Aquellos maravillosos años

Hay etapas de nuestra vida que quedarán para siempre en nuestro recuerdo  y los bautizaremos a menudo como “aquellos maravillosos años…”. Sonreiremos al recordarlas y nos resultará imposible evitar ese suspiro de nostalgia que conlleva todo lo que no vuelve y nos ha hecho inmensamente felices.

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Somos un cúmulo de lo aprendido, de las vivencias que hemos ganado y las personas que hemos perdido. Somos lo que pensamos, lo que hacemos, lo que sentimos. Crecemos con cada decisión y volamos con cada sueño. Hacemos equilibrio entre aquello que nos gustaría ser y aquello que somos.  Y el resultado se advierte en un simple momento, el aquí, ahora, hoy. La decisión de esperar cinco minutos más. Café o té. Llamar o colgar. Irse o quedarse. Estar o parecer estar.

Suelo escuchar el temido “cualquier tiempo pasado fue mejor” con muchísima asiduidad, normalmente en personas que por algún motivo dejaron sus ansías de lucha olvidados en algún rincón, entre trastos viejos e inútiles y montón de recuerdos en los que ampararse para poder contar. Personas que viven ancladas a un pasado, posiblemente ya muy lejano, y aún así lo sienten como si fuera ayer. Con la nitidez de un rayo de sol entrando por la ventana en una mañana de verano. Con la frescura de la hierba recién mojada y su maravilloso aroma. Con la calidez de las brasas que emanan de una chimenea expectante de magia, quizá a la espera de la ansiada noche navideña, entre turrones, vino, compañía excepcional e historias que nos hacen sentir en casa. Rodeados del calor del hogar. Protegidos del frío que se estrella contra los cristales de las casas. Recuerdos en mantas de cuadros, botas de borreguito y galletas de jengibre. Risas que engrandecen a uno y lo sitúan en la cúspide de la felicidad.

Recordar es viajar a un pasado que se aleja más y más. La llave que encierra un tesoro escondido en el fondo del mar. Es la capacidad de teletransportarse en el tiempo, con unos años menos, sueños de más y sonrisas que parecen eternas. Es volver a sentir la ternura que sugiere un abrazo cuando emerge del epicentro del corazón. El suave tacto de sus manos recorriendo milimétricamente mi cuerpo. Y la llama que se encendía de la pasión de dos miradas que lo decían todo. Sinceras, puras y apasionadas. Tanto como pueden ser dos almas que no han sido heridas, que aman sin control y se entregan con desenfreno. Porque quizá sólo se ame así una vez. Sin medida, sin forma, sin ningún tipo de miedo. A cara descubierta y dando todo por nada. Luego ya llega el turno de los parches, de las heridas, cicatrices que moldean la misma esencia y te hacen estar alerta, más astuto, más cauto, menos libre. Pero no es más que la vida misma, que te sitúa donde tienes que estar, con las personas que debes hacerlo y las circunstancias que llegaron sin pedir explicación, ni motivos.

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Recordamos continuamente fechas que dejaron huellas impresas a fuego en un rinconcito de nuestro ser. Como un tatuaje que nos acompañará de por vida. Y éste no tiene tinta, ni se borra con láser. Pero es tan vívido que nos hace temblar de emoción, llorar sin control y reír sin límite. Son secuencias de momentos que nos invaden de júbilo o de frustración. Nos recuerdan lo más o menos entusiastas que pudimos llegar a ser. Lo más o menos valientes. Pero todo se desvanece de pronto y vuelta a la realidad. Hoy somos lo que somos. Tenemos a las personas que queremos o hemos podido conservar. Todo es cíclico, la vida en sí lo es, no deja de moverse, de perseguirse, de encontrarse. Y es cuando me paro a pensar en todo ello, cuando comprendo la importancia que tuvieron las personas que compartieron conmigo todos esos y muchos más momentos. Fueron todo. Aún lo son todo. Al final, el con quién siempre prevalece sobre todo ese decorado que no hace más que impresionar. Todo se reduce a nada cuando no hay con quién compartir, con quién reír, con quién cantar, con quién amar, con quién arriesgar.

Tuve suerte de las personas que pasaron raudas por mi vida y las que decidieron quedarse. Tuve suerte en mi etapa estudiantil por las amistades que nacieron y a día de hoy perduran. Tuve suerte de entrar en aquel viejo café y tropezar contigo. Encontrarme ataviada de libros, bolsas y paraguas, y ser la destinataria de tu jocosa mirada. Me invitaste a un café y lo rechacé. Debí parecerte una borde insociable. Me alejé a zancadas sin mirar atrás. Me resguardé en aquella mesita apartada en un rincón. Alejada del murmullo incesante. De los pensamientos infructuosos. Y el golpeteo de los dedos sobre las teclas de un portátil. Trabajo y más trabajo. Y yo sólo quería huir de él. Alejarme por un instante de todo ese mundo que avanza a la velocidad de la luz. Que exige que nosotros también lo hagamos. Que nos preparemos, que luchemos, que seamos invencibles. Que cabalguemos a marchas forzadas. Sólo necesitaba un PAUSE. Bajar el volumen y adentrarme en mi mundo. Relajarme. Olvidarme. Sentirme plenamente yo. Sin estar condicionada a unos cánones que exigen infinitamente más de lo que deberían. A unas pautas difíciles de seguir por todos. A un ritmo que exaspera a cualquiera. Y no te diste por vencido. Volviste minutos después con un croissant entre las manos y gesto afable. Intestaste hacerme reír y lo lograste. Y me ganaste un poco más. Un poco mejor.

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Hoy, algo en mi gritaba por todos esos recuerdos, por todas esas voces que la rutina y el tiempo, se encargan de ir apagando.  Y a pesar de que me gusta como lo que más navegar en el baúl de los recuerdos, agradezco inmensamente el hoy. Todo lo que tengo y lo que está por venir. Que estoy convencida que no dejará de ser mejor y mejor cada vez. Superarse si es posible, que siempre lo es.

