Reblandeciendo un corazón

Hoy, es un día de esos, en los que me siento frente al ordenador y las palabras se me amontonan en la mente. Quiero que mis dedos tecleen deprisa, que no se pierdan nada de todo lo que quiero escribir. Pero son más lentos. No pueden ir en consonancia con la rapidez con la que pretendo machacarlos. Y ya se sabe… Despacito y buena letra.

escribir cuaderno

Hace unos días fui al cine. Y no, no es una heroicidad ni un hecho destacable por sí mismo. Sin embargo, se me hace imposible no nombrarlo, dejarlo apartado a un lado como sí no hubiera importado. Porque lo hizo. Algo en mí cambió esa noche. Y no exagero. Lo escribo con el corazón en la mano (casi literal).

Me decanté Nos decantamos por “Antes de ti”. Y menos mal que así fue. Es una de esas películas que atraviesan en mil agujeritos el alma, como si rayos de sol estuvieran perforando en ella. Te dejan tocado. Machacado. Extasiado. ¡Y bendito sea!

Es una de esas películas que te dejan sin palabras. Suspiras con los créditos finales y, cuando terminan, necesitas de un buen estruendo y tiempo (bastante tiempo) para volver a la REALIDAD. Se hacen imprescindibles unos segundos para concienciarse de lo que allí acaba de ocurrir.

Es una lucha por parte de la protagonista entre su deseo y la aceptación del deseo contrapuesto de otro. Una batalla tremenda con la que lidiar sin perder la sonrisa, la humanidad, la belleza de la honestidad y la grandeza del amor. Una auténtica lección de vida.

Las personas necesitamos creer en el lado bueno de las cosas. Necesitamos imponer esa exigencia a aquellos que le son negados. ¡Y nos cuesta horrores aceptar la posición de otros cuando distan tanto de la nuestra! Cuando nos resulta imposible de ver, de creer, de entender. Nos aferramos a la idea de conseguir que vean la verdad a través de nuestros ojos. Que entiendan cómo nos sentimos o cómo amamos. Y no se puede debe intentar cambiar a las personas, lo único que se debe hacer es AMARLAS. Por lo que son. Con sus virtudes y defectos. Con sus decisiones, incluso aunque no las entendamos o compartamos. Con su coraje y el apego a aquello que desean. Somos seres únicos, independientes, con nuestros pensamientos diversos y nuestras circunstancias extrapoladas. No podemos juzgar a otros sin calzar sus zapatos, sin andar su camino, con sus obstáculos diferentes, con sus VERDADES, que también lo son.

pareja militar

Es complicado aceptar que alguien a quien amas decida marcharse. Sólo encuentras razones para que no lo haga, intentas por todos los medios hacerle ver las infinitas oportunidades que tiene, que cabeceé, que vuelva la vista atrás y consiga ver la luz y el brillo en las pequeñas cosas. Que se sorprenda con nuevas experiencias, emociones y sentimientos que creyera olvidados. Pero no hay nada peor que sentir que se carecen de POSIBILIDADES. Porque ya lo dice Will en su carta final “Saber que las tienes es un lujo”. Poder contemplar el horizonte sabiendo que no tiene fin, que se ampliará a cada paso, que crecerá con cada sueño, con cada ilusión, con cada esperanza. Tener la certeza que levantarás mañana pudiendo cumplir con lo deseado. Que vivirás, de una forma u otra, pero tu existencia quedará marcada por tus pasos, por tus decisiones y por la huella que decidas crear, pero al fin y al cabo es eso, VIVIR, respirar, oler, sentir, ESTAR.

Y a pesar, de que creas, con toda la fuerza de la que eres capaz, con una firmeza absoluta, sin titubeo, sin temblor al escribir, sin dilación, que puedes cambiar la visión del otro, su parecer respecto a su particular visión del mundo, no te equivoques. Lo mejor que puedes hacer es admitir sus verdades, su realidad. Ser capaz de sonreír ante la adversidad. Ante el temblor de piernas que pueda producirte determinada situación. La forma en la que decides vivir a su lado, quede lo que quede, la forma en la que decides admitir el hecho que te concome, será el que lo determinará todo.

Me gusta la sonrisa de LU, cada día, por todo, a pesar de todo. Me gusta su dulzura, su inocencia, su bondad. Me gusta esa necesidad de dar AMOR. De entregar sin esperar recibir. Me gusta que sin ella darse cuenta, con esa paciencia infinita, con esa magia que irradia, cambie la existencia de alguien que ya no espera nada. La espontaneidad, la empatía, la alegría que trasmite, son decisivas para reblandecer un corazón demasiado machado por una vida carente de ilusión.

Puede que con las muchas enseñanzas que trae consigo la película, me quede con esa. La autenticidad, la fe en las personas y las cualidades impalpables que uno sin saberlo va derrochando allá donde va.

