Mañana, ¿Quién sabe?

Que alguien a quien quieres te falle está en la lista “top” de las cosas que más duelen. Puede que la sitúe entre las tres primeras de la lista. Porque seamos sinceros, una caída duele mucho, desprenderse por los escalones como si únicamente fueras un saco de huesos te machaca enterito, pero… ¡Ay la decepción! Esa sensación de caer al vacío más profundo. De nublarse la vista y no encontrar palabras con las que lamentarse, las que describan exactamente cómo te sientes o qué esperas a partir de entonces. Porque el alma estalla sin compasión. Y los miles de cristalitos esparcidos por el suelo son tan diminutos que resultan imposibles de recomponer. Y ni siquiera sabes si deseas hacerlo.

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Es complicado vendarse los ojos y saltar sin cuerda por alguien. Pero lo hacemos. Siempre existe esa persona por la que navegaríamos sin rumbo. Por la que nos perderíamos sin saber qué será de nosotros. Por la que ni siquiera buscaríamos razones. El corazón basta, el impulso, el deseo de creer en la perfección de dos cuerpos, de dos almas que se encuentran para cabalgar al unísono, nos resulta suficiente.

Pero, ¿Qué ocurre cuando la persona por la que habrías sido capaz de hacer trizas tu mundo te decepciona? Que no queda nada. Ni ilusión, ni fe, ni ganas de que las hayan.

Soy una persona reservada. No me entrego a la primera de cambio, no desnudo mi corazón a diestro y siniestro. Soy precavida, bastante observadora y con una sensibilidad que ralla en el absurdo. No me gusta hablar por hablar, ni opinar por opinar. Intento ser lo más sensata posible y fiel a la persona que se oculta entre la imagen tan distinta que represento, de mujer fuerte, con un carácter imposible de domar. Con principios y creencias férreas. Con independencia y resolución.

Sin embargo, pocos saben que camino a tientas entre la gente, de puntillas, como un halo entre la muchedumbre floreciendo únicamente cuando creo que debo hacerlo. Cuando alguien se gana mi confianza hasta el punto de quedarme sin nada. Sin máscara, sin sombras, sin miedos.

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Por esa misma razón, la confianza es la base fundamental con la que construyo las relaciones que me rodean. Tiendo la mano aún sabiendo que podrás soltármela pero esperando que no lo hagas. Que decidas no hacerlo. Porque soy mucho más vulnerable de lo que crees. Y también me vengo abajo. También caigo  y necesito que me ayudes a levantar. Soy de carne y hueso, la sangre fluye por mis venas y mi corazón llora. Y no espero que seas el héroe del cuento. Ni que lleves la gabardina repleta de galardones. Te necesito a ti. Tan real como yo intento ser contigo. Transparente. Sin envoltorio. Sin parafernalia barata.

No quiero una decoración vintage, ni flores que endulcen el ambiente, no necesito velas que iluminen las sombras. No quiero regalos que enmascaren la verdad. No quiero sentir este dolor porque masacra todo lo que creía que éramos. Y duele mucho.

Necesito que seas capaz de mirarme cada día a los ojos con honestidad, sin medias tintas, con la cabeza erguida y la verdad por montera. No necesito florituras. Ni que intentes calmar mi sed. Me basto y me sobro para abastecerme. No quiero que suavices las palabras que quieres soltar por tu boca. Las dices y punto. Sin intermediarios ni intermitentes. Todo de una. No necesito que construyas castillos, ni puentes en los que cobijar tus ausencias. Sé que eres parco en palabras. Por eso te pido acción-ReAcción. Porque nunca he creído en lo que se dice hoy, y mañana se olvida. Es un “cada día”, no tener que dar nada por hecho. Porque igual que se hace se deshace. Y las personas tenemos límite. A veces, da la sensación de que jamás rallaremos en él, que la paciencia es infinita y el amor todo lo puede. Pero no es así. Un buen día te levantas y explotas. Y todo lo que has ido aguantando a lo largo del tiempo rebrota en ti y dices BASTA. La espuma comienza a salirse del tiesto y ni a dos manos consigues mantenerla a flote, se desmorona, se desploma al igual que tu mundo. Y de pronto eres otra, con diferentes metas, con distintos objetivos, con antagónicas prioridades. Y todo cambia. Y la pena es que no hay vuelta atrás. Que marcharé sin mirar por el retrovisor. Sin percatarme siquiera del equipaje y todo cuanto se queda en tierra firme. Apretaré el acelerador tan fuerte, que se formará una buena humareda. Para dejar constancia de “Yo estuve aquí y te quise”. Para que segundos después siga recordándote todo lo que marchó. Sueños, vida, lucha, esperanza y AMOR.

mujer-adios

Por eso te digo, que no sea necesario perder para valorar. Hoy estoy aquí, mañana… ¿Quién sabe?

