Reblandeciendo un corazón

Hoy, es un día de esos, en los que me siento frente al ordenador y las palabras se me amontonan en la mente. Quiero que mis dedos tecleen deprisa, que no se pierdan nada de todo lo que quiero escribir. Pero son más lentos. No pueden ir en consonancia con la rapidez con la que pretendo machacarlos. Y ya se sabe… Despacito y buena letra.

escribir cuaderno

Hace unos días fui al cine. Y no, no es una heroicidad ni un hecho destacable por sí mismo. Sin embargo, se me hace imposible no nombrarlo, dejarlo apartado a un lado como sí no hubiera importado. Porque lo hizo. Algo en mí cambió esa noche. Y no exagero. Lo escribo con el corazón en la mano (casi literal).

Me decanté Nos decantamos por “Antes de ti”. Y menos mal que así fue. Es una de esas películas que atraviesan en mil agujeritos el alma, como si rayos de sol estuvieran perforando en ella. Te dejan tocado. Machacado. Extasiado. ¡Y bendito sea!

Es una de esas películas que te dejan sin palabras. Suspiras con los créditos finales y, cuando terminan, necesitas de un buen estruendo y tiempo (bastante tiempo) para volver a la REALIDAD. Se hacen imprescindibles unos segundos para concienciarse de lo que allí acaba de ocurrir.

Es una lucha por parte de la protagonista entre su deseo y la aceptación del deseo contrapuesto de otro. Una batalla tremenda con la que lidiar sin perder la sonrisa, la humanidad, la belleza de la honestidad y la grandeza del amor. Una auténtica lección de vida.

Las personas necesitamos creer en el lado bueno de las cosas. Necesitamos imponer esa exigencia a aquellos que le son negados. ¡Y nos cuesta horrores aceptar la posición de otros cuando distan tanto de la nuestra! Cuando nos resulta imposible de ver, de creer, de entender. Nos aferramos a la idea de conseguir que vean la verdad a través de nuestros ojos. Que entiendan cómo nos sentimos o cómo amamos. Y no se puede debe intentar cambiar a las personas, lo único que se debe hacer es AMARLAS. Por lo que son. Con sus virtudes y defectos. Con sus decisiones, incluso aunque no las entendamos o compartamos. Con su coraje y el apego a aquello que desean. Somos seres únicos, independientes, con nuestros pensamientos diversos y nuestras circunstancias extrapoladas. No podemos juzgar a otros sin calzar sus zapatos, sin andar su camino, con sus obstáculos diferentes, con sus VERDADES, que también lo son.

pareja militar

Es complicado aceptar que alguien a quien amas decida marcharse. Sólo encuentras razones para que no lo haga, intentas por todos los medios hacerle ver las infinitas oportunidades que tiene, que cabeceé, que vuelva la vista atrás y consiga ver la luz y el brillo en las pequeñas cosas. Que se sorprenda con nuevas experiencias, emociones y sentimientos que creyera olvidados. Pero no hay nada peor que sentir que se carecen de POSIBILIDADES. Porque ya lo dice Will en su carta final “Saber que las tienes es un lujo”. Poder contemplar el horizonte sabiendo que no tiene fin, que se ampliará a cada paso, que crecerá con cada sueño, con cada ilusión, con cada esperanza. Tener la certeza que levantarás mañana pudiendo cumplir con lo deseado. Que vivirás, de una forma u otra, pero tu existencia quedará marcada por tus pasos, por tus decisiones y por la huella que decidas crear, pero al fin y al cabo es eso, VIVIR, respirar, oler, sentir, ESTAR.

Y a pesar, de que creas, con toda la fuerza de la que eres capaz, con una firmeza absoluta, sin titubeo, sin temblor al escribir, sin dilación, que puedes cambiar la visión del otro, su parecer respecto a su particular visión del mundo, no te equivoques. Lo mejor que puedes hacer es admitir sus verdades, su realidad. Ser capaz de sonreír ante la adversidad. Ante el temblor de piernas que pueda producirte determinada situación. La forma en la que decides vivir a su lado, quede lo que quede, la forma en la que decides admitir el hecho que te concome, será el que lo determinará todo.