Serena playa

El grano de arroz, la gota del mar, la sonrisa de complicidad, el gesto de apoyo, el silencio, la amabilidad… SÍ pueden cambiar el mundo, o mejor aún, cambiar el mundo de alguien.

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¿Y qué? ¿De verdad?

Soy una persona excesivamente empática. Y aunque en principio pueda parecer una virtud, que no niego que lo sea, hay determinadas ocasiones en las que puede resultar un verdadero quebradero de cabeza y afectar de manera muy personal a cualquier resquicio de mi vida.

hermanas distancia

Enseguida siento el dolor de otro y lo vivo con una intensidad aplastante. Pienso en ello durante tiempo después y de alguna forma mis pensamientos viajan junto a esa persona a lo largo de mis días. Incluso me pasa con personas no tan cercanas a mí.

Estoy aprendiendo a relativizar las cosas. A no dejar que todas las noticias penetren en mí de la misma forma. Porque no se puede vivir así. Desgraciadamente en el mundo hay noticias terribles cada día. Y precisamente porque somos personas nos afectan, es inevitable. Sufrimos con las pérdidas, con las enfermedades, con las malas noticias que truncan los sueños de uno, con las despedidas, incluso con nimiedades que en el momento nos parecen montañas imposibles de escalar.

Cuando un latigazo golpea tu espalda con fuerza, valoras lo que antes no veías e incluso obviabas. Y descubres lo verdaderamente importarte, lo que siempre ha estado ahí. Lo que permanecía oculto entre tanto problema innecesario, entre tanta banalidad. La simplicidad de las pequeñas cosas.

Y te preguntas, ¿De verdad mi mayor preocupación residía en eso? ¿De verdad me enrabietaba por no saber que ponerme? ¿Por haber tropezado? ¿Por la lluvia que nos sorprendió un día de playa? ¿Porque el niño dibujara un arco iris sobre la silla blanca? ¿El perro destrozó el jardín? ¿Y qué? ¿De verdad?

El otro día leí que alguna de las palabras que más nos cuesta pronunciar a los adultos son: Perdón, ayúdame y gracias. ¿De verdad?

Piénsalo. ¿Dónde vamos a llegar? ¿Cuál es el límite? ¿Vamos a permitir que nuestra negativa a esas palabras nos defina? ¿Dónde reside lo humano? ¿Qué clases de personas queremos ser? ¿Algún día nos daremos cuenta? ¿Abriremos los ojos por fin y respiraremos aliviados? Espero que no sea demasiado tarde.

niño perro

Hoy, entre este matojo de palabras, siento la necesidad de dar las GRACIAS, así en mayúsculas. Por la infinidad de cosas buenas que disfruto. Porque siempre tenemos más de lo que creemos y menos de lo que lloramos.

Gracias a vosotros, por leerme, por estar al otro lado de la pantalla, ya sea de la tablet, el móvil, el ordenador o cualquier mecanismo electrónico del que disponemos. Sí, tú, el que va en pijama o bikini, el que me está leyendo desde la playa, la oficina o disfrutando del auténtico placer de vivir.

Gracias por cada comentario, por las veces que habéis sentido conmigo, ya sea congojo o felicidad, pero SENTIDO, ¡Qué pocas cosas hay más bonitas que esa! Por cada palabra, de ánimo, de fuerza, de felicidad. De crítica, también.

Agradezco cada persona que ha definido mi vida de alguna forma. Los que ya no están, los que llegaron y se quedaron y los que vendrán. Todos fueron y son imprescindibles, inolvidables e insustituibles. Cada uno, a su forma, dejó algo, una huella imposible de borrar. Un trocito de alma que me pertenece. Que cuenta una historia de dos vidas. Que cuenta con un pasado que voló y un presente que todavía es nuestro.

amigos gossip

Agradezco poder reír, llorar y cantar. Poder andar y correr. Poder sentir FELICIDAD. El susurro de las hojas mecidas por el viento. La frescura al enterrar los pies en la arena mojada del mar. El canto de los gorriones. Un paseo tranquilo, sin prisa, levantando el acelerador, y nuestra canción preferida. Escuchar la risa de alguien a quien amas, y reír con él/ella. Contar los dedos de los pies. Comerte a besos.

Agradezco, simplemente, poder ESTAR. Seguir luchando por entender un misterio de vida que quizá jamás se resuelva. Conservar la inocencia. Querer trepar más alto. Arriesgarse y querer un poco más. Conservar fotos viejas, recuerdos tontos que para nosotros son TANTO. No olvidar su perfume. Leer y releer historias. Escribir lo primero que venga a la mente, y tacharlo, o no, cumplirlo sí. Viajar y dejarse conocer. Escuchar a otros. Aprender de otros. Creer en otros.