“Siempre supo lo que tenía, pero jamás pensó que lo perdería”.

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Distintos

Pocas cosas me producen más nostalgia que volver a un lugar en el que ya he estado y no ha cambiado (al menos de forma perceptible), para darme cuenta de lo mucho que lo he hecho yo.

distantes

No sé si será el transcurso de los años, las experiencias o mi sensiblería la que me produce esta sensación melancólica ligada a una añoranza brutal de todo lo que pasó. Aún sabiendo que lo mejor siempre está por llegar. Y siendo consciente, casi de forma exacerbada, que el hoy que me regala tanto, es un tesoro del que no quiero desprenderme y deseo atesorar hasta que se me resbale de entre los dedos y termine una vez más, postrado en la alacena de mis recuerdos.

Un profesor mío, nos dijo una vez, que jamás volveremos dos veces al mismo lugar. Y siendo irrefutable esa premisa, tengo la sensación de que el tiempo transcurrió para todos y obvió el hecho, de que este espacio en el que me encuentro, ha sido bendecido con la virtud de lo eterno, lo imperecedero e infinito. Puedo decir, que todo, absolutamente todo, se encuentra exactamente igual a como lo recordaba. Incluso el aroma, la sensación de libertad, de encontrarse en la cúspide de la cima, contemplando el mundo desde un lugar privilegiado. Siendo esa hormiga diminuta capaz de visualizar el horizonte. Sin reglas. Sin horarios. Sintiendo la paz que muchas veces nos es negada. Naturaleza. Silencio. Soledad.

chica campo

Inspiro lentamente intentando capturar todo el aire que me envuelve. Sentirme parte del momento que intento acaparar. Grabar el instante en el álbum de mis memorias. Sé que todo cambia, yo también lo hago. No sé exactamente que me trae aquí. Quizá la necesidad de reencontrarme con una parte de mí de la que apenas queda nada. Mucho más vulnerable, menos reflexiva y más arriesgada. Porque es así, también fui mucho de lo que no soy. Por suerte o por desgracia todo se posiciona de forma distinta creando la misma belleza inigualable. Una transformación necesaria para el alma. Puede ser madurez, serenidad o raciocinio. Pero siempre quedará un atisbo de esa granuja sin miedo. Que se entregaba sin condición. Que luchaba sin descanso aún con las puertas cerradas a cal i canto. Aún sabiendo que el sopapo estaba garantizado. ¡Bendita inocencia! Maldito orgullo, vanidad o condescendencia. Los ojos se vuelven más claros a la vez que el corazón se embarra. Y, ¿De quién es la culpa? De los rasguños del alma. De las heridas que jamás cicatrizarán. Del miedo a volver al error. De la falsedad que cobija una verdad impura, desleal a lo que la razón busca.

Pero existe un pequeño tragaluz en las entrañas, que deslumbra con fuerza cuando las sombras se marchan. Que nos evoca los sueños que algún día tuvimos. Que sin saberlo seguimos teniendo. Quizá menos cuerdos, más huidizos e imposibles. Pero tan reales que se clavan como dagas en una piel con recuerdo, con una reminiscencia que fluye a la mínima ocasión. Que salpica dejando manchas inverosímiles, inviables e insuperables.

Porque no lo negaré, sentada sobre estas piedras tuve sueños. Sentí cosas distintas a las que siento hoy. Soñé con palabras que nunca pronuncié. Y tuve miedos que más tarde sorteé con pulso firme. Y ahora estoy aquí. En el mismo punto de partida. Dos corazones latiendo con fuerza, una ilusión que crece sin medida. Y me siento afortunada. El gozo no me cabe en el pecho y siento que poco más y exploto. Siempre lo he sabido. La felicidad es esto. No puede ser otra cosa.