Me gusta la sonrisa de LU, cada día, por todo, a pesar de todo. Me gusta su dulzura, su inocencia, su bondad. Me gusta esa necesidad de dar AMOR. De entregar sin esperar recibir. Me gusta que sin ella darse cuenta, con esa paciencia infinita, con esa magia que irradia, cambie la existencia de alguien que ya no espera nada. La espontaneidad, la empatía, la alegría que trasmite, son decisivas para reblandecer un corazón demasiado machado por una vida carente de ilusión.

Puede que con las muchas enseñanzas que trae consigo la película, me quede con esa. La autenticidad, la fe en las personas y las cualidades impalpables que uno sin saberlo va derrochando allá donde va.

Serena playa

El grano de arroz, la gota del mar, la sonrisa de complicidad, el gesto de apoyo, el silencio, la amabilidad… SÍ pueden cambiar el mundo, o mejor aún, cambiar el mundo de alguien.

¿Y qué? ¿De verdad?

Soy una persona excesivamente empática. Y aunque en principio pueda parecer una virtud, que no niego que lo sea, hay determinadas ocasiones en las que puede resultar un verdadero quebradero de cabeza y afectar de manera muy personal a cualquier resquicio de mi vida.

hermanas distancia

Enseguida siento el dolor de otro y lo vivo con una intensidad aplastante. Pienso en ello durante tiempo después y de alguna forma mis pensamientos viajan junto a esa persona a lo largo de mis días. Incluso me pasa con personas no tan cercanas a mí.

Estoy aprendiendo a relativizar las cosas. A no dejar que todas las noticias penetren en mí de la misma forma. Porque no se puede vivir así. Desgraciadamente en el mundo hay noticias terribles cada día. Y precisamente porque somos personas nos afectan, es inevitable. Sufrimos con las pérdidas, con las enfermedades, con las malas noticias que truncan los sueños de uno, con las despedidas, incluso con nimiedades que en el momento nos parecen montañas imposibles de escalar.

Cuando un latigazo golpea tu espalda con fuerza, valoras lo que antes no veías e incluso obviabas. Y descubres lo verdaderamente importarte, lo que siempre ha estado ahí. Lo que permanecía oculto entre tanto problema innecesario, entre tanta banalidad. La simplicidad de las pequeñas cosas.

Y te preguntas, ¿De verdad mi mayor preocupación residía en eso? ¿De verdad me enrabietaba por no saber que ponerme? ¿Por haber tropezado? ¿Por la lluvia que nos sorprendió un día de playa? ¿Porque el niño dibujara un arco iris sobre la silla blanca? ¿El perro destrozó el jardín? ¿Y qué? ¿De verdad?

El otro día leí que alguna de las palabras que más nos cuesta pronunciar a los adultos son: Perdón, ayúdame y gracias. ¿De verdad?

Piénsalo. ¿Dónde vamos a llegar? ¿Cuál es el límite? ¿Vamos a permitir que nuestra negativa a esas palabras nos defina? ¿Dónde reside lo humano? ¿Qué clases de personas queremos ser? ¿Algún día nos daremos cuenta? ¿Abriremos los ojos por fin y respiraremos aliviados? Espero que no sea demasiado tarde.

niño perro

Hoy, entre este matojo de palabras, siento la necesidad de dar las GRACIAS, así en mayúsculas. Por la infinidad de cosas buenas que disfruto. Porque siempre tenemos más de lo que creemos y menos de lo que lloramos.

Gracias a vosotros, por leerme, por estar al otro lado de la pantalla, ya sea de la tablet, el móvil, el ordenador o cualquier mecanismo electrónico del que disponemos. Sí, tú, el que va en pijama o bikini, el que me está leyendo desde la playa, la oficina o disfrutando del auténtico placer de vivir.

Gracias por cada comentario, por las veces que habéis sentido conmigo, ya sea congojo o felicidad, pero SENTIDO, ¡Qué pocas cosas hay más bonitas que esa! Por cada palabra, de ánimo, de fuerza, de felicidad. De crítica, también.