Agradezco los madrugones por obligación, las noches hasta las tantas. Las copas entre amigos. Agradezco los “buenos días” seguidos de beso. Agradezco las sorpresas inesperadas, las visitas improvisadas y el ladrido del perro. Agradezco poder agradecer. Poder abstraerme del falso envoltorio y valorar, desde la semilla que crece con fuerza hasta los rayos del sol.

El buen tiempo se instala con fuerza, las colchonetas, las raquetas y las pelotas se instalan en los rincones de las casas. Sonreímos más y nos preocupamos menos.

Toca descansar, aprender a agradecer el silencio, encontrarse con uno mismo.

cate blanchett

Y repetir mucho: Perdón. Ayúdame. GRACIAS.

Me quedo

-Prométeme que serás feliz.

-¿Tanto como soy ahora mismo?

-Más, mucho más.

Hay veces que sentimos tanta plenitud que podríamos explotar. Que creemos haber llegado al límite. Y queremos paralizar ese momento. Atesorarlo para no dejarlo ir. Seríamos capaces de meterlo en una botella a presión y capturarlo para siempre.

paul newman y joanne

Pero sólo nos queda cerrar los ojos. Y disfrutar el instante. Respirar el aroma a sal, la piel tostada por el sol. El ruido de las olas que rompen en el acantilado. La brisa atusándote el pelo.

Y nada más. Vida, mucha vida. Muchas ganas de muchas cosas. De compartir. De saber, entender, aceptar.

Porque si lo piensas bien los recuerdos más memorables llegaron sin buscarlos, para sorprendernos, para dibujarnos la sonrisa imposible de borrar. En el segundo exacto que decidió cambiarlo todo. Hacerse un hueco en la lista de imposibles, de inolvidables.

Si tuviera que seleccionar los actos, las locuras, las caricias, las sonrisas que me pellizcaron el corazón serían aquellas que surgieron en los momentos más simples, sencillos. Los que no necesitaron tiempo de preparación. Llegaron y se quedaron. No me dieron ni tiempo a saber que más tarde los recordaría con tanto amor, porque si pudiera volver atrás. ¡Ay si pudiera volver atrás! Los mecería a dos manos. Cambiaría algunas palabras por otras. Y dejaría volar mucho más la impulsividad y menos la cordura. Porque hay veces que uno debe lanzarse sin arnés, sin red, aunque pueda acarrear una buena tunda.

Porque, ¿qué sería de la vida sin el éxtasis? Sin la emoción, sin el aleteo de nariz, sin las cosquillas en los pies, sin la bocanada de aire después del trabajo bien hecho. NADA. ABSOLUTAMENTE NADA.

Por eso decido hacer una pequeña selección. Un repaso veloz a mi vida. Y ya confieso que no soy de ese tipo de personas que necesitan cuadricularlo todo. Hacer listas interminables de cosas por hacer antes de, destinos a los que ir y personas que conservar pase lo que pase.

marilyn tumbada

Me quedo con un apretón de manos de alguien que se marchó de mi vida una noche de Marzo y me dejó tal vacío que a día de hoy me sigue resultando imposible llenar con nada. Cada vez soy más consciente de que vivimos con heridas de guerra y que algunas jamás sanarán. Me quedo con las palabras que no dije, las que se quedaron enredadas en mis labios mientras suplicaba que te quedaras. Pero sonaba a silencio. Mi ruego no se llegó a materializar en ninguna forma entendible para alguien que deseara apreciar algún tipo de sonido. Quedó parco y solo. Como un eco de mi mente que sigue rebrotando cuando menos lo espero.

Me quedo con la mirada que me dedicaste cuando te conocí. Con los paseos a orillas del mar, descalzos, dejándonos sorprender por las olas, por las luces que perfilan la ciudad a lo lejos. Por el murmullo de gente ajeno a lo que sólo tú y yo sentíamos. Vivíamos. Nos escondíamos.

Me quedo con aquella sorpresa, con mi cara de tonta que no entendía nada, ni quería entender. Con el pañuelo de mis ojos, que cayó al suelo precipitadamente, para enloquecer mi alma. Para superar con creces cualquier idea preconcebida. Me quedo con el brillo de tus ojos, con tu mirada chisposa, con la emoción que delataban tus manos. Con el vuelo de mi falda. Con las velas que delicadamente colocaste para mí. Y con aquellas rosas. Porque no es un secreto que me encantan. Que muero por la delicadeza de sus pétalos y el aroma que desprenden. Que amo su belleza y la dureza de su tallo. Y que nunca es tarde si la flor es buena.