Hoy también me iré. Dejaré aquí mis pensamientos, como quien los deja en una botella y los lanza a la profundidad del mar. Dejaré aquí una huella inapreciable para otros. Y como siempre, esperaré volver. Uno nunca sabe cuando lo hará, pero sí la intensidad con la que lo estará esperando.

chica album

Son muchos años ya, muchas personas y un mismo lugar. Pero toca volar por otros cielos. Sucumbir a las profundidades de lo nuevo y dejarse impresionar. Nuevo mes. Nuevos proyectos y nuevas ilusiones. También viejas glorias renovadas. Seguiremos al pie del cañón. Esperando parajes en los que perderse o volverse a encontrar. Porque siempre lo he sentido así. Septiembre es el folio en blanco. La libreta nueva. La agenda escolar impoluta. Los libros forrados. El material que con mimo preparamos. Son caras nuevas, otras con las que nos reencontramos. Es el punto y aparte después de una pausa merecida. Es, al fin y al cabo, un inicio de año. Un renove para empezar de cero. Sin vicios. Sin sombras. Sin miedos.

¿Comenzamos?

Tú y sólo tú

Querida tú:

Hace tiempo que no te encuentras. Estás de capa caída, persiguiendo sueños imposibles. Detrás del listillo de turno, que sabe bien cómo jugar sus cartas, y tú te lanzas sin red.

brigitte bardot

Es de valientes eso que haces, te digo que lo admiro, siempre intentando engrandecer minucias, creyendo y teniendo fe en el otro, manteniendo la chispa del farolillo cuando hace tiempo que dejó de emitir luz.

Ya no resplandeces. Te limitas a recoger los rescoldos que crees merecer, lo aceptas y sigues a la greña, deseando que algún día todo cambie. Pero no lo hará. Hay determinadas cosas/historias/batallas que están destinadas a no ser.  Y tú no puedes hacer nada al respecto. No todo depende de uno mismo.

Vives anclada en promesas que algún día se hicieron, intentas reconstruir el viejo jarrón roto con paciencia, aunque te dejes la vida en ello. Y no te das cuenta que todo pasa. Que quizá sea el momento de desengrasar las alas y echar a volar. Que puede ser mejor que esto. Que definitivamente lo será.

Y ya no sirven más palabras, no deberían servir. Es hora de poner pies en polvorosa, pero porque de verdad lo sientas, porque creas que es el momento. Lo encontrarás tú y sólo tú. Quizá un día te levantes y digas basta. Quizá la fuerza que crees no tener venga como un huracán para arrasar con todo. Y te haga ser más fuerte, más valiente, más tú.

Son varios años ya, anclada en el mismo punto de partida. Con los mismos sueños por cumplir pero más decepciones, y más lamentos, y mucha más tristeza. Porque la impotencia pone triste a uno. Lo deja sin ganas, sin motivación. Con falta de agallas. Lo apaga, lo mengua, lo deja sin vida.

Y tú que fuiste tan arco iris. Tan estrepitosamente chisposa. Tan feliz y radiante. Que dejabas polvo de luz a tu paso y lo convertías todo en risa, en baile, en magia. Y ya no encuentras tu varita. Tu corona de princesa quedó olvidada, llena de polvo y sin brillo. Ni el de tus ojos. Que parecen decaídos. A la espera de algo en lo que casi ya no crees.

chica coche trenza

Y los demás avanzan. Construyen sus vidas con sus decisiones, con su coraje. Y no es que a ti te falte, es que lo has olvidado. Y no es que los demás no hayan tenido que sufrir, que también, y luchar, llorar y renacer. Porque todos en cualquier momento hemos tenido que levantarnos de la caída, desempolvar la ropa, curar las heridas y esperar que sanen. Ni tú has sido más ni los demás menos. Todos somos parte del mismo saco, estamos en lo bueno y en lo malo. Y el dolor también es parte de esto. También lo es que las cosas no salgan como uno espera. Pero no por ello hay que venirse abajo. Hay que superarse. Pararse y decidirse a tomar decisiones. A romper con todo. A crear. A equivocarse. A sorprenderse.

Porque te lo digo yo. Puede que la vida no te traiga lo que siempre has esperado, pero no por ello lo que venga será malo. Estate alerta, puede que simplemente sea un envoltorio distinto, un papel al que pensaste no optar, y ahora te ves con la soga al cuello, interpretando la sombra de lo que esperabas ser. Pero nunca es tarde. Quizá sea hora de arriesgar. De dejar de soportar guantazos sin resistirse.

