Me quedo

-Prométeme que serás feliz.

-¿Tanto como soy ahora mismo?

-Más, mucho más.

Hay veces que sentimos tanta plenitud que podríamos explotar. Que creemos haber llegado al límite. Y queremos paralizar ese momento. Atesorarlo para no dejarlo ir. Seríamos capaces de meterlo en una botella a presión y capturarlo para siempre.

paul newman y joanne

Pero sólo nos queda cerrar los ojos. Y disfrutar el instante. Respirar el aroma a sal, la piel tostada por el sol. El ruido de las olas que rompen en el acantilado. La brisa atusándote el pelo.

Y nada más. Vida, mucha vida. Muchas ganas de muchas cosas. De compartir. De saber, entender, aceptar.

Porque si lo piensas bien los recuerdos más memorables llegaron sin buscarlos, para sorprendernos, para dibujarnos la sonrisa imposible de borrar. En el segundo exacto que decidió cambiarlo todo. Hacerse un hueco en la lista de imposibles, de inolvidables.

Si tuviera que seleccionar los actos, las locuras, las caricias, las sonrisas que me pellizcaron el corazón serían aquellas que surgieron en los momentos más simples, sencillos. Los que no necesitaron tiempo de preparación. Llegaron y se quedaron. No me dieron ni tiempo a saber que más tarde los recordaría con tanto amor, porque si pudiera volver atrás. ¡Ay si pudiera volver atrás! Los mecería a dos manos. Cambiaría algunas palabras por otras. Y dejaría volar mucho más la impulsividad y menos la cordura. Porque hay veces que uno debe lanzarse sin arnés, sin red, aunque pueda acarrear una buena tunda.

Porque, ¿qué sería de la vida sin el éxtasis? Sin la emoción, sin el aleteo de nariz, sin las cosquillas en los pies, sin la bocanada de aire después del trabajo bien hecho. NADA. ABSOLUTAMENTE NADA.

Por eso decido hacer una pequeña selección. Un repaso veloz a mi vida. Y ya confieso que no soy de ese tipo de personas que necesitan cuadricularlo todo. Hacer listas interminables de cosas por hacer antes de, destinos a los que ir y personas que conservar pase lo que pase.

marilyn tumbada

Me quedo con un apretón de manos de alguien que se marchó de mi vida una noche de Marzo y me dejó tal vacío que a día de hoy me sigue resultando imposible llenar con nada. Cada vez soy más consciente de que vivimos con heridas de guerra y que algunas jamás sanarán. Me quedo con las palabras que no dije, las que se quedaron enredadas en mis labios mientras suplicaba que te quedaras. Pero sonaba a silencio. Mi ruego no se llegó a materializar en ninguna forma entendible para alguien que deseara apreciar algún tipo de sonido. Quedó parco y solo. Como un eco de mi mente que sigue rebrotando cuando menos lo espero.

Me quedo con la mirada que me dedicaste cuando te conocí. Con los paseos a orillas del mar, descalzos, dejándonos sorprender por las olas, por las luces que perfilan la ciudad a lo lejos. Por el murmullo de gente ajeno a lo que sólo tú y yo sentíamos. Vivíamos. Nos escondíamos.

Me quedo con aquella sorpresa, con mi cara de tonta que no entendía nada, ni quería entender. Con el pañuelo de mis ojos, que cayó al suelo precipitadamente, para enloquecer mi alma. Para superar con creces cualquier idea preconcebida. Me quedo con el brillo de tus ojos, con tu mirada chisposa, con la emoción que delataban tus manos. Con el vuelo de mi falda. Con las velas que delicadamente colocaste para mí. Y con aquellas rosas. Porque no es un secreto que me encantan. Que muero por la delicadeza de sus pétalos y el aroma que desprenden. Que amo su belleza y la dureza de su tallo. Y que nunca es tarde si la flor es buena.

Me quedo con el nerviosismo y la ansiedad que me produjo la demora, y la recompensa. La que a día de hoy sigo teniendo por saber todo lo que me espera. La esperanza de que llegue a buen término y me colme de alegría.

picnic

Y poco tengo más que decir. Que la felicidad se bebe a sorbitos pequeños. Porque sabe mejor, porque se disfruta más y se valora de otra forma. Que jamás podremos sujetarla con las manos, pero podremos deleitarnos estando presentes. Sabiendo reconocerla y estrujarla. Mordisquearla por todos lados. Entendiendo que cuando llega, llega. Y que cuando aparece, lo hace a lo grande.

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Virtudes naturales

hamaca playa amigas

Preocupaciones innecesarias, vueltas de tuerca infundadas, dolores de cabeza tremendamente insanos.

Siempre es lo mismo, yendo y viniendo, imaginando lo que aún no ha pasado, y ¡mira que si sólo se imaginase lo bueno!, pero nos hacemos daños solos, con lo que aún está por venir, con lo que nunca ha venido, con lo que podría llegar pero aún no ha llegado.

Esa perversa manía de querer anticiparse, de sucumbir a esos fallidos intentos de mago. Déjate de historias, elude esas manifestaciones inexistentes que crees que se sostienen en tu mente por alguna extraña razón, nada más lejos de la realidad, lo creas tú, con fantasías nocivas que consiguen trepar por tus sueños para arrebatarte sin ápice de indecisión todas esas posibilidades reales y fructuosas de que al final todo saldrá bien.

luces moño

La duda fluctúa como niño en balancín, deshaciendo todo cuanto le viene al paso, y somos los principales culpables, que le tendemos la mano, cobijándola en la misma esencia de nuestros tan apetitosos anhelos.

Deseos que se ven embarrados y dañados, y que con esa percepción distorsionada de la realidad los vamos dejando cada vez más despoblados, más dolorosamente abandonados.

La positividad y el optimismo tienen más fuerza de la que crees. Se aposentan con una fortaleza exagerada en la raíz del problema y en la inherencia de todo cuanto se le presenta, con la sola condición de fe. Deberás prometer desafiar a la adversidad cogiéndola de la mano, acompañándola al punto de salida, explicando la situación, soportando y confrontando ideas.

A cambio la bondad no te dejará marchar, te acompañara en el camino, sufrirá contigo y te verá vencer, salpicará de benevolencia tus fallos y te aportará buenas dosis de generosidad merecidas.

No la abandones, por nada y contra nada, cultívala cada día, en todo ese manojo de proyectos bien avenidos.

chica con pompas de jabón

Y conocerás el verdadero secreto de la gloría. Aquella que te hace relucir en las penumbras más absolutas. La que, espada en mano, desafiará a cualquier incidente que se te presente.

Y es que no hay nada más auténtico y reconfortante que el positivismo manifestado. El eclipsado en sonrisas que se dibujan de oreja a oreja, el que algunos vislumbran en las celebraciones empañadas de amor, aquel que se siente en el tierno abrazo de un niño o en las voces y susurros de canciones hermosas.

No digan que esas recreaciones no tienen más valor, pues aquello que ensalza nuestras virtudes naturales es digno de merecer y elogiar.

Yo no pienso dar cabida a este tipo de titubeos constantes que destrozan aquello que tocan. Necesito sentirme fuerte para conseguir todo aquello que espero. El camino no será fácil, como no lo es en la mayoría de importantes victorias. Pero no desesperes, permanece, inquiétate, pero con convicción, todo ello sin conjeturas faltas de veracidad.

No dejes perecer aquello que siempre soñaste.

Y sobretodo y más importante, no abandones las ansías de creer en lo formidable.

chica campo trigo