Me quedo con el nerviosismo y la ansiedad que me produjo la demora, y la recompensa. La que a día de hoy sigo teniendo por saber todo lo que me espera. La esperanza de que llegue a buen término y me colme de alegría.

picnic

Y poco tengo más que decir. Que la felicidad se bebe a sorbitos pequeños. Porque sabe mejor, porque se disfruta más y se valora de otra forma. Que jamás podremos sujetarla con las manos, pero podremos deleitarnos estando presentes. Sabiendo reconocerla y estrujarla. Mordisquearla por todos lados. Entendiendo que cuando llega, llega. Y que cuando aparece, lo hace a lo grande.

¿Cara o Cruz?

– Los ojalá son para personas que viven en el pasado.

– ¿Y tú? ¿Nunca lo piensas?- Pregunté temerosa de que zanjara la conversación en cualquier momento.

– Jamás. Bueno, quizá en algún momento de mi vida lo haya hecho- Contestó mientras daba vuelvas a la moneda que tenía en sus manos-. Quizá lo esté haciendo ahora mismo.

jackie kennedy

Yo no dejaba de observarle. En sí siempre fue un misterio, de cabeza a los pies. Cabezón donde los haya y curioso a más no poder. ¿Peculiar? Sí, puede ser. Y decidido. Demasiado atrevido quizá para mí. Demasiado libre también.

Pidió una copa más y me miró, apoyado en la barra de aquél pub tan cutre. Con olor a juerga, a alcohol, a palabras que no se escuchan y miradas perdidas.

-¿Tú qué? ¿Vives así? ¿Con pocas agallas para lanzarte? ¿Con duda o miedo?- Dijo sin apartar la vista de mí.

-No- contesté repentinamente- Sí. Bueno, a veces, ya sabes, todos en cualquier momento de nuestra vida cabeceamos, insistimos en lo imposible y dejamos atrás oportunidades por miedo. Yo también soy así. Puedes incluirme en tu lista de casos perdidos.

-Nunca te incluiría ahí.

Miró la moneda por última vez y la lanzó en el aire. A pesar de la velocidad que cogió y la suciedad del suelo la localicé al instante.

-¿Cara o cruz?- Preguntó sin tiempo a que me recompusiera de aquella situación tan imprevisible.

– Cara- Repliqué sin más preámbulo.

Me asustaba. Definitivamente lo hacía. Al mismo tiempo que creaba en mí un sensación de excitación difícil de explicar. Unas ganas tremendas de más. De que no callara, de que no se fuera, de que él mismo decidiera quedarse. Enseñarme, hablarme, provocarme.

pareja icónica

-Tienes que prometerlo, ¡Promételo!- Insistió.

-¿Pero el qué?

-Tú hazlo y calla, ¡Arriésgate por una vez en tu vida! Sin cuerda, al vacío. Sin saber dónde terminarás o qué será de ti.

– ¿Y si no me gusta lo que encuentro?- Pregunté agobiada. La situación comenzaba a superarme. Odio estar entre la espada y la pared. Siempre lo he odiado.

Bajé la mirada y no vi nada. Sólo mis zapatillas desatadas y toda esa paparruchada que estaba soltando en busca de una excusa. Perfecta para huir. Para no atarme, como mis zapatillas. Libre como él. Como las dudas y el miedo. Esclava también de todo eso. Ingenua de mí.

-Lo prometo- murmuré casi para mí.

Él sonrió. Un mechón de su pelo rizado caía sobre su frente. Barba descuidada de un par de días y mirada profunda, como sus palabras, que sin él saberlo cambiarían algo para mí.

-Ya lo has hecho, te has comprometido a algo. Y las palabras son importantes. Sobre todo las que uno se dice a sí mismo. Esas son las más peligrosas, porque sin darnos cuenta se tatúan en el alma y nos impiden o nos hacen trepar tan alto para alcanzar las estrellas. No importa qué pasará o qué consecuencia tendrá. Importa este momento. La promesa que te has hecho, que me has hecho. Importa tu decisión a arriesgar, a no quedarte con los brazos cruzados y dejarlo pasar. Era este momento, pero no por mí, ni por un empujón que cualquiera pueda darnos, sino por ti, exclusivamente por ti.

No podía apartar la mirada de él, y mis oídos no querían escuchar nada que no fuera su voz. Las personas así enamoran, no conquistan para un rato, no aparecen y se marchan. De alguna forma se quedan para siempre. Aunque se marche lejos. Aunque no volvamos a saber del otro.

pareja barra de pub

-Y ahora, ¿qué?- Insistí con ganas de más. Siempre de más. Ya no podía retroceder, ya no podía huir ni lo quería. Era mirar al frente, la moneda, los sueños, las ganas dormidas, temerosas, impacientes…

-Compruébalo- Me retó-. Ves y compruébalo, corre.