Es cuestión de actitud. De hacer frente a  la vida, a los problemas, a las decisiones que marcaron un antes y un después. Las que te llevaron al lugar en el que estás.

Todos creemos en ti. Ahora sólo faltas tú. ¿Te animas?

chica rayas

“La peor falta de ortografía que existe, es que nunca ponemos punto y final a aquello que nos hace daño…”

¿Cara o Cruz?

– Los ojalá son para personas que viven en el pasado.

– ¿Y tú? ¿Nunca lo piensas?- Pregunté temerosa de que zanjara la conversación en cualquier momento.

– Jamás. Bueno, quizá en algún momento de mi vida lo haya hecho- Contestó mientras daba vuelvas a la moneda que tenía en sus manos-. Quizá lo esté haciendo ahora mismo.

jackie kennedy

Yo no dejaba de observarle. En sí siempre fue un misterio, de cabeza a los pies. Cabezón donde los haya y curioso a más no poder. ¿Peculiar? Sí, puede ser. Y decidido. Demasiado atrevido quizá para mí. Demasiado libre también.

Pidió una copa más y me miró, apoyado en la barra de aquél pub tan cutre. Con olor a juerga, a alcohol, a palabras que no se escuchan y miradas perdidas.

-¿Tú qué? ¿Vives así? ¿Con pocas agallas para lanzarte? ¿Con duda o miedo?- Dijo sin apartar la vista de mí.

-No- contesté repentinamente- Sí. Bueno, a veces, ya sabes, todos en cualquier momento de nuestra vida cabeceamos, insistimos en lo imposible y dejamos atrás oportunidades por miedo. Yo también soy así. Puedes incluirme en tu lista de casos perdidos.

-Nunca te incluiría ahí.

Miró la moneda por última vez y la lanzó en el aire. A pesar de la velocidad que cogió y la suciedad del suelo la localicé al instante.

-¿Cara o cruz?- Preguntó sin tiempo a que me recompusiera de aquella situación tan imprevisible.

– Cara- Repliqué sin más preámbulo.

Me asustaba. Definitivamente lo hacía. Al mismo tiempo que creaba en mí un sensación de excitación difícil de explicar. Unas ganas tremendas de más. De que no callara, de que no se fuera, de que él mismo decidiera quedarse. Enseñarme, hablarme, provocarme.

pareja icónica

-Tienes que prometerlo, ¡Promételo!- Insistió.

-¿Pero el qué?

-Tú hazlo y calla, ¡Arriésgate por una vez en tu vida! Sin cuerda, al vacío. Sin saber dónde terminarás o qué será de ti.

– ¿Y si no me gusta lo que encuentro?- Pregunté agobiada. La situación comenzaba a superarme. Odio estar entre la espada y la pared. Siempre lo he odiado.

Bajé la mirada y no vi nada. Sólo mis zapatillas desatadas y toda esa paparruchada que estaba soltando en busca de una excusa. Perfecta para huir. Para no atarme, como mis zapatillas. Libre como él. Como las dudas y el miedo. Esclava también de todo eso. Ingenua de mí.

-Lo prometo- murmuré casi para mí.

Él sonrió. Un mechón de su pelo rizado caía sobre su frente. Barba descuidada de un par de días y mirada profunda, como sus palabras, que sin él saberlo cambiarían algo para mí.

-Ya lo has hecho, te has comprometido a algo. Y las palabras son importantes. Sobre todo las que uno se dice a sí mismo. Esas son las más peligrosas, porque sin darnos cuenta se tatúan en el alma y nos impiden o nos hacen trepar tan alto para alcanzar las estrellas. No importa qué pasará o qué consecuencia tendrá. Importa este momento. La promesa que te has hecho, que me has hecho. Importa tu decisión a arriesgar, a no quedarte con los brazos cruzados y dejarlo pasar. Era este momento, pero no por mí, ni por un empujón que cualquiera pueda darnos, sino por ti, exclusivamente por ti.

