una etapa para poder continuar.

El “pero” masacra todo lo dicho con anterioridad. Automáticamente anula cualquier tipo de sentimiento creado en el receptor desde el inicio de la frase hasta la maldita palabra. Y eso no gusta. Entorpece cualquier tipo de relación humana. La extermina hasta no dejar ni rastro de todo lo mencionado.

Mírame a la cara y dime lo que sientes. Que las dudas resbalan por las palmas de las manos si las unimos. Que no existe miedo contigo, que la vida es inestable y tú el motivo que sostendrá mis pilares. Embárcate en la aventura más alucinante de tu vida. Sin amarrar excusas. Apostemos por un “All-in” sin cartas, a lo loco, sin ataduras, o todo o nada. Que determinadas cosas funcionan así. O apuestas o te lo pierdes.

besos pareja

Mírame y dime que serás capaz de sobrevivir sin mí. Que podrás vivir anclado en temores irracionales. Que lo imposible es “posible” si eliminas el IM, así de simple, de sencillo. Las dificultades las crean tus ojos juiciosos. Desátate el velo que nubla la mirada. Sé capaz de visualizar todo cuanto te pido. Que el amor es saltar al vacío.

Mañana será demasiado tarde, existirán demasiados “peros”. Hoy estoy aquí, ahora, desnudando mi alma. Pidiéndote y amándote a gritos. Que en la oscuridad de la noche lo veo, incluso en tinieblas lo siento. La luz existe contigo. Permíteme vivirlo. Permítetelo a ti mismo.

Ayer, hoy y mañana.

madre e hija campo

Llevo unos días repasando vídeos de la infancia, resulta entrañable verte tan pequeñita y darte cuenta de todas las cosas que han cambiado, de cómo has ido evolucionando, de todo el crecimiento y todo lo que anejo a él le ha acompañado.

Resulta reconfortante la vuelva atrás, aunque su duración sea determinada y bastante sucinta. Produce un gozo terrible observar a las personas que ya no están, verlas ahí, tal y como eran, como si nada hubiera cambiado, como si se siguieran encontrando en el mismo lugar, con sus voces, sus risas, sus formas melodramáticas de habla, y toda esa palpable felicidad.

Resulta extraño eso de observar tu vida desde otra perspectiva, tener la oportunidad de convertirte en un espectador más de tu propia historia.

Muchas cosas de las que viví no las recuerdo, tal y como nos ocurre a todos, la infancia deja manchurrones negruzcos por allí donde pasa, lapsos de tiempo y momentos que se pierden en la mente, que se dilucidan y nos dejan vacios inmensos. Por suerte, las fotografías, al igual que los vídeos nos transportan al mismo lugar y nos brindan esa oportunidad de rescatar, de redimirse por el abandono y la pérdida de aquellos momentos.

cheryl cole vintage

Indudablemente soy distinta, he cambiado y las circunstancias lo han hecho conmigo. Una misma persona en distintos periodos de su vida, llega incluso a parecer la vida de otro, queda tan lejano, tan concomitante con la realidad de hoy, que consigue atraparte y cuestionarte absolutamente todo lo acontecido.

Todo esto me ha hecho replantearme la identidad y esencia del propio ser humano. Las personas cambiamos tanto física como psicológicamente en las distintas etapas de nuestra vida. Nos convertimos en desconocidos, nos equivocamos, erramos, cambiamos de opinión y de pensamiento millones de veces incluso a lo largo de un mismo día. Si todo cambia, incluso uno mismo, ¿Qué es eso impalpable que sigue concediéndote la gracia y por tanto el derecho de poder denominarte “yo”? ¿Tú? ¿Qué tú? ¿El de ayer, el de hace unos años, el de hoy?

niña moño

Con estas reflexiones, derivadas como he dicho de mi regresión al pasado, vuelvo instintivamente a mis clases de filosofía que me quedan desgraciadamente ya muy lejanas. Y vuelven a surgir las dudas en torno a la naranja que permanecía unos días en la mesa y a pesar de su deterioro estético continuábamos con la clara certeza de que era la misma.

¿Qué es eso que permanece inalterable? ¿Qué es lo que se perpetua y resiste a todos los tipos de cambio? Quizá sea la misma esencia, el alma, ese carácter innato, esa propiedad invariable, inmutable, eterna.

Quizá sea cierto eso de que absolutamente todo aquello que no se ve es lo que más resiste, lo que finalmente sobrevive, aquello que se asienta con una fuerza irrebatible, contra todo y para todo.

Hoy, definitivamente toco fondo, llego a la cúspide de una parte de mis desvaríos, y solo rezo porque no sean muy duros conmigo.

Filosofando nos encontraremos.

Mi “yo” de ayer, de hoy, de mañana.

niño globo

Importa

pelo chicas

Odio quedarme con cosas que decir. Nadie debería reprimirse las ganas de decir lo que realmente siente. Evidentemente hablo de cosas buenas, sentimientos frustrados que se quedan en el intento de nada. Tenemos la fastidiosa costumbre de no decir a los demás lo que sentimos. Vivimos con esa absurda idea de que siempre habrá un mañana para hacerlo y dando por hecho que aquello que pensamos el otro ya lo sabe.

Quizá si exista ese mañana, pero quizá no. Y aunque exista, estamos desperdiciando maravillosos momentos para tomar las riendas de nuestra vida y ser totalmente sinceros, sin tapujos, sin miedos.

Quizá, hoy si sea el momento para decir cuánto le quieres, cuánto le necesitas o cuánto le echas de menos. Quizá sea el momento preciso para decir gracias, por todo lo que has hecho por mí, cada día, sin importar nada más, sin esperar nada a cambio.

Hoy es el momento para abrazarte, para estrecharte entre mis brazos y pedir perdón. Por todos los errores, por ese orgullo insolente que amenaza con destrozar aquello que toca.

Es cierto que los seres humanos cometemos atrocidades, pero también es en él donde reside el corazón más noble y bondadoso. Nuestra grandeza reside en eso mismo.

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Hoy, no me quedaré esperando que des tú el primer paso, aquí nadie es el primero ni el último. No existe el orgullo, la vanidad o la arrogancia.

Sacaré todo lo mejor de mí para ti.

Voy a comenzar a priorizar aquello que de verdad importa.

Importa todo lo que no te he dicho, todo lo que no me has escuchado decir. Importan mis silencios y mis ausencias. Importan mis ganas de estar presente en los momentos más importantes de tu vida. Importan mucho más las reconciliaciones que los enfados. Importa más la decisión que la pasividad.

Importa la sonrisa que me lanzas cada vez que me ves. Importan esos ojos chisposos que se te ponen cuando te emocionas por algo. Importan esas palmaditas en la espalda que me das cuando intentas fervientemente crear seguridad en mí. Y yo, con esa caricia enmascarada, me envalentono y puedo con todo.

Que ya ves, que con minuciosos e insignificantes gestos se construye todo.

Sé que importa todo lo que no se ve, pero más importa que sea dicho, escuchado, visto y sentido.

Y, sobre todas las cosas, importas tú.

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