Y no me lo pensé. Me abrí paso entre la gente ajena a todo. A nuestro mundo. Y la vi. Cara. Había sido cara. La cogí y la apreté entre mis huesudos dedos. Tenía que saber que pasaría. Y me dirigí a él. Tenía que verla. Existía un 50% de posibilidad y me había escogido. Mi elección.

Y él ya no estaba. Se había marchado sin más. Una servilleta de papel envuelta.

“No importaba para qué. Pero ahora es tu excusa. Hazlo”

Y tenía razón. En el momento en que decides lanzar la moneda, apostarlo todo a un número, a una cara o a lo que sea, algo en ti ya ha decidido qué, cuándo y porqué.

Ahora

¿Conoces esa sensación amarga de sentir que tu cuerpo te traiciona? Sí, como lo lees. A veces el cuerpo de uno mismo puede llegar a rivalizar con lo que el corazón siente o lo que desea. Puede jugarte una mala pasada y llevar a cabo un plan bien distinto del que esperabas para ti.

chica cafe

Y sentí que me falló. Y por minutos me vi vencida, agotada, extasiada y sin fuerza. Porque también se acaban las ganas de luchar. No, eso nunca. Pero el miedo puede inundar tu mente y dejarte paralizada. Sin comprender. Sin entender. Jamás había vivido esa sensación de caer al vacío, de nublarse la vista y perder el rumbo. De dejar de ver, de sentir, de perder los cinco sentidos. Y sólo el corazón bombea, y la sangre se mueve por las venas. Creo que lo hace porque vivo.

Estoy recibiendo una lección de vida, y a estas alturas ya no sé si agradecerlo o echarme a llorar. Pero las lágrimas no solucionarán nada, nunca lo hacen. Al contrario, entristecen a uno, consiguen bloquearte y ser incapaz de ver más allá. Ya lo decía Phil Bosmans, si lloras por no haber visto el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Y no sólo eso, sino todo tu mundo de posibilidades. Porque las tenemos, aunque nuestra visión nos limite, aunque las circunstancias también lo hagan. Aunque el mundo entero parezca estar en contra, y tú remando sólo en la dirección equivocada. Y parece que no avanzas. Los brazos comienzan a resentirse, el agua y la fuerza de ella comienza a crecer y tú a debilitarte. Y crees no poder más, y olvidas el motivo que te llevó allí. Comienzas a perder la fe. Quizá no sea el momento, quizá el temporal necesite estar más favorable y quizá eso no dependa de ti.

Pero también se aprende, la vida en sí es eso, aprendizaje constante, de lo peor se saca algo, no puedo decir que lo mejor porque no siempre es así, pero algo sí,  ya sea en forma de experiencia o revestido con otro tipo de conocimiento.

desperezarse

Estoy aprendiendo a aceptar las cosas como son y no como me gustaría que fueran. Y es duro de asimilar. Porque tienes que dejar a un lado tus sentimientos, tu coraza, tus ilusiones y presentarte desnudo. Sin filtros. Sin condiciones. Sin haber estado sometido a ningún tipo de prejuicio. Sin tener la conciencia viciada. Es ser capaz de recibir lo que la vida te trae con los brazos abiertos y la mente predispuesta. Es vaciar el peso de tu mochila y relajar los músculos. Sentirte libre para volar.  Aprender que la vida puede enviarte lo que necesitas con una envoltura que no esperas y no por ello será malo. Todo tendrá su razón de ser. Todo brillará de alguna forma. Quizá simplemente baste con cambiar de óptica. O de momento. O de camino. Hay distintas rutas que llevan al mismo sitio, algunas más complicadas, otras más sencillas. Pero tienes los utensilios necesarios para el desafío. Quizá sea hora de sacar la artillería pesada. Colgarse el machete al cuello, tener la tranquilidad y la seguridad de saber que podrás con todo.

“ A veces necesitamos dejar de analizar el pasado, dejar de planear el futuro, dejar de intentar definir como nos sentimos, dejar de definir exactamente qué es lo que queremos y solo dejar que pase lo que tenga que pasar” Carrie Bradshaw

No se puede condicionar la felicidad a algo concreto, a una fecha exacta. No puedes pensar que determinado acto o momento te salvará.  No puedes esperar que lo que tienes en mente ocurra para comenzar a ser feliz. Es una actitud peligrosa y dañina, porque constantemente te limita a estar sometido a algo o alguien. No haces más que poner tu felicidad en algo que no depende de ti, en algo que no puedes controlar. Y te lo pierdes. A cada paso algo termina para siempre. El momento se extingue. No hay otro. No habrá otro igual. Y tú pensando en tus planes, en lo que hacer en el momento X.  Y es ahora. Ahora es cuando debes sacar la lencería cara que guardas en el cajón de los momentos especiales. Ahora es cuando debes arriesgarte por aquello que sueñas. No esperes al momento perfecto porque no existe. Lo creas tú. Siempre habrán trabas. Siempre alguien estará dispuesto a hacerte la zancadilla. Si no llueve, lloverá. Si no truena,  lo hará. Si no es una excusa será otra. Las mejores toallas se utilizan hoy. El labial con el que te sientes sexy te espera en el neceser al que apenas le has echado mano. La felicidad es una actitud. La perfección está sobrevalorada. Los instantes, la dedicación, la magia que evoca cualquier nimiedad es lo verdaderamente importante. El aquí, ahora. La decisión. La fuerza de poder con todo, incluso con un vendaval.