Estoy  plenamente convencida de que todo suma y preparada estoy, a la espera de este invierno que se presenta dulce, muy dulce, extraordinariamente dulce.

Deseo lo mismo para todos vosotros.

Besos con sabor a algodón de azúcar.

Cuando te veo en mis sueños

¡Qué misterio el de los sueños! Sentir que puedes acariciar a alguien de la misma forma y con la misma intensidad que en la realidad, ¡Es mágico! Desde luego que lo es. Un mundo paralelo, incomprensible y a la vez aún demasiado inexplicable. Algo intangible que puede transportarnos directamente al lugar que anhelamos, con las personas que echamos en falta y los sentimientos que el tiempo parece ir olvidando.

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Y todo vuelve a su lugar. Como si no hubiera existido ese corte, ese punto y final, esa despedida con ese afligido adiós. Jamás ha habido interrupción. Todo sigue como si nada. Sigues sonriendo de la misma forma y yo te abrazo por detrás. Quiero aprovechar el tiempo que me queda, porque despertaré y volverás a dejarme.

Abro los ojos y algo me dice que ha sido real. Que has estado aquí. Porque sino ¡Ya me dirás! ¿Cómo explicar esta paz que me queda? Esta felicidad que salpica todo a mi paso. Esa sensación de bienestar, de plenitud, de agradecimiento.

Es un pequeño espacio que compartimos, que reservamos exclusivamente para nosotras. Sabemos que siempre nos tendremos, de una forma u otra. Nadie ni nada nos privará de ello. Un pequeño templo, quizá en otra dimensión, en la que podemos contarnos las cosas, volver a revivir aquello que tan bien nos hizo sentir. Contarte al detalle las novedades con las que la vida me ha ido obsequiando.

Algunos dicen que los sueños amparan los miedos, los deseos, o lo más recóndito de nuestro ser. Otros sin embargo, pueden llegar en forma de advertencia, de recuerdo o enseñanza.

Yo sé, que de alguna forma, no me preguntes cuál. Llegas hasta mí para hacerme llegar las palabras que quizá me falten, el beso que necesito o el calor del abrazo que amansará la fiera y me hará sentir en casa. Porque por muy fuerte que aparente ser, necesito de vez en cuando sumergirme entre los brazos para cobijarme, sollozar sin motivo y quejarme sin causa.

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Ahora, que además estoy en una etapa de grandes cambios, necesito como agua de mayo la fortaleza que tú tenías. Reconozco, que hay días en los que me entra un vértigo tremendo, a pesar de desear con fuerza que todo llegue a la velocidad de la luz, porque si hay algo que no puedo frenar es eso, el deseo. Pero dicen, que cuando visualizas por fin ese comienzo, ese atisbo de materialidad de aquello que tanto tiempo llevas esperando, ASUSTA.  La incertidumbre entra a grandes zancadas como elefante en una cacharrería. Y no sabes si llorar o reír, o hacerlo a la vez.

Así es como me siento, con dos personalidades rivales intentando ganar la batalla, hacerse hueco a codazos y volverme loca. Que hay días en los que me como el mundo y otros me comen a mí. Mi parte más endeble (que la tengo) reclama a grito pelado auxilio, con pañuelo blanco incluido, enarbolándolo como cuál bandera.  Y ahí me zambulliría sin pensarlo en el bálsamo de tus besos (qué bien sé que son curativos), como cachorrito abandonado en búsqueda desesperada de sus progenitores. Que a veces soy más niña de lo que parezco, mucho más, insoportablemente más. Vuelvo a las andadas y sólo quiero mimos, carantoñas y sentirme a salvo. Qué, ¿Quién no busca eso? Vivimos con esa reminiscencia de los años y los momentos de antaño que nos hicieron sentir seguros. Y da igual la edad, o el carácter fortachón que tengamos. Somos más vulnerables de lo que mostramos. Todos bajamos la mirada ante la inquisitiva regañina de una madre. Y todos, ABSOLUTAMENTE TODOS, vivimos en la búsqueda incesante del amor. En esa imperiosa necesidad de amar y ser amados. Sea en la forma que sea. No desvirtuéis mis palabras agarrándoos únicamente a ese amor conyugal, romántico, (——) (poned aquí el adjetivo que os plazca) porque estoy generalizando, multiplicando al máximo exponente. Porque siempre he creído que el amor va de eso, de sumar, multiplicar y dividir, pero no restar. Al menos lo que yo entiendo por amor.

Así que no sé lo que vendrán a significar estos encuentros furtivos. Estas palabras que nos cruzamos en zonas extrapoladas donde nada es tan real como parece ser. Pero las agarro con fuerza, las recuerdo con la nitidez necesaria para confundirlas con momentos que sí puedo capturar en instantáneas y mostrarlas después. Pero vete tú a saber, cual es el límite, la divisoria o el linde entre lo que tangible e intangible, lo cierto, verídico y lo que no.

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Que nada es tan razonable como a simple vista parece ser. Y lo que tú percibes no lo hago yo y a la inversa.

Dime, ¿Cuántas veces has sentido algo que no has podido explicar? ¿Lo considerarías tan real como respirar?

Yo ya tengo mi respuesta. Espero la tuya.

La historia que no pudo ser

Amaba su locura, mucho más que cualquier otra cosa. Y la retaba constantemente, porque la conocía, sabía de su superación y sus ganas. Y jamás se dejaba amedrentar. Era fuerte y lista. Era astuta y decidida. Y no conocía miedo. Se anticipaba a las palabras, a los besos, a los te quieros.