No podía apartar la mirada de él, y mis oídos no querían escuchar nada que no fuera su voz. Las personas así enamoran, no conquistan para un rato, no aparecen y se marchan. De alguna forma se quedan para siempre. Aunque se marche lejos. Aunque no volvamos a saber del otro.

pareja barra de pub

-Y ahora, ¿qué?- Insistí con ganas de más. Siempre de más. Ya no podía retroceder, ya no podía huir ni lo quería. Era mirar al frente, la moneda, los sueños, las ganas dormidas, temerosas, impacientes…

-Compruébalo- Me retó-. Ves y compruébalo, corre.

Y no me lo pensé. Me abrí paso entre la gente ajena a todo. A nuestro mundo. Y la vi. Cara. Había sido cara. La cogí y la apreté entre mis huesudos dedos. Tenía que saber que pasaría. Y me dirigí a él. Tenía que verla. Existía un 50% de posibilidad y me había escogido. Mi elección.

Y él ya no estaba. Se había marchado sin más. Una servilleta de papel envuelta.

“No importaba para qué. Pero ahora es tu excusa. Hazlo”

Y tenía razón. En el momento en que decides lanzar la moneda, apostarlo todo a un número, a una cara o a lo que sea, algo en ti ya ha decidido qué, cuándo y porqué.

Demasiado tiempo

Demasiado tiempo ya sin ti. Demasiados días vacíos desde que te fuiste. Pero la vida sigue, aunque duela lo hace. Nadie es lo suficientemente importante para que se paralice el mundo, todo sigue como si nada. El sol volvió a salir, los pájaros seguían cantando, el griterío de la gente enmudeció durante días porque dentro de mí se libraba la batalla más dura, mucho más ruido interior que exterior. Y seguía esperando poder dar un paso hacia adelante, quería ser más fuerte, más valiente, y se me humedecían los ojos con solo pensarte.  Pero lo aprendí, fui consciente de ello, al final lo entendí todo, jamás iba a superarte, jamás menguaría el dolor ni dejarían de brotar lágrimas al recordarte. Tendría que vivir con ello. Tendría que aprender a vivir así, sin un pedazo de mi alma. Sin una parte de lo que soy o de lo que algún día fui.

beyonce y su hija

Y pasaban los días. Y tuvimos que superar todas esas primeras veces con tu silla vacía. Primer verano  sin ti, primeras navidades sin ti, primeros cumpleaños sin ti. Y todo ocurrió de la misma manera que años atrás. Se cantaban villancicos, se comía turrón y soplamos las velas en tu ausencia. Y no entendía nada. No comprendía porque el mundo no cambiaba un poquito. Porque el cielo no palidecía. Porque los campos no perdían su color, porque las flores seguían creciendo.  Pero es así. Todos sufrimos esa antagonía, esa rabia contenida de saber que el ciclo sigue aunque para ti se haya paralizado, aunque te sea negada la risa, las ganas de cantar, de saltar y seguir luchando.

Y me sigo sentando en tu sillón. Utilizo tus cosas sabiendo que fueron tuyas, que las tuviste en tus manos. Algún día importaron algo para ti y hoy lo hacen conmigo. Las custodio sabiendo que no volverás, aunque lo ruegue cada noche y lo piense a todas horas.

¡Han pasado tantas cosas desde entonces! Me sorprende la rapidez con la que todo cambia. Es una ruleta que jamás deja de girar. Podemos estar sumidos en una monotonía constante y en una milésima de segundo volar por los aires. Esfumarse la seguridad y la tranquilidad que aporta una vida serena y monocorde.

Cuando cierro los ojos, y me concentro en ti, siento las yemas de tus dedos recorriendo la correa de mi reloj. No sé si era tu forma de decirme que el tiempo no se detiene, que no espera a nadie, o simplemente lo hacías para corroborar que yo estaba ahí, a tu lado, esperando poder sujetarte tan fuertemente para impedir que te fueras. Pero no lo hice. No pude retenerte, me fue imposible, escapaba a todo cuando pendía de mis manos. Todas mis energías y mis fuerzas se disiparon cuando comprendí que no dependía de mí, ni siquiera de ti. Muchas de las cosas más transcendentales simplemente ocurren porque sí. Sin explicación, ni lógica. Sin poder hacer nada al respecto. Nos cargamos con demasiada culpa, pensando que podríamos haber cambiado las cosas, que podríamos haber podido. Pero no es así.