marilyn playa

“La vida no es sino un río de cosas que pasan y se pierden. Veo una cosa por un instante, y ya pasó; y otras y otras pasarán… Pronto me llegará la orden: -Te has embarcado; has navegado; has llegado; desembarca.” Marco Aurelio.

Vale ya de buscar razones, encuentra tus propias respuestas. Asume el reto. Cambia de camino, y déjate sorprender por él.

Si te cambian las cartas, cambia de jugada. El verano llega. El sol comienza a calentar. El tiempo libre se multiplica. La risa es más fuerte. Lo bueno sabe mejor. La playa comienza a asomarse desde el horizonte de tu ventana. Las flores brillan con fuerza. Los viajes están para embarcarse en ellos. Puedes retroceder o lanzarte al vacío. Puedes cambiar de táctica y correr lejos o esperar.

Yo te espero al otro lado del charco. ¿Saltas conmigo?

hope

Demasiado tiempo

Demasiado tiempo ya sin ti. Demasiados días vacíos desde que te fuiste. Pero la vida sigue, aunque duela lo hace. Nadie es lo suficientemente importante para que se paralice el mundo, todo sigue como si nada. El sol volvió a salir, los pájaros seguían cantando, el griterío de la gente enmudeció durante días porque dentro de mí se libraba la batalla más dura, mucho más ruido interior que exterior. Y seguía esperando poder dar un paso hacia adelante, quería ser más fuerte, más valiente, y se me humedecían los ojos con solo pensarte.  Pero lo aprendí, fui consciente de ello, al final lo entendí todo, jamás iba a superarte, jamás menguaría el dolor ni dejarían de brotar lágrimas al recordarte. Tendría que vivir con ello. Tendría que aprender a vivir así, sin un pedazo de mi alma. Sin una parte de lo que soy o de lo que algún día fui.

beyonce y su hija

Y pasaban los días. Y tuvimos que superar todas esas primeras veces con tu silla vacía. Primer verano  sin ti, primeras navidades sin ti, primeros cumpleaños sin ti. Y todo ocurrió de la misma manera que años atrás. Se cantaban villancicos, se comía turrón y soplamos las velas en tu ausencia. Y no entendía nada. No comprendía porque el mundo no cambiaba un poquito. Porque el cielo no palidecía. Porque los campos no perdían su color, porque las flores seguían creciendo.  Pero es así. Todos sufrimos esa antagonía, esa rabia contenida de saber que el ciclo sigue aunque para ti se haya paralizado, aunque te sea negada la risa, las ganas de cantar, de saltar y seguir luchando.

Y me sigo sentando en tu sillón. Utilizo tus cosas sabiendo que fueron tuyas, que las tuviste en tus manos. Algún día importaron algo para ti y hoy lo hacen conmigo. Las custodio sabiendo que no volverás, aunque lo ruegue cada noche y lo piense a todas horas.

¡Han pasado tantas cosas desde entonces! Me sorprende la rapidez con la que todo cambia. Es una ruleta que jamás deja de girar. Podemos estar sumidos en una monotonía constante y en una milésima de segundo volar por los aires. Esfumarse la seguridad y la tranquilidad que aporta una vida serena y monocorde.

Cuando cierro los ojos, y me concentro en ti, siento las yemas de tus dedos recorriendo la correa de mi reloj. No sé si era tu forma de decirme que el tiempo no se detiene, que no espera a nadie, o simplemente lo hacías para corroborar que yo estaba ahí, a tu lado, esperando poder sujetarte tan fuertemente para impedir que te fueras. Pero no lo hice. No pude retenerte, me fue imposible, escapaba a todo cuando pendía de mis manos. Todas mis energías y mis fuerzas se disiparon cuando comprendí que no dependía de mí, ni siquiera de ti. Muchas de las cosas más transcendentales simplemente ocurren porque sí. Sin explicación, ni lógica. Sin poder hacer nada al respecto. Nos cargamos con demasiada culpa, pensando que podríamos haber cambiado las cosas, que podríamos haber podido. Pero no es así.