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Amaba la sutil forma de acariciarse el pelo. Y lo resolutiva que era. Tan práctica como para no cabecear. Cada principio tiene un final. Cada herida un lamento. Y cada despedida el deseo de volver a encontrarse. Y ella lo sabía. Tenía conciencia del tiempo, y lo exprimía hasta no dejar ni gota. Era un hoy constante. Queriendo acaparar cada segundo, no dejando nada por hacer, por soñar, por creer. Pero la noche llega. Y con ella un adiós a lo vivido. Pero habrán nuevos amaneceres, nuevos retos y nuevas batallas. Volverán a besarle las mejillas. A sonrojarla con palabras bonitas. A sorprenderla con canciones de amor. Y sonreirá como nunca.

Amaba sus disparatadas ideas. Cómo salpicaba el agua con las manos. Cómo correteaba por el campo creyendo en lo imposible. Alzándose por encima de las flores, acariciándolas a su paso. Y agradeciendo el maravilloso regalo de vida. Porque no le costaba decir gracias. Parecía incluso entonar la palabra. Y él reía de su melodía. De su cariñoso acento. De su deje que la delataba allá donde estuviese.

La amaba desde que la conoció. En silencio. A la espera del día que nunca llega. Analizando y estudiando la forma de hacérselo saber. Y cuando parecía encontrarla, el miedo conseguía paralizarle, las palabras no fluían, se ahogaba en sus silencios. Se quedaba seco, angustiado de dolor. Y parecía retroceder mundos. Alejarse a zancadas de lo que quizá más podía desear.

Pero hay palabras que necesitan ser dichas, porque sino marchitan a uno. Porque los momentos también pasan, al igual que las oportunidades. Y al final uno se queda con el regusto amargo de lo que no se atrevió a decir. Y con los años, el poso de ese recuerdo se hace más denso, y pesa más. Porque hay veces que uno debe darse de bruces y luego ya se verá. Los capítulos deben terminan, de una manera u otra, al igual que las historias. Resulta más gratificante que quedarse en puntos suspensivos, en interrogantes que jamás obtendrán respuesta.

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Luego vienen las lamentaciones. Las excusas con las que cargamos por miedo, al fracaso, al dolor, a la pérdida. Y es mejor asumirlo como venga. Enfrentarse a ello. Porque en cada derrota también hay victoria. Algo crece en nosotros. La verdad se acepta y se sigue adelante.

Otro ha debido dar el paso, porque se escucha su risa a lo lejos. Sus ojos centellean en la noche, y sus labios dibujan la verdad que ocultan sus palabras. Se ha multiplicado, como la espuma del mar cuando rompe en el acantilado. Tiene más luz si cabe. ¡Si no necesita la luna! Ella resplandece en la absoluta oscuridad.

Pero él jamás lo sabrá. A ella le atormenta una pena, de una historia que no pudo ser. Una amistad fugaz que dejó un recuerdo imborrable. Acaricia con los dedos las fotografías de un verano que quedó latente en un corazón desgarrado. Revive aquella mirada profunda. Aquellos roces inocentes, el calor de su abrazo, la ternura en sus palabras de aliento. ¡Y cómo la miraba! Porque hay miradas que se graban a fuego en el alma. Y ella se pregunta si él pensará en ella. Si alguna vez esperó un beso robado de unos labios castos que gritaban por él, que suspiraban por él.

El tiempo pasa y otro la abraza por la espalda. Le ama. También lo hace. De otra forma quizá. Tal vez más madura, más cuerda, más real. Y sabe que tendrá todo cuanto desee. Que satisfará sus necesidades con creces. Que le dará lo que otros no pudieron. Y será feliz. A pesar de que un día de final de Agosto esperó y esperó. Y posiblemente algo en ella siga esperando.

pareja sorpresa

Mimarse mucho

Vivimos atropelladamente. Yo, desde luego, vivo a galope entre las obligaciones, el trabajo, las cosas que quiero hacer porque sí, y las que me gustaría. El tiempo está acotado, y mira que de vez en cuando lo estiramos como una goma hasta llegar al límite, lo ponemos a prueba, lo llenamos hasta los topes, y muchas veces de cosas inservibles, incluso de algunas que nos menguan, que desearíamos mandar de una patada a la luna y olvidar por completo, pero insistimos, no tenemos otra, nos angustiamos, pataleamos y seguimos, como si no tuviéramos opción, como si fuera obligatorio tener un peso pesado con el que sacar los dientes, las uñas o lo que haga falta. Una razón para la queja, para el lamento, para lloriquear por las esquinas suplicando el día en el que todo cambie.

chica pidiendo taxi

Vivimos sin tiempo, mirando a todas horas el reloj, siendo esclavos del segundero. Andamos con prisa, incluso cuando no la tenemos. Corremos para coger el tren, corremos para llegar en hora, corremos para marcharnos, para llegar, corremos incluso por gusto, para liberarnos, para huir, para sentirnos libres de algo, liberar endorfinas, liberar tensiones, liberar ese mal de amores y todo lo que signifique dejar ir, depurarse, sentirse vacío para volver a llenar.

A veces siento que me supera, que no soy esa “súper woman” que debería ser. Que también me canso y necesito parar. Que no puedo estar a todas horas con la mecha puesta, preparada para el ataque, con la mochila a la espalda para llegar a todo, haciendo números y cuentas que no cuadran, queriendo llegar a la clase de pilates cuando tengo un montón de trabajo por hacer, montones de hojas apiladas en el escritorio, lavadoras esperando y  farfullando mi nombre. Y yo queriendo estar aquí y allí. Queriendo multiplicarme por dos, tres o cinco.

Pero ya vale. Hay que decir basta. Poner un paréntesis a nuestra vida de vez en cuando. Un oasis en pleno desierto. Un hasta aquí. Que sí, que está muy bien eso de vivir a todo tren, sin horas del calendario, con la agenda apretada y llena, buscando la media hora libre entre tal y cual.  Con tachones por medio y cuadrículas en power points.