Agradezco cada persona que ha definido mi vida de alguna forma. Los que ya no están, los que llegaron y se quedaron y los que vendrán. Todos fueron y son imprescindibles, inolvidables e insustituibles. Cada uno, a su forma, dejó algo, una huella imposible de borrar. Un trocito de alma que me pertenece. Que cuenta una historia de dos vidas. Que cuenta con un pasado que voló y un presente que todavía es nuestro.

amigos gossip

Agradezco poder reír, llorar y cantar. Poder andar y correr. Poder sentir FELICIDAD. El susurro de las hojas mecidas por el viento. La frescura al enterrar los pies en la arena mojada del mar. El canto de los gorriones. Un paseo tranquilo, sin prisa, levantando el acelerador, y nuestra canción preferida. Escuchar la risa de alguien a quien amas, y reír con él/ella. Contar los dedos de los pies. Comerte a besos.

Agradezco, simplemente, poder ESTAR. Seguir luchando por entender un misterio de vida que quizá jamás se resuelva. Conservar la inocencia. Querer trepar más alto. Arriesgarse y querer un poco más. Conservar fotos viejas, recuerdos tontos que para nosotros son TANTO. No olvidar su perfume. Leer y releer historias. Escribir lo primero que venga a la mente, y tacharlo, o no, cumplirlo sí. Viajar y dejarse conocer. Escuchar a otros. Aprender de otros. Creer en otros.

Agradezco los madrugones por obligación, las noches hasta las tantas. Las copas entre amigos. Agradezco los “buenos días” seguidos de beso. Agradezco las sorpresas inesperadas, las visitas improvisadas y el ladrido del perro. Agradezco poder agradecer. Poder abstraerme del falso envoltorio y valorar, desde la semilla que crece con fuerza hasta los rayos del sol.

El buen tiempo se instala con fuerza, las colchonetas, las raquetas y las pelotas se instalan en los rincones de las casas. Sonreímos más y nos preocupamos menos.

Toca descansar, aprender a agradecer el silencio, encontrarse con uno mismo.

cate blanchett

Y repetir mucho: Perdón. Ayúdame. GRACIAS.

La historia que no pudo ser

Amaba su locura, mucho más que cualquier otra cosa. Y la retaba constantemente, porque la conocía, sabía de su superación y sus ganas. Y jamás se dejaba amedrentar. Era fuerte y lista. Era astuta y decidida. Y no conocía miedo. Se anticipaba a las palabras, a los besos, a los te quieros.

serena y dam

Amaba la sutil forma de acariciarse el pelo. Y lo resolutiva que era. Tan práctica como para no cabecear. Cada principio tiene un final. Cada herida un lamento. Y cada despedida el deseo de volver a encontrarse. Y ella lo sabía. Tenía conciencia del tiempo, y lo exprimía hasta no dejar ni gota. Era un hoy constante. Queriendo acaparar cada segundo, no dejando nada por hacer, por soñar, por creer. Pero la noche llega. Y con ella un adiós a lo vivido. Pero habrán nuevos amaneceres, nuevos retos y nuevas batallas. Volverán a besarle las mejillas. A sonrojarla con palabras bonitas. A sorprenderla con canciones de amor. Y sonreirá como nunca.

Amaba sus disparatadas ideas. Cómo salpicaba el agua con las manos. Cómo correteaba por el campo creyendo en lo imposible. Alzándose por encima de las flores, acariciándolas a su paso. Y agradeciendo el maravilloso regalo de vida. Porque no le costaba decir gracias. Parecía incluso entonar la palabra. Y él reía de su melodía. De su cariñoso acento. De su deje que la delataba allá donde estuviese.

La amaba desde que la conoció. En silencio. A la espera del día que nunca llega. Analizando y estudiando la forma de hacérselo saber. Y cuando parecía encontrarla, el miedo conseguía paralizarle, las palabras no fluían, se ahogaba en sus silencios. Se quedaba seco, angustiado de dolor. Y parecía retroceder mundos. Alejarse a zancadas de lo que quizá más podía desear.