Ahora, ¡Te preguntaría tanto! Y mira que tuve tiempo de hacerlo. Pero nunca es suficiente. Cada día surgen nuevos miedos, dudas y preguntas existenciales que me parecen imprescindibles que fueran contestadas por ti. Si hice bien tal o cual cosa. Si te sentirías feliz de verme con lo que tengo. Si te hubieras comportado del mismo modo. Si hubieras sido más fuerte que yo en aquella situación. Si hubieras encontrado las palabras que me habrían hecho sentir mejor. Aunque eso ya te digo que me parece imposible. Pero tal vez un abrazo tuyo si hubiera necesitado, o una sonrisa, o simplemente verte ahí con ella. Y saber que os tenía a las dos, sujetando mi pelo, apoyándome en mis decisiones, rezando conmigo.

nube cucurucho

Son varios años de ausencia. Me mantuve enfadada con el mundo bastante tiempo.  Tenía que hacerme notar. Dar a entender mi disconformidad con determinadas decisiones. Pero las malas caras nunca benefician a nadie. Ni los enfados, que menguan a uno mismo hasta dejarlo sin nada. Poco a poco voy cediendo y sorprendiéndome de la grandiosidad de lo pequeño.  Del “hoy” que me regala tanto.

Intento buscar siempre la sorpresa, mi admiración por todo lo que me sale al paso. Desde ver un conejo correr por el campo hasta el nacimiento de los cerezos en flor. Todo esconde su belleza. Su pequeño milagro.

A veces pienso que me gustaría volver atrás por un día, o por muchos, y darte de una todos los besos que he acumulado este tiempo, todos los que no han sido dados, que han quedado volando entre tu mundo y el mío. Y explicarte detalladamente lo que te has perdido. Escuchar tu risa. Verte cantar el “cumpleaños feliz” tocando las palmas. Incluso escucharte refunfuñando por las esquinas, con la fuerza suficiente para que se te oiga pareciendo que únicamente hablas para ti. Que me asustes diciéndome que son las doce cuando ni siquiera han llegado las diez. Que me prepares la comida a riesgo de que me queje. Y oírte decir mi nombre. Eso lo extraño mucho.

chica rulos

Ahora no son más que palabras que no te llegarán, que no escucharás ni podré leerte. No son más que unas hojas que añadir a un diario imposible.

Pero aún puedo cambiar cosas que sí dependen de mí. Puedo escoger la forma de echarte de menos o más. Puedo escoger cómo hacerte participe sin poder estar. Y pensarte sabiendo que jamás lo sabrás.

“Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad”.- Jorge Luis Borges.

Nunca jamás

Crecer da miedo. Ahora comprendo a Peter Pan, a campanilla y los niños perdidos. Yo también habría querido ir allí. Si es que estaba del todo claro. Segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer. Todo habría sido más fácil. Comería chucherías hasta dolerme la barriga, metería los pies en el fango y saltaría sobre él, una y otra vez, sin cansarme de hacerlo, embarrándome los zapatos, salpicando inocencia a cada paso, maravillándome de la simpleza de sumergir mis pies en tierra.

Mi mayor preocupación continuaría siendo poder aguantar la respiración al pasar por cada puente. Ella y yo. Observándonos, retándonos. La cara comienza a enrojecerse, falta la respiración, pero ya vislumbras el final. Un minuto más y todo acaba. Tú puedes, sabes que puedes. Y lo consigues. Sueltas el aire y comienzas ese inevitable proceso vital, inhalación y exhalación. Llenas tus pulmones hasta los topes. Te relames en el gozo que te produce la vida. Esa posibilidad de continuar, ese soplo de aire que delata, que testimonia la sensación de estar bien, todo está bien. Tú lo estás, estás aquí. Sonríes. Por fin puedes dedicarte en exclusiva a disfrutar del paisaje. Del azul del cielo. Del marrón de los campos. Del verde de su naturaleza. Y te sientes satisfecho, una batalla ganada. Un desafío conquistado.

olsen

Reconozco que a veces necesito un poco del “mare” o “casa” que solía utilizar en el escondite para designar a esa zona de confort, esa tranquilidad de saber que estás a salvo, fuera de cualquier intromisión, como un pause a la banda sonora de tu vida. Silencio. Tranquilidad. Poder sobreponerse al acaloramiento continuo, a la inestabilidad, a las sorpresas que se presentan sin ser llamadas. Al dolor de una pérdida. Al sufrimiento que conlleva un fracaso.  A la tristeza que se materializa después de cada adiós. A todo ese sabor agridulce que persiste en el poso de un recuerdo. A todo aquello que jamás nos atrevimos.