Que está bien eso de ser exigente, de querer hacer ver que somos de hierro, que podemos con lo que nos echen. Y lo creo, de verás que lo creo. Pienso que uno siempre puede más. Que siempre estaremos por encima de los límites que creamos tener, de los que nos digan y los que alcancemos. Pero haz un pause si no quieres morir en el intento. Resérvate un pequeño espacio para ti. Aléjate del mundanal ruido, del estrés que conlleva la puesta a punto. Porque merecemos estar mimados. Cerrar los ojos y viajar lejos. Porque la realidad está sobrevalorada. Y yo la contemplo mejor a centímetros del suelo.

chica telefono y bañera

Que no se trata de viajes ni de una casa en mitad de la nada. Son momentos de auténtico bienestar. Tener la capacidad de guardar unos minutos para no pensar en nada. Relajar los músculos. Mimarse, mimarse mucho. Una música lenta en el salón. Un libro para evadirse, para vivir la vida de otros, bien lejos de aquí. Sin problemas, sin esperas. Un baño caliente, velas aromáticas y silencio.

El otro día me comentaba una amiga lo frustrada que se sentía. Había comenzado las clases de yoga y se veía incapaz de involucrarse en toda su plenitud sin volar a cualquier otro lugar del mundo. Cuando todo parecía estar en silencio, su mente se disparaba, repasaba una y otra vez la lista de la compra, las cosas que debía hacer luego e incluso al día siguiente. No conseguía huir del envoltorio de su vida. Ni incluso en momentos como aquél.

Y la entiendo a la perfección. Estamos haciendo algo y al mismo tiempo pensando en lo que haremos después. Sin poder separar momentos. Haría falta un buen parapeto en la vida. Bien alto, que impida observar luegos.

Me desencanta esta situación, porque la vivo a diario. Somos un cúmulo de listados, de cosas pendientes por hacer. Somos incapaces de abstraernos por completo y olvidar, aunque dure escasos minutos. Aunque al finalizar la canción, la música pare y debamos continuar hilvanando nuestro maremoto de sensaciones, responsabilidades o quehaceres varios.

Tengo que concienciarme. Obligarme de alguna forma a cumplir con mi propósito. Una obligación más que añadir a la lista. Pero al menos sana, mucho más que otras. Sana para el cuerpo, la mente, para mí.

Además de todo ese repertorio de excusas que nos ponemos e imponemos cada día, debemos sensibilizarnos en la exigencia de mimarnos tanto como se pueda. Que al final todo es simple decorado, nada lo suficientemente importante, ya habrá tiempo para ocuparse de ello. Pero esto no. Es ahora. En este momento. Son los minutos antes de dormir. El rato después de comer con una buena infusión caliente o el refresco al salir del trabajo. Es darse cuenta que después de todo, nada es tan imprescindible como uno mismo.

mujer espejo

“Tres palabras pueden cambiar para siempre: empiezo por mi”.

 

Ahora

¿Conoces esa sensación amarga de sentir que tu cuerpo te traiciona? Sí, como lo lees. A veces el cuerpo de uno mismo puede llegar a rivalizar con lo que el corazón siente o lo que desea. Puede jugarte una mala pasada y llevar a cabo un plan bien distinto del que esperabas para ti.

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Y sentí que me falló. Y por minutos me vi vencida, agotada, extasiada y sin fuerza. Porque también se acaban las ganas de luchar. No, eso nunca. Pero el miedo puede inundar tu mente y dejarte paralizada. Sin comprender. Sin entender. Jamás había vivido esa sensación de caer al vacío, de nublarse la vista y perder el rumbo. De dejar de ver, de sentir, de perder los cinco sentidos. Y sólo el corazón bombea, y la sangre se mueve por las venas. Creo que lo hace porque vivo.

Estoy recibiendo una lección de vida, y a estas alturas ya no sé si agradecerlo o echarme a llorar. Pero las lágrimas no solucionarán nada, nunca lo hacen. Al contrario, entristecen a uno, consiguen bloquearte y ser incapaz de ver más allá. Ya lo decía Phil Bosmans, si lloras por no haber visto el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Y no sólo eso, sino todo tu mundo de posibilidades. Porque las tenemos, aunque nuestra visión nos limite, aunque las circunstancias también lo hagan. Aunque el mundo entero parezca estar en contra, y tú remando sólo en la dirección equivocada. Y parece que no avanzas. Los brazos comienzan a resentirse, el agua y la fuerza de ella comienza a crecer y tú a debilitarte. Y crees no poder más, y olvidas el motivo que te llevó allí. Comienzas a perder la fe. Quizá no sea el momento, quizá el temporal necesite estar más favorable y quizá eso no dependa de ti.

Pero también se aprende, la vida en sí es eso, aprendizaje constante, de lo peor se saca algo, no puedo decir que lo mejor porque no siempre es así, pero algo sí,  ya sea en forma de experiencia o revestido con otro tipo de conocimiento.

desperezarse

Estoy aprendiendo a aceptar las cosas como son y no como me gustaría que fueran. Y es duro de asimilar. Porque tienes que dejar a un lado tus sentimientos, tu coraza, tus ilusiones y presentarte desnudo. Sin filtros. Sin condiciones. Sin haber estado sometido a ningún tipo de prejuicio. Sin tener la conciencia viciada. Es ser capaz de recibir lo que la vida te trae con los brazos abiertos y la mente predispuesta. Es vaciar el peso de tu mochila y relajar los músculos. Sentirte libre para volar.  Aprender que la vida puede enviarte lo que necesitas con una envoltura que no esperas y no por ello será malo. Todo tendrá su razón de ser. Todo brillará de alguna forma. Quizá simplemente baste con cambiar de óptica. O de momento. O de camino. Hay distintas rutas que llevan al mismo sitio, algunas más complicadas, otras más sencillas. Pero tienes los utensilios necesarios para el desafío. Quizá sea hora de sacar la artillería pesada. Colgarse el machete al cuello, tener la tranquilidad y la seguridad de saber que podrás con todo.