Pero hay palabras que necesitan ser dichas, porque sino marchitan a uno. Porque los momentos también pasan, al igual que las oportunidades. Y al final uno se queda con el regusto amargo de lo que no se atrevió a decir. Y con los años, el poso de ese recuerdo se hace más denso, y pesa más. Porque hay veces que uno debe darse de bruces y luego ya se verá. Los capítulos deben terminan, de una manera u otra, al igual que las historias. Resulta más gratificante que quedarse en puntos suspensivos, en interrogantes que jamás obtendrán respuesta.

pareja feliz mar

Luego vienen las lamentaciones. Las excusas con las que cargamos por miedo, al fracaso, al dolor, a la pérdida. Y es mejor asumirlo como venga. Enfrentarse a ello. Porque en cada derrota también hay victoria. Algo crece en nosotros. La verdad se acepta y se sigue adelante.

Otro ha debido dar el paso, porque se escucha su risa a lo lejos. Sus ojos centellean en la noche, y sus labios dibujan la verdad que ocultan sus palabras. Se ha multiplicado, como la espuma del mar cuando rompe en el acantilado. Tiene más luz si cabe. ¡Si no necesita la luna! Ella resplandece en la absoluta oscuridad.

Pero él jamás lo sabrá. A ella le atormenta una pena, de una historia que no pudo ser. Una amistad fugaz que dejó un recuerdo imborrable. Acaricia con los dedos las fotografías de un verano que quedó latente en un corazón desgarrado. Revive aquella mirada profunda. Aquellos roces inocentes, el calor de su abrazo, la ternura en sus palabras de aliento. ¡Y cómo la miraba! Porque hay miradas que se graban a fuego en el alma. Y ella se pregunta si él pensará en ella. Si alguna vez esperó un beso robado de unos labios castos que gritaban por él, que suspiraban por él.

El tiempo pasa y otro la abraza por la espalda. Le ama. También lo hace. De otra forma quizá. Tal vez más madura, más cuerda, más real. Y sabe que tendrá todo cuanto desee. Que satisfará sus necesidades con creces. Que le dará lo que otros no pudieron. Y será feliz. A pesar de que un día de final de Agosto esperó y esperó. Y posiblemente algo en ella siga esperando.

pareja sorpresa

Me quedo

-Prométeme que serás feliz.

-¿Tanto como soy ahora mismo?

-Más, mucho más.

Hay veces que sentimos tanta plenitud que podríamos explotar. Que creemos haber llegado al límite. Y queremos paralizar ese momento. Atesorarlo para no dejarlo ir. Seríamos capaces de meterlo en una botella a presión y capturarlo para siempre.

paul newman y joanne

Pero sólo nos queda cerrar los ojos. Y disfrutar el instante. Respirar el aroma a sal, la piel tostada por el sol. El ruido de las olas que rompen en el acantilado. La brisa atusándote el pelo.

Y nada más. Vida, mucha vida. Muchas ganas de muchas cosas. De compartir. De saber, entender, aceptar.

Porque si lo piensas bien los recuerdos más memorables llegaron sin buscarlos, para sorprendernos, para dibujarnos la sonrisa imposible de borrar. En el segundo exacto que decidió cambiarlo todo. Hacerse un hueco en la lista de imposibles, de inolvidables.

Si tuviera que seleccionar los actos, las locuras, las caricias, las sonrisas que me pellizcaron el corazón serían aquellas que surgieron en los momentos más simples, sencillos. Los que no necesitaron tiempo de preparación. Llegaron y se quedaron. No me dieron ni tiempo a saber que más tarde los recordaría con tanto amor, porque si pudiera volver atrás. ¡Ay si pudiera volver atrás! Los mecería a dos manos. Cambiaría algunas palabras por otras. Y dejaría volar mucho más la impulsividad y menos la cordura. Porque hay veces que uno debe lanzarse sin arnés, sin red, aunque pueda acarrear una buena tunda.