Fue el previo al partido el que nos engañó. El pensar que la mano en la pared podría detener el mundo. Y sólo hacía que detenernos a nosotros. Quizá hubiera agradecido un “corre y no mires atrás”. Porque la vida no se entiende, no se piensa, se VIVE y lo demás viene rodado.

Me ha costado muchísimo entender que no todos los actos son la consecuencia de algo hecho, dicho o vivido con anterioridad.  Algunos llegan sin explicación y se marchan de la misma manera. Vienen para abofetearte, para ponerte los pies en la tierra, para dejarte claro que tú no mandas. Y la única opción que te queda es salir ilesa de ellos. Encontrar la forma de levantar la cabeza y seguir soñando. No eliges el qué, ni el cuándo, ni siquiera el cómo. Pero si puedes elegir la forma de afrontarlo, esos puntos suspensivos que deciden un continuará.

“En lo más profundo del hombre habitan esos poderes adormecidos; poderes que le asombrarían, que él jamás soñó poseer; fuerzas que revolucionarían su vida si despertaran y entraran en acción” Orizon Swett Marden.

 

El país de “Nunca jamás” puede que no esté limitado a una cierta edad. Ni siquiera creo que disponga de prueba de acceso. Puede que simplemente se base en una elección. Una forma de aceptar que las cosas sucedan, que los años pasen, que las heridas de las rodillas también sanarán, y que esos puntos en la barbilla terminarán siendo una sencilla cicatriz con una apasionante historia que contar.

chica columpio

Hace unos días le pregunté a alguien qué tipo de cosas echaba en falta de su infancia. Me dijo algo así como: Ir al colegio y tener a primera hora gimnasia.

Primero me entró una risa de muerte, y segundo, esa simpleza me hizo reflexionar. Alguien escogió por nosotros que tal día a tal hora tuviéramos esa clase. No disfrutábamos de ese privilegio todos los días. Era un simple miércoles o un triste lunes después de un fin de semana que había pasado vertiginosamente y casi derrapando por nuestro lado.

Pero sabía a gloría. La exclusividad le aportaba ese matiz. Sólo hoy. Sólo en este momento. Si no hubiera sido así no lo habríamos agradecido. Lo habríamos percibido trivial.

Perder o no esa capacidad de asombro. Jugar como si nadie nos estuviese viendo, con lo bueno y lo malo, con lo mejor. Olvidar lo que nos hizo daño. Aprender a sobreponerse. Enamorarse como la primera vez. Simples elecciones. Ganas de más.

Escoger gimnasia, arte, física cuántica o cualquier otra que consiga apagar el botón de alarma.

Echar el freno de mano, sentir como va entrando a sorbitos pequeños toda esa libertad, esa sensación de flotar en las nubes, donde casi cualquier cosa puede ser posible.

“Y lo escogí a usted, sí, a usted, porque me di cuenta de que encontró mi punto débil, y fue el único que descubrió la forma para calmar esta alma indomable.  Lo escogí porque me di cuenta de que valía la pena, valía los riesgos… valía la vida…” Pablo Neruda

descanso carretera

Cualquier elección es válida, podremos volver a ella en cualquier momento, rehacerla, desarmarla y empezar de cero. Somos un mar de elección, incluso ese “nunca jamás” lo fue algún día, lo es hoy.

P.d. Siempre seremos un par de niños jugando a haber crecido.

Siempre

Alguien me lo preguntó una vez. Que si existiría en este mundo cambiante un “siempre” que pudiera tatuarse en la piel.  Jamás lo dudé. Me miró, sonrió y se quedó pensando.

Creo en la palabra, jamás y digo jamás he dudado de ello. Hay determinas cosas que simplemente son así… para siempre.