“ A veces necesitamos dejar de analizar el pasado, dejar de planear el futuro, dejar de intentar definir como nos sentimos, dejar de definir exactamente qué es lo que queremos y solo dejar que pase lo que tenga que pasar” Carrie Bradshaw

No se puede condicionar la felicidad a algo concreto, a una fecha exacta. No puedes pensar que determinado acto o momento te salvará.  No puedes esperar que lo que tienes en mente ocurra para comenzar a ser feliz. Es una actitud peligrosa y dañina, porque constantemente te limita a estar sometido a algo o alguien. No haces más que poner tu felicidad en algo que no depende de ti, en algo que no puedes controlar. Y te lo pierdes. A cada paso algo termina para siempre. El momento se extingue. No hay otro. No habrá otro igual. Y tú pensando en tus planes, en lo que hacer en el momento X.  Y es ahora. Ahora es cuando debes sacar la lencería cara que guardas en el cajón de los momentos especiales. Ahora es cuando debes arriesgarte por aquello que sueñas. No esperes al momento perfecto porque no existe. Lo creas tú. Siempre habrán trabas. Siempre alguien estará dispuesto a hacerte la zancadilla. Si no llueve, lloverá. Si no truena,  lo hará. Si no es una excusa será otra. Las mejores toallas se utilizan hoy. El labial con el que te sientes sexy te espera en el neceser al que apenas le has echado mano. La felicidad es una actitud. La perfección está sobrevalorada. Los instantes, la dedicación, la magia que evoca cualquier nimiedad es lo verdaderamente importante. El aquí, ahora. La decisión. La fuerza de poder con todo, incluso con un vendaval.

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“La vida no es sino un río de cosas que pasan y se pierden. Veo una cosa por un instante, y ya pasó; y otras y otras pasarán… Pronto me llegará la orden: -Te has embarcado; has navegado; has llegado; desembarca.” Marco Aurelio.

Vale ya de buscar razones, encuentra tus propias respuestas. Asume el reto. Cambia de camino, y déjate sorprender por él.

Si te cambian las cartas, cambia de jugada. El verano llega. El sol comienza a calentar. El tiempo libre se multiplica. La risa es más fuerte. Lo bueno sabe mejor. La playa comienza a asomarse desde el horizonte de tu ventana. Las flores brillan con fuerza. Los viajes están para embarcarse en ellos. Puedes retroceder o lanzarte al vacío. Puedes cambiar de táctica y correr lejos o esperar.

Yo te espero al otro lado del charco. ¿Saltas conmigo?

hope

Uno para el otro

“Eran un millón de pequeños detalles, y al sumarlos todos se veía que estábamos hechos el uno para el otro. Y yo lo supe, lo supe la primera vez que la toqué. Fue como llegar a casa, solo que a una casa que nunca había visto. Y fue al darle la mano para ayudarla a bajar de un auto… y lo supe. Fue como… magia” Algo para recordar.

Cuesta darse cuenta. A veces está justo delante y no hacemos más que buscar. Sacar los prismáticos para poder ver a lo lejos. Y es mucho más sencillo, mucho menos complicado, más natural si cabe. Porque no hay que esforzarse en escudriñar e indagar en cada rincón. Está justo al lado. Siempre lo ha estado. Soportando lo peor y lo mejor. Dejándose los hombros de tanta cabeza apoyada. Sin pañuelos de tanto que nos prestó. Consiguiendo salir airoso de desesperantes lunes y celebrando la llegada de los viernes invitando a cubos y tapas. Soportando el chaparrón de nuestras decepciones. De cada lágrima derrochada. Y nuestras noches de juerga. Nos conoce tanto que hasta nos asusta. Porque no puedes fingir un enfado, ni evitar reírte de mentirijillas piadosas. No puedes hacerte la dura o la fuerte con él. Te vienes abajo cuando sientes que las piernas se balancean y el labio comienza a temblarte. Y te conoce como ninguno, corre enseguida a sujetarte, a impedir que te caigas, a exponerte las razones para tus mil sonrisas.

monica bellucci

Hasta ahora ha pasado inadvertido. Ha sido como un hermano, el prototipo de hombre a poner como ejemplo. Pero era AMIGO. E imaginariamente existía una barrera de separación para delimitar la figura que se representa. Amistad sin más. O quizá con mucho más.

Y  sentiste un escalofrío cuando te sujeto del brazo suplicando que te quedaras. Le miraste a los ojos y te sentiste tú, en toda tu plenitud, desnuda, desarmada, sin ganas de huir. Porque estás en casa, estás segura y no te hace falta interpretar ningún papel. Basta con un moño desecho, un pijama viejo y la cara lavada,  sin signos de maquillaje o color. Basta con una mirada furtiva en mitad de una conversación entre amigos para entenderse, para sonreír por lo mismo, para entender el por qué, el qué se esconde detrás.

Porque sabe cómo te gusta el café, ha estado presente en cada una de tus decisiones, incluso en aquellas que te resultaron tan difíciles de tomar. Te apoyó en tus ideas más absurdas, en tus locuras más disparatadas, porque creyó en ti, aún lo hace, jamás ha dejado de hacerlo. Conoce cada una de tus sonrisas; la de compromiso, que se dibuja con una leve ascensión de los vértices del labio, dejando a los ojos cabalgar a sus anchas, siendo los delatores del acto; la de felicidad, que parece gritar al mismo tiempo, la que invita a los hoyuelos a asentarse con fuerza; la de tristeza enmascarada, que llora por dentro, que sufre también; la más triste de todas, la de decepción, la que odia verte. La que consigue que renazca en él la rabia. La fuerza por borrártela tan pronto como sea posible. La que pincha hasta hacer sangre y escuece como ninguna.

El amor es tan ciego que a veces él mismo se disfraza con otros atuendos, intenta engañarte, eludirte, y lo hace tan bien que lo consigue. Te distrae por completo. A veces, estás tan obcecada intentando encontrarle que te lo pierdes, te impides abrir los ojos lo suficiente como para darte cuenta. Esperas que sea como siempre has imaginado. Pero el amor es como es. No se busca, te encuentra. Quizá, solo quizá, solamente era cuestión de mirar a un lado. Y quizá, incluso era mejor de lo que habías imaginado.