Ahora, ¡Te preguntaría tanto! Y mira que tuve tiempo de hacerlo. Pero nunca es suficiente. Cada día surgen nuevos miedos, dudas y preguntas existenciales que me parecen imprescindibles que fueran contestadas por ti. Si hice bien tal o cual cosa. Si te sentirías feliz de verme con lo que tengo. Si te hubieras comportado del mismo modo. Si hubieras sido más fuerte que yo en aquella situación. Si hubieras encontrado las palabras que me habrían hecho sentir mejor. Aunque eso ya te digo que me parece imposible. Pero tal vez un abrazo tuyo si hubiera necesitado, o una sonrisa, o simplemente verte ahí con ella. Y saber que os tenía a las dos, sujetando mi pelo, apoyándome en mis decisiones, rezando conmigo.

nube cucurucho

Son varios años de ausencia. Me mantuve enfadada con el mundo bastante tiempo.  Tenía que hacerme notar. Dar a entender mi disconformidad con determinadas decisiones. Pero las malas caras nunca benefician a nadie. Ni los enfados, que menguan a uno mismo hasta dejarlo sin nada. Poco a poco voy cediendo y sorprendiéndome de la grandiosidad de lo pequeño.  Del “hoy” que me regala tanto.

Intento buscar siempre la sorpresa, mi admiración por todo lo que me sale al paso. Desde ver un conejo correr por el campo hasta el nacimiento de los cerezos en flor. Todo esconde su belleza. Su pequeño milagro.

A veces pienso que me gustaría volver atrás por un día, o por muchos, y darte de una todos los besos que he acumulado este tiempo, todos los que no han sido dados, que han quedado volando entre tu mundo y el mío. Y explicarte detalladamente lo que te has perdido. Escuchar tu risa. Verte cantar el “cumpleaños feliz” tocando las palmas. Incluso escucharte refunfuñando por las esquinas, con la fuerza suficiente para que se te oiga pareciendo que únicamente hablas para ti. Que me asustes diciéndome que son las doce cuando ni siquiera han llegado las diez. Que me prepares la comida a riesgo de que me queje. Y oírte decir mi nombre. Eso lo extraño mucho.

chica rulos

Ahora no son más que palabras que no te llegarán, que no escucharás ni podré leerte. No son más que unas hojas que añadir a un diario imposible.

Pero aún puedo cambiar cosas que sí dependen de mí. Puedo escoger la forma de echarte de menos o más. Puedo escoger cómo hacerte participe sin poder estar. Y pensarte sabiendo que jamás lo sabrás.

“Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad”.- Jorge Luis Borges.

¡Bah!

Digo ¡Bah!, y lo digo fuerte, lo grito para que se oiga. Para que tiempo después se siga escuchando, para que el eco perdure en el tiempo. Para que cuando me olvide, se encienda una luz que automáticamente haga saltar la alarma y comience a escucharse ese “¡bah!” por toda mi mente. Para que me haga sonreír y recordar que la vida no es tan seria como aparenta. Que cuando  nos giramos de vez en cuando nos hace burla, pero de la sana, esa que parece gritar: déjate de ser tan tonta, deja de preocuparte sin motivo y llorar sin causa. Que ya vendrán momentos serios de verdad, que esos llegan sin ser llamados. Por ahora ríete hasta de lo que no haga gracia. Aparca por un momento las conjeturas, que obviamente no son más que eso, y deja que el río fluya, que los días pasen como deberían, exprimiéndolos de verdad, sacando todo su jugo, disfrutando el instante, y después el que le precede, sin dejar de hacerlo, y luego bébetelo de un trago, porque está bueno, porque es bueno.

chicas pin up

Tengo que concienciarme y hacer algún tipo de terapia para ser capaz de diseccionar y extraer las partes de mi personalidad que me impiden relajarme, disfrutar y aceptar que las cosas vengan de la forma en que lo hacen. Soy de ese tipo de personas que se pasa la vida deseando que ocurra aquello que espero, me como las uñas y tacho una y otra vez los recuadros de días del calendario esperando que llegue la fecha X, y que cuando lo haga sea como había imaginado que sería. Y si no lo hace ya tengo melodrama, tengo historia para rato y una excusa perfecta para rellenar vacíos con preocupaciones innecesarias.

Lo peor de todo, es que soy consciente de ello y más aún, se que debo zanjar de una vez por todas esta nefasta situación permanente que no hace sino impedirme disfrutar de las cosas que afortunadamente tengo, de las personas que amo y me aman. Simple y llanamente de lo pequeño de la vida que siempre es lo más grande.