Porque, ¿qué sería de la vida sin el éxtasis? Sin la emoción, sin el aleteo de nariz, sin las cosquillas en los pies, sin la bocanada de aire después del trabajo bien hecho. NADA. ABSOLUTAMENTE NADA.

Por eso decido hacer una pequeña selección. Un repaso veloz a mi vida. Y ya confieso que no soy de ese tipo de personas que necesitan cuadricularlo todo. Hacer listas interminables de cosas por hacer antes de, destinos a los que ir y personas que conservar pase lo que pase.

marilyn tumbada

Me quedo con un apretón de manos de alguien que se marchó de mi vida una noche de Marzo y me dejó tal vacío que a día de hoy me sigue resultando imposible llenar con nada. Cada vez soy más consciente de que vivimos con heridas de guerra y que algunas jamás sanarán. Me quedo con las palabras que no dije, las que se quedaron enredadas en mis labios mientras suplicaba que te quedaras. Pero sonaba a silencio. Mi ruego no se llegó a materializar en ninguna forma entendible para alguien que deseara apreciar algún tipo de sonido. Quedó parco y solo. Como un eco de mi mente que sigue rebrotando cuando menos lo espero.

Me quedo con la mirada que me dedicaste cuando te conocí. Con los paseos a orillas del mar, descalzos, dejándonos sorprender por las olas, por las luces que perfilan la ciudad a lo lejos. Por el murmullo de gente ajeno a lo que sólo tú y yo sentíamos. Vivíamos. Nos escondíamos.

Me quedo con aquella sorpresa, con mi cara de tonta que no entendía nada, ni quería entender. Con el pañuelo de mis ojos, que cayó al suelo precipitadamente, para enloquecer mi alma. Para superar con creces cualquier idea preconcebida. Me quedo con el brillo de tus ojos, con tu mirada chisposa, con la emoción que delataban tus manos. Con el vuelo de mi falda. Con las velas que delicadamente colocaste para mí. Y con aquellas rosas. Porque no es un secreto que me encantan. Que muero por la delicadeza de sus pétalos y el aroma que desprenden. Que amo su belleza y la dureza de su tallo. Y que nunca es tarde si la flor es buena.

Me quedo con el nerviosismo y la ansiedad que me produjo la demora, y la recompensa. La que a día de hoy sigo teniendo por saber todo lo que me espera. La esperanza de que llegue a buen término y me colme de alegría.

picnic

Y poco tengo más que decir. Que la felicidad se bebe a sorbitos pequeños. Porque sabe mejor, porque se disfruta más y se valora de otra forma. Que jamás podremos sujetarla con las manos, pero podremos deleitarnos estando presentes. Sabiendo reconocerla y estrujarla. Mordisquearla por todos lados. Entendiendo que cuando llega, llega. Y que cuando aparece, lo hace a lo grande.

Tú y sólo tú

Querida tú:

Hace tiempo que no te encuentras. Estás de capa caída, persiguiendo sueños imposibles. Detrás del listillo de turno, que sabe bien cómo jugar sus cartas, y tú te lanzas sin red.

brigitte bardot

Es de valientes eso que haces, te digo que lo admiro, siempre intentando engrandecer minucias, creyendo y teniendo fe en el otro, manteniendo la chispa del farolillo cuando hace tiempo que dejó de emitir luz.

Ya no resplandeces. Te limitas a recoger los rescoldos que crees merecer, lo aceptas y sigues a la greña, deseando que algún día todo cambie. Pero no lo hará. Hay determinadas cosas/historias/batallas que están destinadas a no ser.  Y tú no puedes hacer nada al respecto. No todo depende de uno mismo.

Vives anclada en promesas que algún día se hicieron, intentas reconstruir el viejo jarrón roto con paciencia, aunque te dejes la vida en ello. Y no te das cuenta que todo pasa. Que quizá sea el momento de desengrasar las alas y echar a volar. Que puede ser mejor que esto. Que definitivamente lo será.

Y ya no sirven más palabras, no deberían servir. Es hora de poner pies en polvorosa, pero porque de verdad lo sientas, porque creas que es el momento. Lo encontrarás tú y sólo tú. Quizá un día te levantes y digas basta. Quizá la fuerza que crees no tener venga como un huracán para arrasar con todo. Y te haga ser más fuerte, más valiente, más tú.