Conoce a tu familia, es tu familia, fue uno más desde el principio. Tu madre te lo repetía y  tú lo negabas. Son años, muchos años ya. Muchos momentos juntos. Muchos veranos tirados al sol. Yendo a comprar raquetas de playa, hinchando colchonetas mientras moríais de risa con las caras que poníais. Te cedió el honor de saltar primero, de comer primero, de llegar primero.

Y siempre fue primero.

carrie

Tus novios estaban llenos de defectos para él. Sus novias no le veían como tú lo hacías. Tan increíble que faltarían vidas para entenderlo, para comprender esa exclusividad y distinción que marca. Quizá haya sido eso. El amor disfrazado de mejor amigo. Y tú evitando creer en él cuando lo tenías delante.

Reconforta saber que puedes cantar a pleno pulmón en el coche con él, miraros de soslayo y entender ese momento de complicidad como nadie otro haría. Conocer tus mil defectos y amarte por ellos, elegir quedarse en lo peor y en lo mejor. Que sea la primera persona en venirte a la mente cuando tienes una noticia grata que contar, y saber que se alegrará como tú, que daréis saltitos juntos a riesgo de parecer ridículos y que no le importará serlo por ti.

Que entre millones de personas sólo notará tu ausencia, vigilará impaciente el teléfono esperando que des señales de vida. Y sonreirá como si fuera la última sonrisa de su vida al verte. Tu llegada a la fiesta resultará impresionante, como en esas películas ñoñas románticas en las que parece que el mundo se paraliza, que el murmullo de la gente mengua y exclusivamente se la ve a ella, como tocada por la luz, con un vestido ALUCINANTE, con una naturalidad aplastante. Y titubeará. No encontrará palabras y tú no necesitarás decir nada. Lo sabrá, en ese momento lo sabrá.

Y no es el vestido, ni la  música, ni siquiera lo más o menos guapa que estés. Es ese feeling, ese no se qué que no se puede explicar, es eso que surge sin más cuando es la persona adecuada, cuando saltan chispas. Es esa seguridad desbordante de saber que no te equivocas.  Es esa electricidad, conexión o dilo como quieras, que se siente o no se siente.

paul newman

Es bonito saber y tener la certeza de que él siempre te mirará así. Como si fueras sorpresa, como si fueras amante, como si fueras amiga.

“No concordaban mucho, de hecho, casi nunca concordaban. Siempre se peleaban. Y se retaban uno al otro cada día. Pero a pesar de sus diferencias, tenían algo importante en común. Estaban locos el uno por el otro”. El diario de Noah

Momentos, aquí, allí.

El otro día me sorprendí a mi misma de mal humor, no es que nunca lo esté, todos tenemos momentos así (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), pero me di cuenta de lo infundado del motivo y toda la mella que esa absurdez estaba creando en mí.

El motivo no era otro que pasarme todo el día con un pelo horrible, con una electricidad espantosa que incluso me cabreó, ¡sí! mujeres del mundo ríanse, pero confiesen, se han encontrado en situaciones similares muchísimas veces. Algo tan absurdo como el pelo parecía determinar mi día, y lo peor es que mi actitud frente al problema no era otro que acrecentarlo.

mujer aire frio

Sé que millones de personas se cabrearían solo con leer este tipo de comentario, y yo soy la primera que lo hago. Hay montones de problemas en el mundo y vivimos tan sumidos en nuestro ego y nuestro “yo” que nos olvidamos.

Hoy quería recordármelo y recordárnoslo. Dejar a un lado los insignificantes y alarmantes problemas del “primer mundo” para fijar la mirada en aquello que ciertamente precisa de nuestra atención.

Hoy quería hacerle un guiño a todas las personas que pasan por momentos difíciles y aún así encuentran motivos para sonreír y ver las millones de cosas buenas que ofrece la vida.

Ahora mismo hay personas luchando por su vida, intentando ganarle la batalla al horror y a la injusticia, haciéndose su hueco en el mundo, reclamando aquello que les corresponde y debería ser incuestionable.

Mientras escribo esto, montones de niños andan cada día varios kilómetros para buscarse la vida, encontrar algo que llevarse a la boca e incluso agua potable para beber. El derecho a su educación es nulo, no existe esa opción, pues la situación en la que se encuentran no deja cabida a este tipo de secundarias necesidades. Para nosotros esto es inapelable, ni siquiera dedicamos minutos de nuestro tiempo a pensar en ello, es algo que viene dado, necesario e innegable.

niña barco

Este tipo de problemas los vemos lejanos, no es algo que visualizamos diariamente y en nuestro entorno cercano, lo vemos a través de plasmas con home cinema y resoluciones de alta calidad.

Con esto, no quiero que nos sintamos mal por todo lo que tenemos, es de agradecer, sin hacer absolutamente nada se nos concedió el mayor premio jamás dado, la posibilidad de nacer aquí, rodeados de todo lo que nos envuelve, con todas esas posibilidades de cambio y con eso a lo que llamamos “futuro”.

Nuestro otro gran preciado regalo es la salud, estar sano lo implica todo, con salud todos los problemas se vuelven diminutos pues tienes en tus manos la virtualidad de poder cambiarlos, de hacerles frente. No somos conscientes del todo y lo valoramos cuando nos falta, como casi todo.

Por eso y por millones de razones más hoy doy las gracias. Porque es de buen nacido ser agradecido.

Y como no, toda mi admiración, respeto y apoyo a todas esas personas que no se encuentran en su mejor momento.