Así que delante de todos digo ¡Bah! Manifiesto mi indudable oposición a mi comportamiento y prometo el cambio, sobre todo por mí misma, las preocupaciones nunca son buenas, aunque indiscutiblemente implican interés en algo, deseo y amor por algo. Pero hay formas y formas, y la elección de cómo sobrellevar la situación, de cómo aceptar lo que ocurre y agradecerlo, sea como fuere, nos corresponde únicamente a nosotros mismos.

También digo ¡Bah!, a las personas que buscar el daño ajeno, que  no se contentan con lo que tienen, que buscan infringir dolor a través de actos, gestos, palabras envenenadas. Los que se sienten vacíos e intentan llenarlo con vidas de otros, juzgando, creyendo tener verdades absolutas, incuestionables. Aquellos que dictan sentencia a cada paso. Sin compasión. Sin el ejercicio empático indispensable para entender, comprender, ponerse en la posición de otro. No todos hemos sido educados de la misma manera, ni tenemos gracias a Dios las mismas personalidades. La pluralidad siempre es un plus. Engrandece la humanidad. Lo que uno no piense lo hace el otro, y podrá complementarlo o conseguir anteponerlo provocando así la belleza de lo diverso, de lo antagónico, de las POSIBILIDADES.

beso tren

Todos tenemos detrás una historia que contar. Unas situaciones y vivencias que provocaron y contribuyeron a las personas que somos hoy. Me gusta conocer a otros y que sean completamente distintos a lo que yo soy. Porque ese ejercicio de comprensión, de respeto es fundamental para que la sociedad avance, para que nosotros lo hagamos, porque todo empieza por uno mismo, por un pequeño e insignificante grano de arroz, por la gota que colma el vaso, y por la primera lágrima que derrama alguien que ha sido herido. No se trata de perder la esencia que llevamos inerte y desprenden los poros de nuestra piel. No se trata de conseguir que otro ceda, ni ceder tú mismo. Es la maravillosa sensación de todos formar parte de algo, y que cada cual con sus colores dispares, con sus palabras contrapuestas y sus ideas aún más contrarias podamos formar el mosaico más espectacular e increíblemente bello de la historia de la humanidad. Respeto. No hay más que eso.

Un ¡Bah! Bien sonoro por lo que nos limita. O por las veces que nosotros mismos lo hacemos. Ni siquiera el hecho de que jamás haya sido posible no significa que ahora lo sea. Tú puedes dar comienzo a algo, ser el impulso para crear lo imaginado e incluso inimaginable. Partir de cero con ideas revoloteando como mariposas por tu lienzo en blanco, y darles forma, atreverte a coger un lápiz grueso y plasma un esquema, un guión de los pasos a seguir, de tu pequeña obra de arte. Una vez el proceso se inicia, lo demás viene rodado. Porque el arte, así como el amor, las ideas y todo lo que nos hace espabilar y lanzarnos al mar, brota por sí solo. Una vez el empujón se ha llevado a cabo, todo lo demás viene corriendo detrás, bulle con el calor necesario, y eso nace con la ilusión. Con la fe en que sea posible. Con la convicción y el amor que profesamos por aquello en lo que creemos.

Me hace gracia que muchas veces otros tengan que decirnos de lo que somos capaces. Que nos vean el potencial sin ser nosotros conscientes de ello. Una de las personas más importantes de mi vida es así. Insegura, vulnerable, necesitada de reafirmarse con las personas que velan por ella. Continuamente te pide tu punto de vista. Precisa de tus “sís” para llevar a cabo algo que piensa. Y le da una vuelta, otra más, y cuando ha embrollado todo y no hay más vueltas posibles, se decide. Puede llegar a resultar exasperante, pero  es tan tierna que no puedes si no comprenderla y animarla, porque además conoces y ves, como AGUA CLARA, su brillante aptitud,  su capacidad para conseguir más allá de lo que sueña. Para alcanzar ni lo que en mil vidas pudiera fantasear.

chica telefono

Anímate. Déjalo todo y monta la pastelería de tus sueños. Que te importe un pimiento lo que otros piensen. Déjate de frivolidades e hipocresía. Que no importa los años que dedicaste a estudiar algo que no te satisface. Que se marche al carajo lo que se espera de ti. Y fórmate en base a lo que te haga feliz, a lo que TÚ esperas de ti mismo. Vale ya de dudas y de miedo. Sobre todo por habladurías, por miedo a fallarle a tal persona, porque la vida se te pasa, cada micro segundo cuenta, y no hay nada peor que cometer el GRAN error de vivir siendo OTRO. De no atreverse a soñar a la grande. Ya sea el sueño ser pescatera, astronauta, bailarina, equilibrista o voluntaria en África.

Y si alguien, alguna vez, se atreve a increparte con palabras lapidarias. Que se te llene la boca, pronuncia bien cada letra para que así lo entienda. Sonríele y atúrdele con un sonoro y desconcertante ¡Bah!

sigue el sueño