Son varios años ya, anclada en el mismo punto de partida. Con los mismos sueños por cumplir pero más decepciones, y más lamentos, y mucha más tristeza. Porque la impotencia pone triste a uno. Lo deja sin ganas, sin motivación. Con falta de agallas. Lo apaga, lo mengua, lo deja sin vida.

Y tú que fuiste tan arco iris. Tan estrepitosamente chisposa. Tan feliz y radiante. Que dejabas polvo de luz a tu paso y lo convertías todo en risa, en baile, en magia. Y ya no encuentras tu varita. Tu corona de princesa quedó olvidada, llena de polvo y sin brillo. Ni el de tus ojos. Que parecen decaídos. A la espera de algo en lo que casi ya no crees.

chica coche trenza

Y los demás avanzan. Construyen sus vidas con sus decisiones, con su coraje. Y no es que a ti te falte, es que lo has olvidado. Y no es que los demás no hayan tenido que sufrir, que también, y luchar, llorar y renacer. Porque todos en cualquier momento hemos tenido que levantarnos de la caída, desempolvar la ropa, curar las heridas y esperar que sanen. Ni tú has sido más ni los demás menos. Todos somos parte del mismo saco, estamos en lo bueno y en lo malo. Y el dolor también es parte de esto. También lo es que las cosas no salgan como uno espera. Pero no por ello hay que venirse abajo. Hay que superarse. Pararse y decidirse a tomar decisiones. A romper con todo. A crear. A equivocarse. A sorprenderse.

Porque te lo digo yo. Puede que la vida no te traiga lo que siempre has esperado, pero no por ello lo que venga será malo. Estate alerta, puede que simplemente sea un envoltorio distinto, un papel al que pensaste no optar, y ahora te ves con la soga al cuello, interpretando la sombra de lo que esperabas ser. Pero nunca es tarde. Quizá sea hora de arriesgar. De dejar de soportar guantazos sin resistirse.

Es cuestión de actitud. De hacer frente a  la vida, a los problemas, a las decisiones que marcaron un antes y un después. Las que te llevaron al lugar en el que estás.

Todos creemos en ti. Ahora sólo faltas tú. ¿Te animas?

chica rayas

“La peor falta de ortografía que existe, es que nunca ponemos punto y final a aquello que nos hace daño…”

¿Qué quieres tú?

Soy tan romántica como para creerme los cuentos de princesas. Tanto como para suspirar en las películas ñoñas, lágrima disimulada y pañuelo en mano, algún que otro suspiro y azúcar en cantidades desorbitadas.

chicas gilmore

Me acuerdo de pequeña, bajaba con mi hermana al videoclub, paseábamos entre las hileras de estanterías repletas de películas, y al final siempre nos decidíamos por las mismas, las que nos harían llorar, soñar con la representación más quejumbrosa y sensiblera del amor. Esperando algún día poder ser las protagonistas de historias profundas, sinceras, que merecieran ser contadas. Poder escribir en cuadernos el significado del amor,  después de haber reído mucho, amado mucho y soñado más. Esculpir en cada escena al príncipe que nos llenaría de rosas, que nos haría sentir como nadie tal vez.

Y teníamos fe en que así sería. Que la realidad puede superar cualquier ficción. Que mientras existan personas que imaginen cosas bellas, que plasmen en libros, filmes, poesía o cualquier derivado de arte, sentimientos que ericen el bello de la nuca, todo será posible. Porque lo que uno imagina es. Porque la ficción nace de una mente que constantemente quiere más, que no se conforma, que arriesga, batalla y gana.

Yo he sido de esas que necesitaba tener a mano una libreta donde anotar frases que me llegaran al alma, provinieran de donde lo hiciesen. Solamente necesitaba haber sentido el escalofrío necesario para correr en busca de algún bolígrafo, mientras repetía una y otra vez la misma frase esperando no perder ninguna palabra en el camino.  He transcrito trozos de canciones que han terminado esparcidos entre páginas pérdidas de mi escritorio. He subrayado frases de libros que como dardos me machacaron el corazón, esperando poder ser releídos cuando los creyera olvidados. Y adopté como mías frases que escuché y describían a la perfección una realidad que vivía.