Estamos aquí y mientras eso siga así, todo será posible. No pierdan la fe.

mujer misteriosa

Cuando debe ser

Alguien me dijo una vez que lo único que necesitaba era cerrar los ojos, apretar los puños fuertemente y reclamar con toda la fuerza del corazón aquello que deseaba. Más adelante se aprende que, además, se necesitan algunas cosas más.

amigas hamaca playa

Un buen día comprendí que si quería llegar lejos, mis sueños debían estar a la altura, por encima de las estrellas. Supe que me resultaría difícil que llegarán tan lejos, pero súplica tras súplica y con la firme convicción de saber que ocurrirá se aposenta  uno donde quiere, y esto no iba a ser menos.  Cuando se soplan las semillas secas del diente de león automáticamente el aire se eclipsa de ellas convirtiéndolas en helicópteros diminutos. Se mantienen en el aire, pululan por el entorno, esparcen toda esa aura mágica que las envuelve, y se hacen las dueñas, del momento, del instante, del sueño. Son ellas y después ellas, y, tras de sí, queda ese halo de nostalgia, de curiosidad, de tranquilidad inesperada.

niña diente de león

La magia la crea uno mismo al igual que el hecho de su llegada a término. Sé, que de alguna forma nuestros sueños viajan a la velocidad de la luz, sin rumbo, pero constantes, con paso firme. Se nutren de la ambición, de la misma satisfacción que nos produce su espera. Y son sabios, entienden de momentos, de lugares, de personas. Nos conocen, incluso más que nosotros mismos. Se aguardan en algún lugar lejano, invisible, imperceptible para los sentidos. Y esperan, porque la paciencia siempre resulta recompensada. Y cuando visualizan el hecho desencadenante, la pestaña que faltaba, sueltan el freno, se dejan llevar, y florecen, en nosotros mismos, haciéndose visibles, dando lugar a hechos tangibles. Uno no elige el momento, se crea solo, cuando es y cuando debe ser. Eso sí, jamás y digo “jamás” deben perderse las ganas. No podemos abandonar el sueño, todo aquello que nos hace emerger y posicionarnos unos centímetros más allá del suelo. Encontrándonos a palmos de distancia de una objetividad dudosa.

Y, de pronto sucede, te patea desde el interior hasta dejarte sin habla. Y enmudeces, porque no veías salida y pensabas que “derrota” vencía a la esperanza, pero pocas veces ocurre, porque lo bueno llega. Tarde o pronto pero llega. Así que más vale estar preparados, atarse los machos por si hay que salir disparados como cohetes para explosionar en las nubes, en las estrellas, en todo aquello que siempre estuvo y nunca vimos. Hay que estar preparados para aquello que siempre quisimos. Porque una cosa es desearlo con toda la fuerza del corazón, y otra bien distinta chocarse de frente, encontrarte desnudo y sin habla frente a todo cuanto esperaste. Así que deséalo, con toda tu alma, pero prepárate a conciencia, porque cuando llegue no existirán dudas. Y el paseo debe ser lento, bello y reconfortante.

chica pelo playa

Alguien me dijo una vez que ocurriría y ocurrió. Que lo mejor siempre está por llegar. Que si corres te lo pierdes y que la vida se respira a pleno pulmón. Inhalando cada bocanada de aire, expulsándolo poco a poco, como si no quisieras dejarlo ir y vuelta a empezar. Que al final serán dos días y hoy ya no cuenta. Que las necesidades comienzan y terminan en un par de abrazos. Que más vale tarde que nunca y el perdón, el achuchón, el beso, la caricia que no llegó siempre espera. No hay medias tintas, ni reproches, ni palabras que justifiquen su ausencia.

Lo que uno da recibe. El universo es increíblemente sabio para repartir las cartas, para soplar las velas, para dejarnos sin luz. Luego ya depende de nosotros.

Hay determinadas cosas que escapan a nuestro entendimiento, pero es así, y dejarlas fluir tal y como son es la mejor forma para que continúen con su propia cadena, para que cada pequeño e insignificante detalle concurra en su lugar y posición original. Nosotros somos parte de ello, el universo entero lo es. Ser conscientes nos beneficia y nos ayuda a conectarnos de algún modo a ese círculo vicioso.

Por eso brindo por lo que tengo, por todo lo que soy, por todo cuanto viene y sueño. Por el tiempo de espera, por las pausas, por los momentos que fueron, por los que se buscaron y por todos los que vendrán.

amigas copas

<<Los milagros son solo la consecuencia de atrevernos a creer.- Anónimo>>

Telas inacabadas

Cuando esperas que te correspondan de una forma determinada, y quedas así, esperando. Que nada se predice, todo se interpreta de mil formas distintas, cada cual con la suya, con su razón, con sus motivos.

Pero esperas, porque es lo que toca, lo que corresponde arreglo a la situación, y te desilusionas, con las personas, con sus formas de hacer las cosas, con sus respuestas.  Y es que parece y ahora sé, que no se vive esperando.

mujer pensando y fumando

Buscaste una mirada, un comportamiento determinado, una explicación coherente después de cada desengaño, y solamente encontraste excusas erróneamente administradas, utilizadas desacertadamente. Quizá no hubo mala intención, pero fue exactamente eso lo que causó, involuntariamente o no.

Tú no habrías actuado así, porque en los momentos importantes es cuando se está, cuando se demuestra, cuando se arrima el codo.  Se comparten emociones, sentimientos a flor de piel, instantes que nunca perecerán por sí solos, como si perece la falta de motivación.

La alegría compartida se duplica, se triplica, se expande como pólvora. Y algunos afanosos tienden a esconderse, por no ser cómplices, por evadir cualquier muestra de júbilo.

Costaba más excluirse que ser participe, todo estaba preparado para ello, para dejarse llevar, para exteriorizar lo mejor de uno mismo. Pero parece que eso disgusta a unos cuantos que prefieren relegarse a un segundo plano, ver los toros desde la barrera, opinar, eso sí, despreciar, también.

La frialdad es la que ellos mismos demuestran. Es el arma que utilizan como escudo protector. Excusándose y acusándote de incoherencias desatinadas.