Siempre querré moverme al ritmo del tango. Con paso firme, decidida, predispuesta, dejándome llevar y llevando. Armándome de valor a cada paso, desafiando.  Que el baile es un poco como la vida. Tienes que moverte al ritmo que toca, saber escuchar y perderse, en las notas, en la melodía, en las pausas, en esos silencios que se perpetúan, en calles estrechas de pueblos perdidos, en palabras amables de gente desconocida. Que la amabilidad tiene pinta de llegar a extinguirse algún día si no hacemos nada.

baile pareja antigua

El otro día iba por la calle con las manos llenas hasta los topes, correa del perro que tira como si del fin del mundo tratara, bolsa inmensa de basura (mucho más grande que yo) aunque eso no es difícil, y otras bolsas de cosas que debía cambiar. Un hombre que venía de frente, sin yo pedirlo, se apresuró a abrirme el contenedor, y lo confieso, me sorprendí. Me quedé con cara de estupefacción y ganas de seguirle hasta donde quiera que fuese aplaudiendo, gritando y haciendo la ola. Pero seguramente con esa actitud no habría conseguido si no que otra vez saliera huyendo y evitara cualquier tipo de ayuda.

Es una idiotez, lo sé. Pero me hizo pensar en la escasez de gestos como esos, en como pasamos por la vida pensando en nosotros mismos, en esos absurdos “tengo prisa”, “puede hacerlo él mismo”, “en otro momento puede”, “quizá otro día”… Y toda esa retahíla de embustes que no hacen sino corroborar lo hipócritas que terminamos siendo. Excusas de mal pagador se dice por ahí.

No sé si seré una ilusa, o son estas ganas mías de que en el fondo el mundo no sea tan hostil como aparenta ser. Pero a pesar de los continuos actos del hombre que intentan desacreditar los episodios de bondad que otros dejan a su paso, creo como he dicho antes, que muchos SIEMPRES permanecerán inalterables a cualquier guerra que unos cuantos estén dispuestos a empezar.

Un ejemplo perfecto de ello es el amor que profesamos por lo seres queridos, por las madres, hermanos, padres o abuelos. Eso es para SIEMPRE, permanece incluso aunque ya no estén, aunque nos separen millones de kilómetros, aunque ni siquiera podamos encontrarlos y puntearlos en el mapa, no importa distancia, no importa tiempo, no importa qué continente o qué mundo, ni siquiera universo. Existe ese lazo rojo del que algunos hablan que nos mantiene unidos por siempre. Aquel, que a pesar de los enfados, las malas palabras, los gestos de rabia, consigue tirar de cada uno de nosotros para acercar posiciones, para enfrentarnos, mirarnos a los ojos y encontrar la infinidad de razones que nos mantienen cerca, para no dejar ir, para permanecer y quedarse.

pareja arena

No creo ni siquiera que se extinga cuando ya no estemos, cuando no quede nadie, creo que el amor en toda su plenitud es tan grande y potente como para derribar y atravesar cualquier dimensión, para persistir como una nube de algodón dulce por las partículas del universo.

Imaginarlo por un minuto. La constelación repleta de mullidos trozos de algodón de colores. Sería una bonita forma de dejar constancia de nuestro paso, algo así como “fulanito estuvo aquí y amó con todo su ser” y cuanto más grande fuera el amor que profesara más inmensa y bella sería la nube. Una bonita forma de quedar para SIEMPRE en un mundo aterradoramente veloz, por el que pasamos y dejamos huella.

Hay muchos tipos de huellas y prácticamente todas invisibles. Están las que dejamos con nuestras manos, en los objetos que tocamos, parecen etéreas, imperceptibles y al final son las más evidentes, las que pueden delatar cualquier acción. Pero luego están esas que dejamos en los demás, con nuestra sola presencia, como un rasguño en el corazón, prácticamente insalvable, una herida incurable y profunda que permanece aún cuando creemos salvada, olvidada o perdida. Pero jamás se pierde lo que se encuentra. Y, de pronto, escuece, tan fuerte que quema, que traspasa la piel, la perfora como rayos inmensos de fuego. Lo bueno de las huellas es que son como un libro abierto, una colección de recuerdos, el archivo de nuestra vida. Cada una delata un secreto escondido, el punto débil, el talón de Aquiles, la clave que nos hará reír o llorar, que nos hará volver.

Nunca he coleccionado nada. Sin embargo, cada vez soy más consciente de que la compilación más extensa que jamás podamos crear la atesora, con toda la predilección y apego del que es capaz, cada molécula de la piel para formar la historia más increíble jamás contada.

recuerdos

Y eso, precisamente eso, tal vez sea así, para SIEMPRE.