Y ahora, observando cómo todo se viene abajo. Como nadie espera encontrar al amor de su vida sentado en una cafetería con capuchino caliente y una lluvia a mansalva en la calle, quiero creer más en ello si cabe. Quiero ondear mi bandera de romántica empedernida sin miedo al qué dirán. A las modas que pasan y a las decepciones que curten a uno y lo alejan cada vez más de aquello que algún día creyó.

pareja militar

Me entristece que la realidad quiera vapulear y arrasar con los sueños, que pretenda borrarnos la sonrisa de la cara y la mirada chisposa, de felicidad, de pureza, de fe en todos los sentimientos que nacen de las entrañas, que no se pueden evitar, y que cuando uno lo intenta casi siempre terminan jugando malas pasadas.

¿Dónde quedaron las cartas de amor? ¿Las postales de viajes esperando que lleguen al destino antes que tú? Revisar ansiosa el buzón, con manos temblorosas esperando encontrar tal remite. Y sonrisa de oreja a oreja. Vueltas sobre ti misma con sobre en mano. Y dejarse caer en la cama, como si flotaras, porque alguna parte de ti lo hace. Se conectan dos almas entre un par de líneas. Alguna palabra deja entrever cosas que se pretender obviar. Pero inciden y lo notas, como ha pellizcado tu alma, como ha conseguido destronar con poco a la princesa encantada, porque no ha hecho falta más que magia escrita con tinta y pluma, con posdata incluida y detalle en el reverso.

Y creo que dos personas que anteponen el bienestar del otro al de uno mismo tienen derecho a todo. Creo que a veces no hace falta más que esa conexión imperceptible que dos cuerpos sienten sin saber porqué. Ese famoso revolotear de mariposas en el estómago que no hace sino incrementar las ganas de volar más alto.

Creo en los amores para siempre. Los que con el pasar de los años se cogen más fuerte. Creo que nadie se merece vivir a la sombra de lo que cree merecer. Que siempre se puede más. Que el amor no va de resignación sino de libertad. De poder escoger entre millones de opciones y decidir quedarse.

el diario de noah musica

Creo en las relaciones de toda una vida, en poder mirarse a los ojos y adorarse como la primera vez. Creo que si algo termina y no fue falta de amor, no perecerá jamás. Porque hay historias que deberían continuar de por vida. Y creo que algunas lo hacen en la distancia. Son capaces de marcar las pautas y lo silencios, las esperas, las llamadas que no llegan y los reencuentros que algún día serán.

Creo que hay determinados sentimientos que jamás se deberían negar.

“Deja de pensar en lo que quiere todo el mundo. Deja de pensar en lo que quiero yo. En lo que quiere él o en lo que quieren tus padres. ¿Qué quieres tú?”

Mimarse mucho

Vivimos atropelladamente. Yo, desde luego, vivo a galope entre las obligaciones, el trabajo, las cosas que quiero hacer porque sí, y las que me gustaría. El tiempo está acotado, y mira que de vez en cuando lo estiramos como una goma hasta llegar al límite, lo ponemos a prueba, lo llenamos hasta los topes, y muchas veces de cosas inservibles, incluso de algunas que nos menguan, que desearíamos mandar de una patada a la luna y olvidar por completo, pero insistimos, no tenemos otra, nos angustiamos, pataleamos y seguimos, como si no tuviéramos opción, como si fuera obligatorio tener un peso pesado con el que sacar los dientes, las uñas o lo que haga falta. Una razón para la queja, para el lamento, para lloriquear por las esquinas suplicando el día en el que todo cambie.

chica pidiendo taxi

Vivimos sin tiempo, mirando a todas horas el reloj, siendo esclavos del segundero. Andamos con prisa, incluso cuando no la tenemos. Corremos para coger el tren, corremos para llegar en hora, corremos para marcharnos, para llegar, corremos incluso por gusto, para liberarnos, para huir, para sentirnos libres de algo, liberar endorfinas, liberar tensiones, liberar ese mal de amores y todo lo que signifique dejar ir, depurarse, sentirse vacío para volver a llenar.