Y no espero más de ti, ni hoy ni mañana, ni próximamente. No esperes de mí. Quizá sea cierto eso de que las cosas cambian depende del ojo de quién las mira, y no le falta razón.

niños regalos

Todo fue exactamente contrario a como tú lo viste. No me creo que tantas personas estemos equivocadas.

Es triste, lo es, que después de tantos años surjan redecillas inconclusas, amistades que terminaron en cajón desastre, retales de telas inacabadas. Y tú ahí, intentando enhebrar la aguja, dejándote la vista en ello, pero la comisura del hondón cada vez es más estrecha y las ganas por intentar solucionar conflictos a los que ni siquiera encuentras raíz escasean, se agotan.

Quizá sea hora de despedir de la vida aquello que nos daña, a las personas que enturbian las relaciones, los que corren entre nebulosa dañina y contaminan la razón de todo lo que nos hace ser.  Hay determinadas personas que no están preparadas para ser participes de las satisfacciones de los demás, y aunque nos cueste entenderlo ocurre. Siempre ocurre.

Una rueda siempre gira sobre sí misma, y aquello que chafa y mancha mientras cree avanzar le vendrá siempre de vuelta, y enturbiará su propia existencia. La desdicha persistirá de forma constante porque nunca satisfará por completo su necesidad.

Y a mí solo me queda pena, porque no se puede sentir nada más ante situaciones así. Somos un viaje de ida, la vuelta no está asegurada. El camino será largo, y más vale compartirlo con personas que te lo hagan ameno, que te distraigan de las desgracias y sinsabores de la vida. Porque los habrá, no estamos exentos.

amigos

A lo largo del recorrido, sin quererlo y sin apenas ser conscientes, casi de forma automática, nos empapamos y nutrimos de todo lo que otros aportan a la crónica de nuestra esencia. Desde bien temprana edad, el entorno, así como los familiares, amigos, desechan y esparcen pequeños rescoldos de todo cuanto son, y nosotros los absorbemos sin titubeo. La personalidad propia se compone de múltiples factores, y uno de ellos posiblemente sea éste mismo.

No nos codeemos con aquello que no nos hace bien. Sepamos distinguir todo lo que enriquece la personalidad que queremos mantener o ser.

Aquí y ahora. Tú. Yo. Nosotros. Todo lo que está por venir. Todo lo que dejemos que venga.

Pero

El “pero” es la palabra más puta que conozco. “Te quiero, pero…”; “Podría ser, pero…”; “No es grave, pero…”. ¿Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es.

Ernesto Sacheri. El secreto de sus ojos.

chica ciudad

El “pero” siempre cambió algo. Destrozó miles de momentos que volaron para no volver. Siempre hubo algo en la palabra que me produjo rechazó. Se utiliza para enmarcar o suavizar una realidad, y eso es lo que me enfada, lo que me produce pavor y hastío. Cuando alguien quiere decir algo prefiero que lo diga sin más, sin rodeos, sin camuflar el verdadero fin del mensaje.

Estamos demasiado preparados y concienciados a ser políticamente correctos. A decir aquello que el otro necesita escuchar, y es cierto que la empatía es completamente necesaria para las relaciones humanas, pero dependiendo del contexto y, del momento. No sé vosotros, pero yo agradezco infinitamente cuando alguien me mira a los ojos y con toda la sinceridad que es capaz de sentir me dice lo que piensa o siente, así, sin florituras.

No hablo de ser terco, ni maleducado, hablo de no tener que justificar cada sentimiento.  De soltarlo libre y voluntariamente, sin peros, sin porqués. A veces esa justificación encuentra amparo en la culpabilidad, en la necesidad de excusarse, de explicarse, de intentar hacer ver al otro aquello que uno ve o siente.

chica teléfono

<<Te quiero>> Sin más, sin explicación, sin coletilla. Y, es obvio, y queda ya implícito que habrán millones de razones tras esas palabras. Pero yo, con toda mi determinación, con mi autenticidad, con la honradez y la vulnerabilidad que ese “te quiero” produce, lo pongo en tus manos. Y, posiblemente, ese sea el sentimiento más puro y sincero que existe, aquel en el que la explicación queda fuera de lugar.

El “pero” deja posibilidad en el aire. Y, a veces, la conclusión es tan necesaria como respirar. Esa maldita palabra deja inconcluso un hecho, una situación, un afecto, un pesar.  Nos deja inacabados inclusive a nosotros mismos. Y siempre resulta necesario avanzar, cerrar una etapa para poder continuar.

El “pero” masacra todo lo dicho con anterioridad. Automáticamente anula cualquier tipo de sentimiento creado en el receptor desde el inicio de la frase hasta la maldita palabra. Y eso no gusta. Entorpece cualquier tipo de relación humana. La extermina hasta no dejar ni rastro de todo lo mencionado.

Mírame a la cara y dime lo que sientes. Que las dudas resbalan por las palmas de las manos si las unimos. Que no existe miedo contigo, que la vida es inestable y tú el motivo que sostendrá mis pilares. Embárcate en la aventura más alucinante de tu vida. Sin amarrar excusas. Apostemos por un “All-in” sin cartas, a lo loco, sin ataduras, o todo o nada. Que determinadas cosas funcionan así. O apuestas o te lo pierdes.

besos pareja

Mírame y dime que serás capaz de sobrevivir sin mí. Que podrás vivir anclado en temores irracionales. Que lo imposible es “posible” si eliminas el IM, así de simple, de sencillo. Las dificultades las crean tus ojos juiciosos. Desátate el velo que nubla la mirada. Sé capaz de visualizar todo cuanto te pido. Que el amor es saltar al vacío.

Mañana será demasiado tarde, existirán demasiados “peros”. Hoy estoy aquí, ahora, desnudando mi alma. Pidiéndote y amándote a gritos. Que en la oscuridad de la noche lo veo, incluso en tinieblas lo siento. La luz existe contigo. Permíteme vivirlo. Permítetelo a ti mismo.