A veces siento que me supera, que no soy esa “súper woman” que debería ser. Que también me canso y necesito parar. Que no puedo estar a todas horas con la mecha puesta, preparada para el ataque, con la mochila a la espalda para llegar a todo, haciendo números y cuentas que no cuadran, queriendo llegar a la clase de pilates cuando tengo un montón de trabajo por hacer, montones de hojas apiladas en el escritorio, lavadoras esperando y  farfullando mi nombre. Y yo queriendo estar aquí y allí. Queriendo multiplicarme por dos, tres o cinco.

Pero ya vale. Hay que decir basta. Poner un paréntesis a nuestra vida de vez en cuando. Un oasis en pleno desierto. Un hasta aquí. Que sí, que está muy bien eso de vivir a todo tren, sin horas del calendario, con la agenda apretada y llena, buscando la media hora libre entre tal y cual.  Con tachones por medio y cuadrículas en power points.

Que está bien eso de ser exigente, de querer hacer ver que somos de hierro, que podemos con lo que nos echen. Y lo creo, de verás que lo creo. Pienso que uno siempre puede más. Que siempre estaremos por encima de los límites que creamos tener, de los que nos digan y los que alcancemos. Pero haz un pause si no quieres morir en el intento. Resérvate un pequeño espacio para ti. Aléjate del mundanal ruido, del estrés que conlleva la puesta a punto. Porque merecemos estar mimados. Cerrar los ojos y viajar lejos. Porque la realidad está sobrevalorada. Y yo la contemplo mejor a centímetros del suelo.

chica telefono y bañera

Que no se trata de viajes ni de una casa en mitad de la nada. Son momentos de auténtico bienestar. Tener la capacidad de guardar unos minutos para no pensar en nada. Relajar los músculos. Mimarse, mimarse mucho. Una música lenta en el salón. Un libro para evadirse, para vivir la vida de otros, bien lejos de aquí. Sin problemas, sin esperas. Un baño caliente, velas aromáticas y silencio.

El otro día me comentaba una amiga lo frustrada que se sentía. Había comenzado las clases de yoga y se veía incapaz de involucrarse en toda su plenitud sin volar a cualquier otro lugar del mundo. Cuando todo parecía estar en silencio, su mente se disparaba, repasaba una y otra vez la lista de la compra, las cosas que debía hacer luego e incluso al día siguiente. No conseguía huir del envoltorio de su vida. Ni incluso en momentos como aquél.

Y la entiendo a la perfección. Estamos haciendo algo y al mismo tiempo pensando en lo que haremos después. Sin poder separar momentos. Haría falta un buen parapeto en la vida. Bien alto, que impida observar luegos.

Me desencanta esta situación, porque la vivo a diario. Somos un cúmulo de listados, de cosas pendientes por hacer. Somos incapaces de abstraernos por completo y olvidar, aunque dure escasos minutos. Aunque al finalizar la canción, la música pare y debamos continuar hilvanando nuestro maremoto de sensaciones, responsabilidades o quehaceres varios.

Tengo que concienciarme. Obligarme de alguna forma a cumplir con mi propósito. Una obligación más que añadir a la lista. Pero al menos sana, mucho más que otras. Sana para el cuerpo, la mente, para mí.

Además de todo ese repertorio de excusas que nos ponemos e imponemos cada día, debemos sensibilizarnos en la exigencia de mimarnos tanto como se pueda. Que al final todo es simple decorado, nada lo suficientemente importante, ya habrá tiempo para ocuparse de ello. Pero esto no. Es ahora. En este momento. Son los minutos antes de dormir. El rato después de comer con una buena infusión caliente o el refresco al salir del trabajo. Es darse cuenta que después de todo, nada es tan imprescindible como uno mismo.

mujer espejo

“Tres palabras pueden cambiar para siempre: empiezo por mi”.